lunes, 10 de noviembre de 2025

2. UNA FAMILIA QUE SE UNE: 4 ESO

 



Superando diferencias

Los obispos católicos de Tierra Santa han establecido que los sacerdotes católicos en esta circunscripción (que cubre Palestina, Israel, Jordania y Chipre) puedan administrar la Confesión, la Comunión y la Unción de los enfermos a cualquier fiel de Iglesias orientales no católicas (denominaciones que creen en la realidad de los sacramentos) si lo solicitan espontáneamente por iniciativa propia y están adecuadamente preparados Así se recoge en las "Directrices pastorales ecuménicas" que acaba de publicar (en árabe) la asamblea de obispos católicos ordinarios de Tierra Santa y ha difundido la agencia misionera Fides.

Además, un bautizado que pertenezca a una iglesia ortodoxa u oriental puede actuar como padrino a madrina en el Bautismo de un católico. Del mismo modo, un cristiano perteneciente a una Iglesia ortodoxa u oriental puede ser testigo en un matrimonio según el rito católico. Estas directrices no se aplican a los protestantes y anglicanos, porque no tienen la misma creencia en el sentido y realidad de los sacramentos.

Web de Religión en libertad

PUNTO DE PARTIDA

  • ¿Has entendido el contenido de este texto? ¿Qué palabras o frases desconoces?
  • ¿Conoces a alguien de otra religión cristiana? Si es que si, ¿podrías nombrar alguna diferencia con el catolicismo?
  • ¿Sabes de algún otro lugar donde convivan cristianos católicos, ortodoxos y protestantes?


INTERPRETA DESDE LA BIBLIA


Icono bizantino con la representación de Cristo
y los Apóstoles, de Theodoros Poulakis, 1666, 
Museo Bizantino de Atenas.
¿Quién escribe este texto?
La Tradición ha identificado al apóstol san Juan como el autor de este Evangelio.

¿A quién va destinado?
A todas las comunidades cristianas ¿Cuándo se compuso este texto? Entre el año 90 y 100 después de Cristo.

Otros datos
El cuarto evangelista ha sido llamado Juan el Teólogo, un titulo que pone de relieve la profundidad teológica de su obra, diferenciándose claramente de los otros Este Evangelio es también conocido como Evangelio espiritual, ya que su objetivo principal es conducir al lector a la vida eterna a través del conocimiento del único Dios verdadero.
La Tradición ha identificado al autor con el discípulo al que Jesús amaba, aquel que estuvo a los pies de la cruz junto a la Virgen María.

¿Qué nos dice este texto?
Para interpretar un texto nos ayudamos de la reflexión de los teólogos de toda la familia cristiana. Esta cita fue titulada La oración sacerdotal por el cristiano protestante David Chyträus porque Jesús se dirige al Padre a través de una oración de intercesión con tres peticiones, y esta acción se corresponde con la de un sacerdote.
Jesús pide por sí mismo (vv. 4-8) sus palabras son un ejemplo de unión y confianza en el Padre Jesús pide por los discípulos (vv. 9-19) que lo han conocido directamente, que han sido capaces de acoger en su corazón la verdad de la Palabra de Dios. Deben mantenerse unidos para cumplir con la misión que van a recibir: proclamar al mundo la Buena Noticia Esta unidad es reflejo de la que hay en el Padre y el Hijo..
Jesús pide por los futuros discípulos (vv: 20-26) para que continúen con la misión de liberar y salvar a todas las personas que quieran seguirlo. También para ellos es necesario que exista la unidad. Actualmente el cristianismo se divide en varias Iglesias, pero esta división no es excusa para que dejemos de trabajar por la comunión de todos los seguidores de Cristo. Este es el deseo que expresa Jesús en el versículo 21, "que todos sean uno". Esta es la tarea que todas las Iglesias cristianas tienen que realizar y la meta a la que deben llegar todos los seguidores de Jesús: formar una única familia donde no haya divisiones, sino que sea ejemplo de unidad y amor para toda la sociedad. Así seremos testimonios de que el amor de Dios habita en nosotros.



Somos familia

Emperador Constantino entregando Occidente
a la iglesia del papa san Silvestre, fresco del siglo xiii
de la iglesia de los Cuatro Santos Coronados, Roma.
El cristianismo en el mundo

Seguir a Jesús y vivir su Palabra ha dado sentido a la existencia de muchas personas. Al principio esta religión no se aceptó y se consideró una secta de la confesión judía. Hoy día el cristianismo es la creencia mayoritaria. Cuenta, según estadísticas de 2018 con un 33% de la población mundial, de la que un 49% son católicos, 22% protestantes, un 129% ortodoxos, y el 17% restante pertenece a grupos minoritarios o no vinculados con ninguna Iglesia Durante siglos la relación entre estas tres grandes ramas ha sido complicada, provocando algunos conflictos y sucesos de relevancia histórica, como los momentos de la ruptura.

