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martes, 10 de febrero de 2026

GENERADORES DE CULTURA

 




¿Hacia dónde caminamos?

Hace más de 20 siglos comenzó la labor de la Iglesia en España. Desde entonces su contribución en nuestro país ha sido inmensa, aportando un patrimonio de gran valor social, cultural y religioso. Edificios, pinturas, esculturas, retablos, obras literarias o piezas musicales han sido inspiradas en la Palabra de Dios y realizan una labor evangelizadora, divulgativa y artística.

La Iglesia ha dedicado en los últimos 7 años casi medio millón de euros a proyectos de construcción y rehabilitación de templos. En la actualidad, la Iglesia es la responsable de cuidar y conservar la mayor cantidad de bienes de interés cultural de nuestro país. Su compromiso con la cultura y la fe está presente día a día.

Haz memoria, Conferencia Episcopal Española


INTERPRETA DESDE LA BIBLIA



¿Quién escribe este texto?

El autor de este texto es san Lucas, quien también escribió el Evangelio que lleva su nombre. San Lucas no era judío, provenía de Antioquía (ciudad ubicada en la actual Siria) y ejercía la medicina. Por las cartas de san Pablo sabemos que le acompañó en sus viajes para predicar la Buena Noticia.

¿A quién va destinado?

San Lucas dirige este libro a los primeros cristianos con la intención de enseñarles el camino de esta nueva religión.

En concreto, este texto va dirigido a todos los seguidores de Jesús, advirtiéndoles para que no caigan en la idolatría.

¿Cuándo se compuso este texto?

Hacia el año 90 después de Cristo.

Otros datos

San Lucas, en su libro de los Hechos de los Apóstoles, explica cómo era la vida de las primeras comunidades cristianas y la importancia que se le debería dar a la vida espiritual en ellas.

La palabra camino, en el versículo 23, se refiere a los primeros cristianos, conocidos, en un primer momento, como los del Camino.

Para san Lucas la Iglesia recorre un único camino que va de Jerusalén a Roma. Jerusalén representa toda la tradición antigua vivida (judaísmo). Y Roma, la universalidad del mensaje de Jesús, el cual debe llegar a todos sin exclusión.

¿Qué nos dice este texto?

San Lucas nos comenta que san Pablo, en su afán de predicar la Buena Noticia a todos los pueblos, llega a Éfeso (actual Turquía). Esta ciudad, a orillas del mar Egeo, era importante en los primeros siglos de nuestra era por ser un gran centro económico del Mediterráneo, lo que provocó que se convirtiera en un destacado foco religioso y cultural.

Por ello, se podían encontrar templos como el de Artemisa y todo un comercio paralelo de reproducciones que enriquecía a los artesanos de la zona, como en el caso de Demetrio. Para las personas que los compraban estos recuerdos eran objetos de adoración, como si se tratara de los propios dioses, y caían así en la idolatría que tanto combatió el cristianismo desde sus orígenes.

Es por eso que Demetrio pedía al resto de orfebres de la ciudad que defendieran su oficio, porque las enseñanzas de san Pablo les provocarían pérdidas económicas e incluso les quitarían el trabajo.

La adoración del dias toro egipcio, Apis,
Filippo Lippi, siglo XVI, The National Gallery, Londres.
Ya encontramos en el Antiguo Testamento la prohibición de esta práctica: «No te fabricarás ídolos, ni figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos, ni les darás culto» (Ex 20, 4-5a).

En resumen, el texto pretende educar para que el mundo cristiano no se dirija a la imagen, al lugar o al objeto en concreto, sino a lo que estos representan, ya que son un medio para relacionarnos con Dios.



Espiritualidad y arte

Un nuevo lenguaje

En los primeros años de nuestra religión se originó el arte cristiano que, más que un fin en sí, ha sido un medio para transmitir el mensaje de la revelación de Cristo.

A través del espacio y de las imágenes se enseñaban al espectador los principios de su espiritualidad. Este uso pedagógico del arte generó un lenguaje simbólico que no se puede entender si no es desde la fe. El teólogo y escritor Honorius Augustodunensis (siglo XII), en su obra De gemma animae, compara la iglesia (edificio) con la Iglesia (comunidad de creyentes).

Para el autor, el Sol simboliza a Jesucristo, y la referencia a los Evangelios explica por qué el tetramorfos* solía decorar los soportes (trompas) de las bóvedas, donde se representa a Jesucristo, la Virgen o los santos.

