REFLEJOS DE DIOS
- ¿Qué mensaje transmite este diálogo?
- ¿Te pones en el lugar de los demás cuando ves a alguien distinto a ti? Razona tu respuesta.
- ¿Qué entiendes por dignidad?
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| La ofrenda de la viuda, Vasily Wilhelm Alexandrovich Kotarbinsky, 1890, Galería Tretiakov, Moscú. |
¿Quién escribe este texto?
El autor de este texto es el evangelista san Marcos.
¿A quién va destinado?
A comunidades cristianas perseguidas por su fe.
¿Cuándo se compuso este texto?
Es el Evangelio más antiguo escrito, concretamente data de los años 65-70 d. C.
Otros datos
San Marcos nos presenta en su Evangelio a Jesús como un hombre de acción, con sentimientos y totalmente comprometido en su misión de anunciar el Reino de Dios, lo que se concreta en la actitud de servicio y entrega a los demás, principalmente a los más necesitados.
Con este Evangelio, san Marcos nos quiere dejar claro quién es Jesús y en qué consiste seguirlo.
¿Qué nos dice este texto?
Inmediatamente antes de este pasaje, el evangelista san Marcos sitúa a Jesús en el Templo de Jerusalén, conversando con los escribas. Estos eran expertos en los textos sagrados para los judíos, como la Torá; es decir, podían interpretarla y aclarar sus preceptos. Jesús mismo los describe como personas a las que "les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones" (Mc 12, 38-40).
La escena que estamos trabajando se produce fuera del templo, cuando Jesús estaba descansando frente al lugar donde se daba la limosna. Había personas que depositaban bastante dinero y otras menos. Fue la figura de una viuda pobre la que llamó su atención. Las viudas carecían de prestación social y económica al dejar de estar protegidas por el marido o por algún pariente masculino. Junto con los extranjeros y los huérfanos, era el grupo social más vulnerables de Israel.
Jesús utilizó esta imagen para desenmascarar a aquellos que se vanagloriaban de lo que daban, aquellos que poseían riquezas y depositaban en el templo buenas cantidades de dinero a la vista de todos. Los compara con una viuda pobre que dio lo poco que tenía. En este caso no criticó solo la conducta, sino también la actitud de la que iba acompañada, ya que presumían públicamente de su estatus o su importancia religiosa.
Entre los grupos sociales de la época, además de los escribas, estaban los saduceos, que pertenecían a la clase alta de la época y eran muy conservadores en sus tradiciones religiosas; y los fariseos, que presumían de ser personas muy creyentes y cumplidoras de las obligaciones religiosas.
Con la comparación que hace Jesús, los discípulos aprenden que no es más importante quien más posee y da de lo que le sobra, sino el que comparte lo que tiene. Y, además, que el encuentro con Dios no se consigue a través de ritos externos, sino de gestos sencillos y discretos que pueden pasar desapercibidos. Lo que realmente le agrada a Dios es que comprendamos que todos somos iguales, sin distinción ninguna. Y que lo más importante es saber dar gratuitamente lo que tenemos con un corazón generoso, desprendido. No hace falta tener dinero (un cuadrante para darlo) podemos compartir nuestro tiempo, material, juegos...
¿Qué es la dignidad?
Cuando hablamos del término dignidad pensamos que todos conocemos su significado. Es una palabra bastante usada religiosa y socialmente. De hecho, la Declaración de los Derechos Humanos comienza con la siguiente afirmación:
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
Artículo 1
La dignidad es un derecho fundamental del ser humano. Pero ¿qué significa la palabra dignidad? Según la RAE es la cualidad de digno, definiendo esto último como «merecedor de algo». ¿Es que nos merecemos algo por el simple hecho de existir? Pues la verdad es que sí, y eso es exactamente lo que nos explica la Biblia. Con estas pistas, podemos definir la dignidad como el valor innato e inviolable de la persona. Es una cualidad que todos los seres humanos tenemos y que nos hace a todos iguales, sin distinción de ningún tipo.
La dignidad de la persona está enraizada en el hecho de que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Estamos llamados a entablar una relación de amistad con Dios y con los demás. Conseguir esto es responsabilidad de cada uno.
Todos, al ser creados a imagen y semejanza de Dios, compartimos la misma dignidad. Por ello, cualquier violación de los derechos humanos es un mal grave, un atentado contra la persona. Además, para un cristiano el fundamento supremo de esta dignidad humana está en que somos hijas e hijos de Dios.