Dos Iglesias: oriente y occidente

La separación del Imperio romano en oriente y accidente tuvo también su reflejo en la religión cristiana Roma y Constantinopla se convirtieron en el centro de dos núcleos religiosos que se fueron distanciando en la forma de interpretar, vivir y celebrar su fe. El cisma definitivo llegó en 1054 cuando se produjo un conflicto entre el representante de Constantinopla (patriarca) y el papa, cabeza de la Iglesia universal.
El patriarca Migueel Cerulario de Constantinopla se negó a reconocer la autoridad del papa san León IX en Roma. A partir de ese momento la Iglesia se dividió en la Iglesia ortodoxa, con sede en Constantinopla, y la Iglesia católica con sede en Roma.

Diferencias entre ortodoxos y católicos

Si conoces a algún cristiano ortodoxo comprobarás que no existen diferencias insalvables en la forma de vivir y celebrar la fe. Veamos algunas de ellas:

  • Se realiza la señal de la cruz de derecha a izquierda, al contrario que los católicos que lo hacen de izquierda a derecha.
  • Se comulga con pan con levadura, en la católica con pan ázimo (sin levadura).
  • Se divide en patriarcados con un patriarca al frente (actualmente son 14). El de mayor prestigio es el patriarca ecuménico de Constantinopla
  • Se rige por el calendario juliano, esto supone que celebramos las mismas fiestas, pero algunas de ellas con 13 días de diferencia.
  • En la Iglesia ortodoxa solo se exige el celibato a los monjes, obispos y a los sacerdotes que no se hayan casado anteriormente. Por lo que un hombre casado puede acceder al sacerdocio.

La Reforma protestante

Martín Lutero
La historia de la Iglesia durante la Edad Media y el Renacimiento tuvo sus luces y sus sombras Por un lado vemos cómo el Espíritu Santo actuó a través de personas que seguían el ejemplo de Cristo y su Evangelio. Pero gran parte de la jerarquía eclesiástica era corrupta y solo buscaba dinero y poder.

En este contexto apareció Martín Lutero (1483-1546), monje agustino alemán, indignado por el camino que había tomado el catolicismo.

Como respuesta clavó en la puerta de una iglesia alemana en Wittenberg un documento con 95 tesis (protestas) denunciando los abusos que estaba cometiendo la jerarquía eclesiástica, principalmente el papado Una de sus mayores críticas fue la venta de indulgencias para reunir fondos y construir la Capilla Sixtina. Lutero comenzó una reforma, la cual fue secundada por los príncipes alemanes, que aprovecharon políticamente la ocasión para oponerse al emperador católico Carlos V (Carlos I de España). Además, se le sumaron diferentes religiosos y sacerdotes, los cuales organizaron sus propias Iglesias cristianas, dando lugar a las Iglesias protestantes.

Las Iglesias protestantes

Entre la religión cristiana católica y la protestante existen grandes diferencias, algunas, comunes a todas las iglesias como:

  • Su Biblia cuenta con 66 libros.
  • Creen en la doctrina de la justificación, que afirma que solo la fe y el arrepentimiento son necesarios para salvarse
  • Sus ministros o pastores son hombres y mujeres, que pueden estar casados y con hijos.
  • No existe la veneración ni el culto a los santos. 
Iglesia luterana. Sigue el pensamiento de Martín Lutero. Surge en Alemania y se propagó por todo el norte de Europa y Norteamérica. También es conocida como Iglesia evangélica. Su principio fundamental es solo la fe, solo las Escrituras, solo la Gracia, solo Cristo. Celebran dos sacramentos: Bautismo y Santa Cena, la cual no es equivalente a nuestra Eucaristía.

Iglesia anglicana. Nació en Inglaterra durante el siglo XVI. Su fundador fue el rey Enrique VIII (1509-1547) quien por conveniencia personal y política se separó de la Iglesia católica, proclamándose a sí mismo como la máxima autoridad de la Iglesia en Inglaterra, cargo heredado por los sucesivos monarcas. No obstante, el líder espiritual de esta iglesia es el arzobispo de Canterbury, elegido con el beneplácito del rey o de la reina.

Celebran dos sacramentos: Bautismo y Eucaristía.