Las iglesias se orientan hacia el este, donde el sol se levanta, porque en ellas se venera el Sol de justicia y en el este se anuncia el paraíso, nuestra patria. Así pues, en la iglesia se representa la Iglesia, congregada allí para el servicio de Dios. Esta casa está colocada sobre la piedra y la Iglesia está fundamentada sobre la segura roca de Cristo. Una se levanta hacia lo alto sobre cuatro muros; y la Iglesia crece en virtud hacia lo alto a causa de los cuatro Evangelios. [...] Las columnas que sostienen la iglesia son los obispos, sobre los que se apoya la estructura de la Iglesia.

Joaquín Yarza Luaces, Fuentes de la Historia del Arte I


La finalidad de las imágenes

La presencia de imágenes dentro de las iglesias creó una gran controversia que no se resolvió hasta el Segundo Concilio de Nicea (siglo VIII). Desde un principio se quiso impedir que las imágenes se convirtieran en objetos de adoración, como era habitual en otras religiones de la Antigüedad. Pero por otro lado no se podía ignorar la ayuda que suponían para enseñar al pueblo, que no contaba con una formación académica. Así lo expresó el papa san Gregorio Magno (siglo VI) en una carta al obispo de Marsella:

Desde entonces nos han llegado noticias de que usted, poseído por una ciega furia, ha roto las imágenes de los santos con la excusa de que no deberían ser adoradas. Y ya lo creo que le aplaudimos sinceramente por evitar que fueran adoradas, pero le reprochamos por su destrucción. [.] Adorar imágenes es una cosa; enseñar con su ayuda lo que debería ser adorado es otra. Lo que la escritura es a los doctos, las imágenes son para los ignorantes, quienes ven a través de ellas lo que deben admitir; leen en ellas. lo que no pueden leer en los libros.

Gregorio Magno, Epístolas, lib. XI, 13

Además, las pinturas y esculturas sobre relatos bíblicos, Jesucristo o la Virgen María eran también un medio para encontrarse con Dios:

Se deben tener y conservar, principalmente en los templos, las imágenes de Cristo, de la Virgen Madre de Dios, y de otros santos, y que se les debe dar el correspondiente  honor y veneración: no porque se crea que hay en ellas divinidad, [...] sino porque el honor que se da a las imágenes se refiere a los originales representados en ellas.

 Decreto sobre el culto a los santos, reliquias e imágenes del Concilio de Trento (siglo XVI)


Inspiración cristiana

Desde un primer momento a iglesia fue receptora de la herencia grecolatina, Los papas se consideraban herederos de la historia romana y las primeras eruditas del cristianismo (san Jerónimo, san Agustín, san Ambrosio..) se formaron en estudios griegos y latinos. Para ello toda la cultura procedente de Grecia y Roma no se perdió, sino que, empapada y transformada por la espiritualidad cristiana, se convirtió en la base de una nueva civilización. La Iglesia ha tenido un doble papel: conservadora de la Antigüedad Y mecenas de artistas. Veamos algunos ejemplos.

Pintura, escultura, orfebrería...

Los edificios religiosos se decoraban con pinturas y esculturas, y para ello se creó todo un programa iconográfico. Escenas como la crucifixión, la Sagrada Familia, la Última Cena, la Anunciación, o retratos de los apóstoles entre otros, han sido representadas a lo largo de la historia en distintos soportes y estilos. En cada encargo, la iglesia, como mecenas, cuidaba hasta el último detalle, desde las actitudes de los personajes hasta los colores de las vestimentas, todo al servicio de la doctrina eclesiástica.

También las celebraciones litúrgicas necesitaban objetos y ornamentos que se convirtieron en grandes obras de orfebrería, como los cálices o las custodias; o artesanía, como la elaboración y bordado de los elementos litúrgicos (paños, casullas o estolas).

Literatura

La Biblia y la doctrina cristiana han inspirado historias que trascendieran como obras de la literatura universal. Como ejemplo, la Divina Comedia de Dante (1307) recoge la visión del cristianismo en el siglo XIV y habla de la fe en Dios y de cuestiones morales con continuas referencias al mundo clásico.

En España la literatura mística es también un exponente de la espiritualidad cristiana, ya que en sus textos y poemas los autores describen su relación con Dios.

Música

Desde los orígenes la música ha estado presente en los cultos cristianos como medio de expresión y oración. Estos cantos re cogieron la técnica musical griega y sirvieron de base para la aparición de nuevas formas, como el canto gregoriano en los monasterios o, más tarde, la misa y el oratorio. Grandes compositores escribieron piezas de música sacra que siguen escuchándose en iglesias y catedrales de todo el mundo.



domingo, 11 de enero de 2026

3. UNA COMÚN-UNIDAD






¿Hacia dónde caminamos?