Ofender a cualquier persona es ofender a Dios mismo, quien nos eligió desde el seno materno y nos invita a vivir unidos a Él: «Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te constituí profeta de las naciones» (Jer 1,5).
Iguales, aunque diferentes
La sociedad siempre ha estado regida por normas sociales y jurídicas que todo ciudadano está obligado a cumplir. A su vez, las religiones, incluida la cristiana, orientan sobre cómo deben vivir sus fieles, es decir, proponen unas normas morales.
Pero estas normas se nos pueden olvidar cuando intentamos conseguir algo sin reflexionar sobre la repercusión que puedan tener nuestros actos en los demás. Nadie es superior o mejor, simplemente somos diferentes y ahí es donde está la riqueza de la humanidad, en la diversidad que compone nuestra aldea global.
Lo mismo le ocurre al arco iris, cada color por sí mismo es bello, pero es la conjunción de todos ellos lo que le proporciona belleza y llena de sentido su existencia. De igual manera, el compromiso de todas las personas por buscar el bien, evitando hacer daño a los demás o a nosotros mismos, será lo que llene nuestras vidas de sentido y alegría, haciendo una sociedad más bella, como el arco iris.
La forma de pensar, vestir, el color de piel... nos diferencia a unos de otros. Pero Dios va más allá de nuestra apariencia, Él va a lo profundo de nosotros mismos para enseñarnos que todos somos valiosos por el simple hecho de ser personas y vivir. Esta es la esencia de la dignidad.
Los pobres
Como hemos visto en el pasaje bíblico, en la época de Jesús, al igual que en la nuestra, había personas que se sentían superiores a otras por su estatus social, por pertenecer a una determinada familia (los saduceos) o bien porque eran conocedores y cumplidores de los textos religiosos (escribas y fariseos).
A su vez, estos maestros de la ley llamaban pecador a todo aquel al que consideraban de inferior categoría social o que según su opinión desarrollaba una profesión que rozaba la inmoralidad, como los publicanos (recaudadores de impuestos).
Los judíos se sentían los elegidos por Dios y por ello discriminaban a los pueblos que no tuvieran un linaje enraizado en su religiosidad. Era el caso de los samaritanos, rechazados porque se habían mezclado con otras culturas.
Los pecadores eran considerados personas impuras y todo el que entraba en contacto con ellos quedaba contaminado. Jesús, como judío, conocía bien la ley y sabía todo esto. Por eso, su actitud de acercarse y compartir su tiempo con estas personas tenía la intención de mostrar que Dios ama a todos como hijos, y por ello es capaz de romper con todas las barreras que favorecían la discriminación. Él no rechazaba a nadie; así, es capaz de pedirle a una samaritana que le dé agua para beber; o de sentarse a comer con publicanos y pecadores, enseñando, con estos gestos, que todas las personas somos iguales, independientemente de nuestra clase social o nación.
El amor como medida
En algunas ocasiones nos encontramos con la dificultad de saber cuál es el camino que debemos tomar o cómo debemos actuar con los demás.
¿Cómo nos gustaría que nos tratasen a nosotros? ¿Qué haría Jesús en nuestra situación? Las respuestas a estas preguntas nos abrirán el camino para que la caridad sea nuestra guía.
Jesús nos enseña que el amor es la mejor medida para saber si nuestros actos están en el camino correcto o no.
Las acciones que definen la vida deben estar llenas de este amor, que es imagen del que Jesús dejó reflejado en sus palabras y sus actos. Con esta premisa, la Iglesia, desde el principio, tiene presente la defensa de la dignidad de la persona. Así lo han demostrado las diferentes encíclicas de los papas y los documentos de los concilios*:
Solo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura, y por lo tanto verdaderamente integrados en la sociedad.Fratelli tutti
- ¿Cómo definirías el término dignidad?
- ¿Dónde está enraizada la dignidad?
- ¿Cómo podemos considerar la violación de los derechos humanos?
- ¿Qué llenará nuestras vidas de sentido y alegría, haciendo una sociedad más bella?
- ¿Quiénes eran los publicanos?
- ¿Qué enseñó Jesús al sentarse a comer con pecadores o pedirle de beber a la samaritana?
- Jesús nos enseña que el amor es la mejor medida ¿para qué?



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