Iglesia reformada calvinista o presbiteriana. Su propulsor fue el francés Juan Calvino (1509-1564) y se originó en Suiza. Esta Iglesia defiende la salvación solo por la fe, la autoridad de Dios sobre todo y la doble predestinación, es decir, Dios sabe desde el momento de la Creación quién se salvará y quien se condenará La Biblia, como Palabra de Dios, es la úni ca autoridad y la salvación su gracia, ya que la naturaleza humana es corrupta e incapaz de conseguirla por si misma.

Tan solo aceptan dos sacramentos que consideran instituidos por Jesús: el Bautismo y la Eucaristía.



IDEAS CLAVE

  • ¿Cuál es el objetivo principal del Evangelio de san Juan?
  • ¿Cómo se llama al máximo representante de la iglesia ortodoxa?
  • Realiza la rutina de pensamiento compara y contrasta para hacer un análisis de las tres ramas del cristianismo.


Ecumenismo



El ecumenismo implica que las comunidades cristianas se ayuden mutuamente para que en ellas esté verdaderamente presente todo el contenido y todas las exigencias de la herencia transmitida por los apóstoles. Sin eso, la plena comunión nunca será posible. Esta ayuda mutua en la búsqueda de la verdad es una forma suprema de caridad evangélica.

Ut unum sint 78


A comienzos del siglo xx, con el Congreso de Misioneros de Edimburgo, comenzó oficialmente un movimiento que tiene como fin la unidad de todos los cristianos. Es lo que se conoce como ecumenismo.

Más tarde, el Concilio Vaticano II ratificará este movimiento y lo definirá en su decreto Unitatis redintegratio 4: «Por movimiento ecuménico se entiende el conjunto de actividades y de empresas que, conforme a las distintas necesidades de la Iglesia ya las circunstancias de los tiempos, se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos".

Según las enseñanzas de este movimiento, las distintas ramas cristianas se confrontan, dialogan, colaboran y oran caminando juntos hacia el restablecimiento de aquella plena comunión.

La preocupación por la unidad afecta a todos los cristianos, que deben buscar la comunión plena de las personas con Dios haciendo realidad lo que nos dice Jesús en el Evangelio de san Juan «Que todos sean uno» (Jn 17, 21) Además, debemos olvidar viejas controversias provocadas por los intereses humanos más que por los espirituales y así poder promover la unidad y la paz.

El ecumenismo debe recorrer un camino de paz, justicia y perdón, de tal manera que todas las Iglesias cristianas comprendan que solo se puede ser luz en este mundo si rompen las barreras que las separar.

Como dice la edición de 2017 de la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación, realizada por católicos y luteranos en 1999, "no podemos anular la historia de la separación, pero esta puede formar parte de nuestra historia de reconciliación".

Por eso es interesante conocer la historia para no volver a caer en estos errores y poder buscar puntos de unión que hagan realidad este ecumenismo.

2. OBRA DE TUS MANOS






Por amor nos hace libres

Preguntas y respuestas

Desde el comienzo de los tiempos, la humanidad se ha hecho preguntas sobre los fenómenos naturales e incluso sobre su propia vida: ¿por qué llueve?, ¿por qué sale el sol?, ¿cómo surge la vida?, ¿quién nos ha creado?...

Todas las civilizaciones intentaron dar respuesta a estos interrogantes a través de relatos. Estos no fueron solo un referente para conocer el comienzo de la vida, sino también un modelo de conducta para las personas de la época enseñando, por ejemplo, que los malos actos, como la ambición y la soberbia, llevan a la muerte; mientras que los actos buenos, como la sencillez y la humildad, nos conducen a la vida. También le dan importancia a actitudes como el respeto a los mayores y la necesidad de cuidar la naturaleza.

La Biblia no es mitología

Muchos confunden los relatos literarios de la Biblia con los mitos de otras civilizaciones. Pero hay una serie de características que diferencian unos tipos de narraciones de otras.

La mitología no busca argumentos racionales; las explicaciones que da, aunque guarden alguna enseñanza, se basan en la magia y la fantasía.

Los relatos del Génesis (el pecado original, Caín y Abel, la torre de Babel...), aunque sean fantásticos, tienen un gran contenido simbólico, es decir, dentro de una historia ficticia hay un mensaje real. En la Creación, por ejemplo, se explica que el universo no ha surgido por casualidad, ni se ha formado por sí mismo, ni es el resultado de una disputa o pelea entre dioses.