MOISÉS: La Iglesia tendría que acercarse más, dejar las ideas claras.

VÍCTOR: Yo, por ejemplo, admiro la relación que tiene con la religión el cura de mi pueblo, que me parece una relación muy honesta, con una vocación muy social.

SARA: Admiro la gran sensibilidad, y la gran coherencia, el que sean incluso críticos con lo que ellos creen. Y admiro el amor con el que hablan de lo que creen.

CARO: Tengo una persona muy íntima, que es muy creyente, y me encanta hablar con ella por su forma de ver la vida...

IGNACIO: Yo creo que la principal herramienta para llegar a los jóvenes de hoy en día somos los propios jóvenes. En clase sé que voy a ser mucho más útil que si un día aparece un cura y les suelta una charla, porque no están en disposición de escucharlo. Sin embargo, mis amigos, que la inmensa mayoría son ateos, me quieren, me aceptan y sí están en disposición de escucharme. Y por eso sé que soy la herramienta perfecta para intentar llevarlos a Jesucristo y llevarlos a lo que a mí me ayuda.

También vosotros daréis testimonio (Jn 15, 27)


INTERPRETA DESDE LA BIBLIA




La entrega de las llaves a san Pedro, fresco de Perugino, 1482, Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano.


¿Quién escribe este texto?

Está atribuido a san Mateo, del que nos habla el propio Evangelio en Mt 9, 9: «Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: "Sígueme". Él se levantó y lo siguió».

¿A quién va destinado?

A los cristianos que provenían de la cultura judía y pagana (no judía). Con este Evangelio, su autor pretende dar respuesta a los problemas con los que se enfrentaban las comunidades cristianas.

¿Cuándo se compuso este texto?

En torno a la década de los 80 d. C., ya que se piensa que fue escrito tras la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 d. C.

Otros datos

De los tres Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) este es el único que relata el pasaje en el que Jesús confiere su autoridad y poder al apóstol san Pedro para ser base y fundamento de la Iglesia.

Presenta a Jesús como el Mesías prometido al pueblo judío, que anuncia la llegada del Reino de Dios, para enseñar una Nueva Ley con el compromiso de liberar a la persona y llamarlos a ser fieles a Dios. De aquí la abundancia de enseñanzas de Jesús sobre el comportamiento cristiano.

¿Qué nos dice este texto?

Este relato se puede dividir en dos partes. Una primera en la que Jesús pregunta sobre Él mismo; y otra en

la que va a quedar instituida la Iglesia bajo la responsabilidad de san Pedro y sus sucesores.

En los cuatro primeros versículos, Jesús pregunta qué imagen tienen de Él la gente en general y sus discípulos en particular. Su intención es saber si entienden su misión y quién es realmente.

La gente lo identifica con personajes importantes del pueblo judío, como Juan el Bautista, Elías, Jeremías u otros profetas. La característica común a todos ellos es que anunciaban la liberación del pueblo judío de todas sus ataduras. Ven a Jesús como un profeta más, alguien que anuncia el Reino de Dios. Pero no llegan a reconocerlo como su Hijo, el Dios mismo que es.

Entre sus discípulos, personas que se relacionaban con Él de forma más cercana, la respuesta es muy diferente, ya que lo reconocen por lo que es, el Mesías, el Hijo de Dios. Con esta afirmación, Jesús tiene claro que sus discípulos están preparados para continuar la obra que Él ha comenzado, y en especial Simón.

En el resto del texto el Señor deja patente el inicio de la Iglesia. Cuando Dios cambia el nombre a alguien, nos indica el encargo de una misión. En este caso, a Simón lo llamará Pedro, que quiere decir "roca" o "piedra"; es el elegido para ser la cabeza visible, para guiar a los cristianos cuando Jesús abandone este mundo. Con los verbos atar y desatar y la entrega de las llaves, queda clara la autoridad que Él le otorga.

Pedro y sus sucesores serán los que garanticen las enseñanzas del Maestro y tendrán que adaptarlas a nuevas necesidades y situaciones.

Con esta presentación del apóstol, se pone de relieve el importante papel que desempeñó en la vida de la Iglesia y se describe la tarea de los papas: guiar a la comunidad en la fe y el amor.