El universo es algo querido por Dios, obra de su sabiduría y omnipotencia y reflejo de su perfección. Igualmente, los. dioses de otras religiones de la Antigüedad se diferencian en mucho del Dios judeocristiano. Las mitologías sumeria, maya o griega explican que los seres humanos fueron creados para servir y venerar a los dioses. En el libro del Génesis, es un acto de amor gratuito de Dios, quien hace a la persona a su imagen y semejanza. Por eso podemos afirmar también que los relatos de la Biblia sobre la Creación se diferencian de los mitológicos en la importancia que se le da al ser humano, que vive para compartir con Dios el dominio de lo existente desde la libertad, la responsabilidad y el deber de cuidar de toda la Creación.

Reflejos de su Creador

Si salimos del aula y paseamos por el campo, la montaña o la playa, abriendo bien los ojos y nuestros sentidos, podemos descubrir la grandeza de la Creación de Dios, la belleza de todo lo que nos rodea. Dios está presente y actúa en nuestra vida y nuestra historia.

Todo lo estudiado se entiende mejor aprendiendo de Jesús, el cual nos enseña a dirigirnos a Dios como nuestro Padre y comprender nuestra condición de hijos suyos. Esto conlleva la responsabilidad de cuidar, mimar y proteger todo, en especial al prójimo, creado también a imagen y semejanza de Dios como nosotros. El ser humano es dignificado por su vinculación con Dios, no por sus posibilidades económicas o sociales, sino porque cada uno tenemos un valor infinito, somos la obra más perfecta de la Creación de Dios.

Con ciencia

El conocimiento científico sobre el origen de la humanidad y del universo es relativamente reciente. En 1859 Charles Darwin (1809-1882) publicó El origen de las especies, en el que desarrollaba la teoría de la evolución, en aquel momento una hipótesis. A pesar de que Darwin argumentaba que sus ideas no contradecían la existencia de Dios, muchos, que veían en el texto bíblico una explicación literal de la Creación, se pusieron en contra. Si bien, esta no fue la postura oficial de la Iglesia y de hecho había científicos católicos que defendieron la evolución.

Poco después, en 1931, un sacerdote y matemático y astrónomo belga, llamado Georges Lemaître (1894-1966), planteó que el universo, en contra de lo que decían otros científicos, había tenido un comienzo. Defendía que toda la energía estaba concentrada en un punto, hasta que se liberó, comenzando a expandirse y originándose así la materia, el espacio y el tiempo. A este punto Lemaître lo llamó átomo primigenio. Hoy en día se le conoce con el nombre de singularidad y se sitúa hace unos 14 000 millones de años. Así nació la teoría del big bang.

Los descubrimientos de Darwin o la teoría del big bang no ofrecen ninguna prueba que excluya a Dios como Creador. Es más, para algunos resulta curioso que lo primero que aparece en la niebla de partículas tras el big bang sea la luz, al igual que en la Biblia (Gén 1, 1-5). Y es un hecho que la Iglesia católica no se ha postulado nunca en contra de ninguna de estas teorías. Los cristianos debemos tener claro que la explicación científica sobre el origen del mundo y la explicación teológica no se excluyen, sino que llegan a complementarse dando respuesta a algunos interrogantes de la humanidad.

En resumen, el creyente confía en la existencia de Dios y en su palabra revelada, y acepta como definitivas estas respuestas:



 

2. CON NUEVOS OJOS

CON NUEVOS OJOS






¿Hacia dónde caminamos?

-El sentido de mi vida es el Señor. Y haberme hecho cura. Es ahí donde encontré todo su sentido. (Italia)

-¿El sentido de la vida? Limpiar y sacar brillo a tu alma. (Japón)

-El sentido de la vida es el amor. Es la única palabra que comprende todos los principios, todas las morales y que puede conducirnos a definir el sentido de la vida. Amor y vida son indisociables. (Yemen)

-Esta vida tiene dos puertas. Por una entras y por la otra sales. Una persona inteligente se va por la puerta de salida con los bolsillos llenos. Quien se comporte correctamente será recompensado e irá al paraíso. Debemos sufrir toda la vida para aprovechar la siguiente en el paraíso. (Egipto)

-El sentido de la vida es buscar lo que hay en ti. ¿Qué haces como creador que eres? ¿Estás aquí solo para comer y tener hijos? ¡Ah, no! Eres un pedacito de Dios. ¿Qué aportas aquí abajo? (Rumanía)

-La vida es un olor. La vida son colores. La vida es un cuadro. El nacimiento de un niño es vida. El cambio de estaciones es vida. Para mí, la vida tiene en sí misma su propio sentido. En la palabra vida hay vida. (Israel)

Documental Sentido de la vida del proyecto 7 mil millones de otros, Fundación Good Planet, 2011


INTERPRETA DESDE LA BIBLIA





¿Quién escribe este texto?

Un discípulo de Pedro, llamado Juan Marcos, que no es otro que el evangelista san Marcos.

¿A quién va destinado?

A comunidades cristianas que estaban siendo perseguidas por su fe.

¿Cuándo se compuso este texto?

Es el evangelio más antiguo escrito, concretamente entre los años 65-70 d. C. A finales del siglo xx, se encontró un papiro que permitió a los historiadores, en especial al jesuita español José O'Callaghan, datar su escritura pocos años después de la muerte de Jesús.

Otros datos

La intención de este evangelio es mostrarnos quien es Jesús de Nazaret y la reacción que provocó entre los que lo conocieron para que nos sirva de testimonio. Para comprender bien este texto debemos tener presente que se escribe bajo la experiencia de la resurrección, por ello describe este relato de la vida de Jesús como una Buena Noticia (Evangelio).

¿Qué nos dice este texto?

Este texto presenta a un joven piadoso y de buena voluntad que quiere ser discípulo de Jesús y sale a buscarlo, al contrario de lo que hemos visto en otros textos, en que es Jesús quien toma la iniciativa.

San Marcos quiere dejar claro que no por propia voluntad la persona se podrá salvar si esta no se deja modelar por Dios.

Jesús no se opone a que le siga el que quiera; solo le pide al joven que sea fiel a su mensaje. Él primero la acepta sin ningún tipo de reproche, lo acepta y lo ama tal cual es, y por último le dice lo que le falta. Le hace ver que la felicidad no se consigue acumulando posesiones ni realizando prácticas religiosas, sino liberándose de todo lo que le ata y esclaviza. No obstante, esta respuesta no siempre puede ser acogida y aceptada por el oyente, el joven rico «frunció el ceño y se marchó triste». El proyecto de vida basado en el amor que le ofrece no tiene respuesta.

El seguimiento a Jesús implica convertirse, abandonar una vieja forma de ser para llegar a una vida sin ataduras y en libertad, una vida con sentido y felicidad. Para esto hace falta que la fe sea verdadera. Este pasaje no solo quiere mostrar la negativa al seguimiento, sino dos cosas muy importantes. Primero, que para ser felices no podemos dejarnos llevar por las modas, por el consumismo o la avaricia. Y segundo, es una llamada de atención para que no olvidemos al prójimo y sus necesidades. Este mundo es responsabilidad de todos y, por ello, no debemos contribuir a favorecer las injusticias y las desigualdades. No podemos decir «creo y quiero el amor y la fraternidad» y después actuar de forma egoísta. Dejarse guiar por Dios es lo que da sentido a nuestra religiosidad.


En continuo crecimiento

La vida como proyecto personal


Nuestra felicidad depende de encontrar
el equilibrio entre la razón y las emociones
Los seres humanos nos percibimos a nosotros mismos como seres abiertos, en construcción. A lo largo de nuestra vida nos formulamos una serie de preguntas cuyas respuestas cambiarán según la etapa en la que nos encontremos. Debemos reflexionar sobre la trayectoria seguida hasta ese momento, para reafirmar o corregir la dirección a seguir.

En la sociedad actual, marcada por el pluralismo de opciones vitales, resulta más necesaria que nunca la tarea de considerar unas convicciones y actitudes acordes con nuestro parecer. En esta búsqueda nos acompañan todos los que, como nosotros, quieren hallar una finalidad a su existencia.

Para que nuestra vida tenga sentido, debemos reflexionar sobre ella y descubrir los aciertos y fracasos que cometemos, nuestras coherencias y contradicciones. Tan solo desde el conocimiento personal, y a través del discernimiento, podremos orientar el rumbo que queremos tomar.

Como cristianos debemos dar un paso más. Nuestra religión consiste en seguir a Cristo resucitado en la Iglesia. Esto requiere iniciar un camino que se ha de convertir en el objeto de toda una vida y que no se puede dejar al azar. Este proyecto debe estar sujeto por sólidos cimientos para alcanzar su finalidad: realizarnos plenamente en la persona de Jesús.

Transforma nuestras vidas

El seguimiento a Jesucristo debe transformar nuestras vidas, haciéndolas cada vez más semejantes a la de Él. En esta consiste la conversión a la que Dios nos invita, es decir, Él renueva nuestra vida y nos mueve a ver, con ojos nuevos, el mundo, la historia, la realidad, las personas... San Pablo, según narra el libro de las Hechos de los Apóstoles, nos enseña cuáles son los dos elementos fundamentales de esta renovación: el regreso a Dios y el cambio del modo de vida.