Asamblea de creyentes

Jesús y la Iglesia

El judaísmo, en tiempo de Jesús, estructuraba la sociedad de forma jerárquica otorgando privilegios a escribas* y fariseos*. El evangelista san Mateo se da cuenta de la necesidad de organizar la comunidad cristiana de otra forma, como una gran familia orientada al servicio y la solidaridad, una fraternidad en la que todos nos sintiéramos hijas e hijos de un mismo Padre, y hermanas y hermanos entre todos.

Anteriormente hemos descrito a la Iglesia como pueblo de Dios, cuerpo de Cristo, esposa. Con esto se quiere señalar que entre ella y Jesús hay un vínculo indisoluble. Porque es en la asamblea de los discípulos de Jesús donde se produce el encuentro con Dios y con los hermanos. Él es la unidad de la comunidad eclesial y todos estamos invitados a formar parte de ella.

La Iglesia no es un local fabricado con ladrillos y cemento, sino que es el templo del Espíritu, porque este vive en ella, en su cabeza y en sus miembros. El Espíritu Santo es quien la anima y la vivifica a través de la Palabra de Dios y de los dones que regala a cada uno. Y se hace presente en las celebraciones comunitarias. Los creyentes son las piedras vivas sobre las que se construye la Iglesia en común-unión, es decir, está llamada a ser comunión viva entre las personas que manifiestan su unión íntima con Dios. Dios sigue obrando la salvación mediante su Palabra, los sacramentos y la edificación de la comunidad. Es aquí donde la Iglesia se hace signo visible y espiritual. Visible en cuanto que la vida de los cristianos debe reflejar su fe. Y espiritual porque en ella, por el Espíritu Santo, todos los que la formamos recibimos la fuerza necesaria para cumplir la misión a la que somos llamados.

La autoridad como servicio

La palabra autoridad se asocia con algún tipo de cargo o posición social. En la época de Jesús, la autoridad se identifica con el honor y se podía adquirir por pertenecer a una familia distinguida o por haber sido otorgada por alguien con poder. Jesús, con su vida, deja claro que su autoridad no se la ha dado nadie, ya que la posee por naturaleza como Dios mismo que es.

Jesús rompe con la idea de autoridad como mando (judío) o gobierno (Imperio romano) y se la concede a san Pedro para hacer el bien y aliviar los sufrimientos de las personas. Es decir, dentro de la Iglesia la autoridad la concede Dios y va ligada a una actitud de servicio a la comunidad, el cual se debe ejercer gratuitamente ya que es un regalo del Señor. No es para juzgar, sino para sanar y ayudar a liberar a las personas, al igual que una madre.

La autoridad de Jesús se ha transmitido desde san Pedro hasta nuestros días a través de los papas. El papa, a pesar de ser el máximo responsable de la Iglesia, no puede ejercer esta autoridad solo. Por eso nombra a cardenales y obispos que, en comunión con los sacerdotes y diáconos de las distintas diócesis, representarán en este servicio al sumo pontífice. Todos forman la jerarquía de la Iglesia, una jerarquía que implica ningún privilegio. Y tienen la misión de ser sus pastores, de interpretar y mantener vivas e íntegras las enseñanzas de Jesús y toda la revelación. Es lo que se conoce con el nombre de Magisterio.

El papa Francisco, en su homilía del 14 de enero de 2020, dijo que "la autoridad no es un mandato, sino coherencia y testimonio". Esto nos recuerda que hay personas que se convierten en un referente no porque ocupen un determinado puesto social o eclesiástico, sino porque su vida y sus palabras son una enseñanza moral para los demás. A lo largo de la historia ha habido muchos cristianos que nos han mostrado el camino que debemos seguir para convertirnos en testigos de Cristo y hacer de nuestro mundo un lugar fraternal. Son los nuevos profetas que anuncian y denuncian, que critican y estimulan, posicionándose sobre cuestiones sociales, políticas y culturales. Son personas que respondieron a la llamada de Cristo y mantienen la llama de la Iglesia, viviendo con mayúsculas el mandato del amor.

Notas de la Iglesia

En el Credo afirmamos que la Iglesia es una, santa, católica y apostólica. Estas son las cuatro características, conocidas como notas, que la diferencian de cualquier otra confesión religiosa. 

La Iglesia es una. Con esta palabra se afirma la unidad de todos sus miembros, basada en el amor y la caridad fraterna. Para alcanzar la unidad se debe abandonar todo gesto egoísta, de superioridad o de rechazo hacia cualquier persona. Es imprescindible que volvamos a las enseñanzas de Jesús y seamos guiados por el amor a nosotros mismos y a los demás.