El regreso a Dios conlleva reconocer que nos hemos separado de Él y solo podremos volver aceptando nuestros fallos. Implica cambiar la mentalidad que se tiene para alejarse de aquello que nos impide ser libres y felices. Jesús nos enseña cómo vivir y el camino que debemos tomar para alcanzar el proyecto que Dios tiene pensado para todos nosotros. Nos muestra una nueva forma de vida plena que consiste en conocernos, aceptarnos y amar al prójimo y a la Creación. Si no nos queremos a nosotros mismos, no podemos querer a los demás. Y no podemos amar a Dios si no queremos a nuestras hermanas y hermanos.

En la primera carta de san Juan encontramos una síntesis de todo esto que nos puede ayudar a entenderlo mejor: "Si alguno dice "amo a Dios" y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ves" (1 Jn 4, 20).

El deseo sincero de Dios nos lleva a evitar el mal y a hacer el bien. Esta conversión del corazón es ante todo un don gratuito de Dios, que nos ha creado para sí y en Jesucristo nos ha redimido; nuestra verdadera felicidad consiste en permanecer en Él (cf. Jn 15, 4). (...) Pero ¿qué es en realidad convertirse? Convertirse quiere decir buscar a Dios, caminar con Dios, seguir dócilmente las enseñanzas de su Hijo, de Jesucristo.

Benedicto XVI, Audiencia general, 21 de febrero de 2007

La conversión es un acto libre y voluntario del ser humano. A lo largo de la historia, muchas personas cristianas han aceptado esta invitación y han dado testimonio de una vida transformada par el Señor.

Ejemplo de esto son:

  • San Francisco de Asís (siglo XII). Un joven burgués y vividor con sueños de nobleza que lo abandono todo para seguir a Jesucristo y construir la Iglesia de los pobres.
  • María Gaetana Agnesi (1718-1799). Fue la primera mujer designada para una cátedra en Matemáticas. Con 21 años quiso entrar en un convento, pero su padre no se lo permitió. Cuando este murió, abandonó su carrera para dedicarse a la teología y a ayudar a los necesitados, posteriormente entró en la orden agustiniana.
  • Oscar Wilde (1854-1900). Escritor irlandés que, a su paso por la cárcel, descubrió a Dios y abrazó su espiritualidad.
  • Charles de Foucauld (1858-1916). En su adolescencia se aparto de la fe, pero con 28 años volvió para seguir los pasos de Jesús y con 43 se ordenó sacerdote. Se marchó a Argelia, al desierto del Sáhara, donde murió asesinado.
  • Flannery O'Connor (1925-1964). Escritora estadounidense que en sus obras aborda la fe católica y la religiosidad de forma muy personal. Con 25 años le diagnosticaron lupus, no obstan te, llevó su enfermedad de forma admirable y con sentido del humor.

En nuestra época, Dios nos habla y actúa a través de los acontecimientos del día a día. Muchas son las personas que siguen respondiéndole y aceptando su invitación. ¿Estás atento a su voz?

Con amor, fe y esperanza

Este proyecto de vida cristiano que nace del encuentro con Jesús debe tener como medida el amor, como guía la fe y como fuerza la esperanza.

  • El amor como medida nos ayudará a conocer si nuestras acciones van por el camino correcto o no. En algunas ocasiones nos encontramos con la dificultad de saber qué opciones seguir o cómo debemos actuar con nosotros y con los demás. Un cristiano puede encontrar la respuesta fácilmente, preguntándose: ¿qué haría Jesús en nuestra situación? Las acciones que definen la vida deben estar llenas de amor: un amor que es imagen del amor que Jesús nos transmitió con sus palabras y sus actos, y que llevó hasta el extremo al entregar su vida por nosotros.
  • Además, este proyecto se debe dejar guiar por la fe. Nuestra fe no es individualista, sino que se comparte en la Iglesia, se celebra en comunidad. Y no consiste en un conjunto de creencias, sino que se hace vida al servicio de los demás. Los cristianos debemos movilizarnos en la lucha por la justicia, la paz y el bien común no porque esté de moda, sino porque somos seguidores de Cristo y nos hemos comprometido a continuar con su misión.
  • La esperanza es la gasolina del cristiano. Ella nos impulsa para superar las dificultades y llegar hasta la meta el Reino de Dios. Esto no significa perder la ilusión de luchar por un mundo nuevo, porque sabemos que con la luz de Cristo nuestras vidas y nuestra sociedad pueden ser mejores que sin ella.

Si queremos que (la vida) tenga realmente sentido y sea plena, como ustedes desean y merecen, les digo a cada uno y a cada una de ustedes: «pon fe» y tu vida tendrá un sabor nuevo, tendrá una brújula que te indicará la dirección; «pon esperanza» y cada día de tu vida estará iluminado y tu horizonte no será ya oscuro, sino luminoso; «pon amor» y tu existencia será como una casa construida sobre la roca, tu camino será gozoso, porque encontrarás tantos amigos que caminan contigo. ¡Pon fe, pon esperanza, pon amor! 

PAPA FRANCISCO, Homilía en la fiesta de acogida a los jóvenes en la JMJ  de Río de Janeiro en julio de 2013 

Guiados por el Espíritu Santo

Jesús comprende que este proyecto es difícil de realizar por nosotros mismos y es por ello por lo que nos promete y envía su Espíritu para que nos ayude a transformar nuestro interior y poder obtener una vida plena.

El Espíritu Santo es el que, desde el Bautismo, nos hace ser y sentirnos hijas e hijos de Dios. Él es un regalo que se nos ofrece, se nos da, nos acompaña y nos guía en nuestras vidas si lo aceptamos y acogemos. Este ofrecimiento lo ratificamos a través del sacramento de la Confirmación. Es en este momento cuando recibimos sus dones y su presencia en lo más íntimo de nuestro ser, provocando en nosotros una nueva vida, estimulándonos y animándonos para llevar un verdadero proyecto de vida cristiana en su existencia.

Bajo el influjo del Espíritu Santo, la persona interior -espiritual- madura y se abre a una nueva vida dirigida por el conocimiento y amor de Dios, de su propio ser y del mundo. Se trata de un conocer esas realidades con los ojos de Dios y amarlas con el corazón de Dios. Así se dilata y se amplía la vida de la persona hasta límites de comunión inefables con Dios, con uno mismo y con el mundo.

Pablo Marti del Moral, Teología espiritual, pág. 154


lunes, 3 de noviembre de 2025

2. EL PUEBLO DE LA ALIANZA

EL PUEBLO DE LA ALIANZA





EL ÁRBOL GENEALÓGICO

"Un pueblo sin el conocimiento de su pasado histórico, origen y cultura es como un árbol sin raíces"

 Marcus Garvey

Si uno quiere conocerse mejor, si uno quiere saber adónde va, tiene que saber qué hubo detrás de él, quién hizo posible que hoy esté aquí y esté vivo. [...]

Es fantástico descubrir que la vida es así, que la vida da el testigo, que en la vida unos van y otros vienen. Así que la genealogía me parece una herramienta fantástica para conocernos mejor a nosotros mismos, para quitarnos miedos sobre la muerte y para estar más conectados con la vida. Estudia, al menos, hasta tus tatarabuelos, porque son los abuelos de tus abuelos. Sus vidas, sus aspiraciones, sus éxitos y sus fracasos nos atañen y nos marcan.
Mireia Nieto, Tataranietos. Genealogía viva


INTERPRETA DESDE LA BIBLIA



¿Quién escribe este texto?

El libro del Deuteronomio tiene varios autores, aunque todos son desconocidos.

El Arca es llevada ante los muros de Jericó.
Miniatura de Jean Fouquet, 1490.
Biblioteca Nacional de Francia.

¿A quién va destinado?

A los que forman el pueblo de Israel para que no olviden la unidad que deben tener tanto en la fe como en el culto religioso, alabando al único Dios.

¿Cuándo se compuso este texto?

Entre los años 700-400 antes de Cristo.

Otros datos

El libro del Deuteronomio presenta la ley de la Alianza de Dios con su pueblo, Israel. Es el quinto libro de la Biblia y el que cierra el grupo del Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio). Puede considerarse como las memorias y confidencias de Moisés, que se transmitieron de forma oral y posteriormente se pusieron por escrito, lo que explica que en algunos relatos haya exageraciones.

El Deuteronomio, a través de la narración de cuatro discursos de Moisés, recuerda las maravillas que Dios hizo por el pueblo de Israel. La intención que tiene este libro es que los israelitas no olviden el cariño y el respeto que le deben a Dios, representado aquí con el nombre de Yavé.

¿Qué nos dice este texto?

Comienza con una declaración de Dios sobre el pueblo de Israel, diciendo que es «santo para el Señor». Así se reconoce el carácter de consagrado, de elegido. Y lo que es sagrado, ¿a quién pertenece? A Dios mismo, pues es el pueblo que Él elige, aun sin fijarse en las cualidades o defectos de las personas que lo componían.

La salida de Egipto es un acontecimiento que muestra la elección divina, eso hace que el propio pueblo de Israel se sienta escogido y amado por Dios, que lo libera del enemigo.