La Iglesia está compuesta por diversidad de personas, con una misma fe. Nos incorporamos a ella a través del Bautismo, en el que profesamos a un solo Señor: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y la celebramos, de forma comunitaria, en la Eucaristía.

La unidad de la Iglesia también se hace visible a través de:

  • La liturgia: los tiempos litúrgicos y los sacramentos son los mismos; no importa el país donde estés.
  • Días dedicados a causas concretas como Domund, Cáritas, Día de las Familias, Día de la Paz...
  • Oraciones como el padrenuestro, Credo, avemaría, Gloria... son iguales en todas partes, traducidas en diferentes idiomas.
  • El papa realiza mensualmente un vídeo para que los fieles nos unamos a rezar con una intención concreta.

La Iglesia es santa. El papa Pablo VI en el año 1968 afirmó que la Iglesia "es, pues, santa aunque abarque en su seno pecadores" (Credo del Pueblo de Dios 19). La Iglesia no es santa porque las personas que la formamos lo somos. Al contrario, la Iglesia reconoce que ha cometido y comete fallos, pero también debemos ver todo el bien que aporta, a nosotros y a la sociedad.

La Iglesia es santa porque quien la ha constituido ha sido el Señor y está bajo la guía del Espíritu Santo. Todos los que la formamos estamos llamados a la santidad, que consiste en ser buenas personas, seguidores de Jesús, ayudando a los demás y a nosotros mismos a ser libres, responsables y coherentes con lo que creemos.

Lo más característico del ser cristiano es la caridad. Esta consiste en amar, querer, de manera desinteresada. Como seguidores de Jesús somos las manos de Dios en la sociedad en la que vivimos. Dios actúa a través de cada uno de nosotros, nos pone en preaviso, hace que nuestro corazón se conmueva ante situaciones, nos da fuerzas para gritar las injusticias y extiende su amor y cercanía a los más necesitados.

La Iglesia es católica. Católico significa "universal"; se considera una característica de la Iglesia porque acoge a todas las personas. Esta universalidad la vemos en cómo se organiza en el mundo.

Su sede principal está en el Vaticano, donde reside el papa. Los obispos ejercen su responsabilidad en comunión con el Papa, obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal. Ellos son los encargados de las comunidades cristianas, que se distribuyen en diócesis. Cada diócesis está constituida por todas las parroquias que están dentro de su territorio. Con esta estructura, la Iglesia se une para ser un solo cuerpo, cuyos miembros están distribuidos por todo el mundo. Desde el comienzo de su pontificado, el papa Francisco ha sido muy claro en lo que debe ser y cómo debe actuar la Iglesia. Por eso en todos sus escritos nos invita a volver a los valores evangélicos, a vivir en una Iglesia con las puertas abiertas para todos, sin exclusión ni discriminación, porque todos formamos una única familia con un mismo Padre común. 

La Iglesia es apostólica. La Iglesia es apostólica porque sigue las enseñanzas y la misión que los apóstoles nos transmitieron. Ellos pusieron por escrito todo lo que habían vivido y oído, y nos lo hicieron llegar a través de los libros del Nuevo Testamento. Proclamaron la Buena Noticia de Jesús por todos los lugares. Los papas y los obispos han continuado con esta misión, actualizando este mensaje y manteniéndolo vigente para los cristianos del siglo XXI.

Es Cristo, quien, por el Espíritu Santo, da a la Iglesia el ser una, santa, católica y apostólica, y Él es también quien la llama a ejercitar cada una de estas cualidades.

Catecismo de la Iglesia Católica 811



lunes, 10 de noviembre de 2025

2. CON NUEVOS OJOS

CON NUEVOS OJOS






¿Hacia dónde caminamos?

-El sentido de mi vida es el Señor. Y haberme hecho cura. Es ahí donde encontré todo su sentido. (Italia)

-¿El sentido de la vida? Limpiar y sacar brillo a tu alma. (Japón)

-El sentido de la vida es el amor. Es la única palabra que comprende todos los principios, todas las morales y que puede conducirnos a definir el sentido de la vida. Amor y vida son indisociables. (Yemen)

-Esta vida tiene dos puertas. Por una entras y por la otra sales. Una persona inteligente se va por la puerta de salida con los bolsillos llenos. Quien se comporte correctamente será recompensado e irá al paraíso. Debemos sufrir toda la vida para aprovechar la siguiente en el paraíso. (Egipto)

-El sentido de la vida es buscar lo que hay en ti. ¿Qué haces como creador que eres? ¿Estás aquí solo para comer y tener hijos? ¡Ah, no! Eres un pedacito de Dios. ¿Qué aportas aquí abajo? (Rumanía)

-La vida es un olor. La vida son colores. La vida es un cuadro. El nacimiento de un niño es vida. El cambio de estaciones es vida. Para mí, la vida tiene en sí misma su propio sentido. En la palabra vida hay vida. (Israel)

Documental Sentido de la vida del proyecto 7 mil millones de otros, Fundación Good Planet, 2011


INTERPRETA DESDE LA BIBLIA





¿Quién escribe este texto?