Pero esta elección conlleva unas exigencias, unas obligaciones. Ellos ya no pueden adorar a deidades extrañas, sino solamente a Dios. El Señor ha sido fiel a su promesa, los ha sacado de la esclavitud y les ha dado una tierra. Ahora le toca a Israel ser fiel, cumplir el juramento que hicieron ya sus antepasados para responder a la gracia de Dios.

¿Qué enseñanza podemos sacar para nosotros? Este es un claro consejo para no separarnos del camino a la felicidad. Si nos dejamos llevar por los dioses que nos rodean, como el egoísmo, el dinero, la intolerancia, la insolidaridad..., nos separaremos del plan de Dios y será «una trampa» para nosotros porque, además de desviarnos del camino, con el tiempo comprenderemos que nos volveremos esclavos de esos dioses, perdiendo nuestra libertad y felicidad.


Una historia, una alianza, un pueblo

Nuestra historia es un aprendizaje

La vida es un continuo aprendizaje. Los adultos nos enseñan y exigen en función de nuestra edad. Es el mismo proceso de «enseñanza aprendizaje que Dios ha seguido con nosotros y que se conoce como revelación. Si leemos la Biblia desde esa perspectiva, veremos que Él se da a conocer poco a poco y muestra en cada periodo de la historia lo que su pueblo necesita y puede entender. La Biblia no narra solo la historia de los judíos, sino la del pueblo de Dios y, por tanto, la nuestra; es una historia de salvación de la que formamos parte. Cada periodo (patriarcas, esclavitud, desierto, monarquía, profetas...) se debe analizar en clave de fe, prestando atención a la relación que se establece entre Dios y sus criaturas, hijas e hijos, a quienes les hace dos regalos: los elige como pueblo y realiza con ellos una alianza.

La Alianza

Una alianza es un acuerdo entre dos partes, como el que hizo Dios con su pueblo. Dios realiza una promesa y establece así una relación personal con ellos; el pueblo, a cambio, adquiere un compromiso.

Pero cuántas veces hacemos pactos que olvidamos con el paso del tiempo (llevar las tareas al día, llegar temprano a casa, ayudar en las tareas domésticas...). Lo mismo le pasó al pueblo de Israel, que fue infiel a su compromiso con Dios, aunque Él no dejó de darle nuevas oportunidades.

Como consecuencia, esta Alianza ha pasado por varios momentos:

  • Alianza con Abrahán. Es la primera que aparece en la Biblia, en el libro del Génesis. Abrahán y su familia eran nómadas, es decir, no tenían un lugar de residencia fijo. Dios se les apareció y les prometió una tierra nueva donde no les faltaría el alimento: Canaán, y una descendencia tan numerosa como las estrellas. Abrahán, a cambio, tan solo tenía que aceptar su invitación y, aunque esta promesa le parecía imposible, confió en Dios. Abrahán, el primer patriarca de la historia de Israel, con su compromiso y entrega, nos enseña que necesitamos avanzar en nuestra vida y tener confianza en los proyectos que tiene Dios para nosotros.

  • Alianza en el Sinaí. Se narra en el libro del Éxodo. Mientras marchaban hacia la tierra prometida de Canaán, el pueblo egipcio capturó y esclavizó a los israelitas. Dios, consciente de la opresión a la que estaba sometido su pueblo, se revela a Moisés y le pidió que lo liberara. Este, que se sentía torpe para tal misión, buscó la forma de escabullirse. Pero el Señor lo tranquilizó recordándole que no lo abandonaría, sería su boca y sus manos. Este acontecimiento, el éxodo (salida) de Egipto, fue decisivo para la fe e historia de Israel. De hecho, hoy día lo recuerdan en la noche de la Pascua, una fiesta importante para la religión judía. Durante la travesía por el desierto, Dios le pidió a Moisés que subiera al monte Sinal, donde se le apareció y selló la Alianza con su pueblo: Él los protegería siempre y los guiaría hasta la tierra prometida; los israelitas cumplirían sus mandamientos comenzando por el primero, el del amor a un único Dios. Pero cuando Moisés bajó del Sinaí vio que el pueblo había olvidado que Dios los había sacado de Egipto y lo habían suplantado por una escultura de oro. Dios no anuló la promesa y conmovido por la situación, restableció la Alianza. Y posteriormente la renovará haciendo hincapié en atender a los marginados: pobres, extranjeros, viudas y huérfanos. 

  • Alianza definitiva. Jesús representa la Alianza definitiva de Dios con su pueblo, que ya no es solo Israel, sino que engloba a toda la humanidad. Él se entregó por todos nosotros liberándonos así del mal y haciendo realidad su promesa, la gran esperanza para el cristiano: la muerte no es el final. Y, como en el Antiguo Testamento, El mantiene esta Alianza aunque nosotros le fallemos.