Un discípulo de Pedro, llamado Juan Marcos, que no es otro que el evangelista san Marcos.

¿A quién va destinado?

A comunidades cristianas que estaban siendo perseguidas por su fe.

¿Cuándo se compuso este texto?

Es el evangelio más antiguo escrito, concretamente entre los años 65-70 d. C. A finales del siglo xx, se encontró un papiro que permitió a los historiadores, en especial al jesuita español José O'Callaghan, datar su escritura pocos años después de la muerte de Jesús.

Otros datos

La intención de este evangelio es mostrarnos quien es Jesús de Nazaret y la reacción que provocó entre los que lo conocieron para que nos sirva de testimonio. Para comprender bien este texto debemos tener presente que se escribe bajo la experiencia de la resurrección, por ello describe este relato de la vida de Jesús como una Buena Noticia (Evangelio).

¿Qué nos dice este texto?

Este texto presenta a un joven piadoso y de buena voluntad que quiere ser discípulo de Jesús y sale a buscarlo, al contrario de lo que hemos visto en otros textos, en que es Jesús quien toma la iniciativa.

San Marcos quiere dejar claro que no por propia voluntad la persona se podrá salvar si esta no se deja modelar por Dios.

Jesús no se opone a que le siga el que quiera; solo le pide al joven que sea fiel a su mensaje. Él primero la acepta sin ningún tipo de reproche, lo acepta y lo ama tal cual es, y por último le dice lo que le falta. Le hace ver que la felicidad no se consigue acumulando posesiones ni realizando prácticas religiosas, sino liberándose de todo lo que le ata y esclaviza. No obstante, esta respuesta no siempre puede ser acogida y aceptada por el oyente, el joven rico «frunció el ceño y se marchó triste». El proyecto de vida basado en el amor que le ofrece no tiene respuesta.

El seguimiento a Jesús implica convertirse, abandonar una vieja forma de ser para llegar a una vida sin ataduras y en libertad, una vida con sentido y felicidad. Para esto hace falta que la fe sea verdadera. Este pasaje no solo quiere mostrar la negativa al seguimiento, sino dos cosas muy importantes. Primero, que para ser felices no podemos dejarnos llevar por las modas, por el consumismo o la avaricia. Y segundo, es una llamada de atención para que no olvidemos al prójimo y sus necesidades. Este mundo es responsabilidad de todos y, por ello, no debemos contribuir a favorecer las injusticias y las desigualdades. No podemos decir «creo y quiero el amor y la fraternidad» y después actuar de forma egoísta. Dejarse guiar por Dios es lo que da sentido a nuestra religiosidad.


En continuo crecimiento

La vida como proyecto personal


Nuestra felicidad depende de encontrar
el equilibrio entre la razón y las emociones
Los seres humanos nos percibimos a nosotros mismos como seres abiertos, en construcción. A lo largo de nuestra vida nos formulamos una serie de preguntas cuyas respuestas cambiarán según la etapa en la que nos encontremos. Debemos reflexionar sobre la trayectoria seguida hasta ese momento, para reafirmar o corregir la dirección a seguir.

En la sociedad actual, marcada por el pluralismo de opciones vitales, resulta más necesaria que nunca la tarea de considerar unas convicciones y actitudes acordes con nuestro parecer. En esta búsqueda nos acompañan todos los que, como nosotros, quieren hallar una finalidad a su existencia.

Para que nuestra vida tenga sentido, debemos reflexionar sobre ella y descubrir los aciertos y fracasos que cometemos, nuestras coherencias y contradicciones. Tan solo desde el conocimiento personal, y a través del discernimiento, podremos orientar el rumbo que queremos tomar.

Como cristianos debemos dar un paso más. Nuestra religión consiste en seguir a Cristo resucitado en la Iglesia. Esto requiere iniciar un camino que se ha de convertir en el objeto de toda una vida y que no se puede dejar al azar. Este proyecto debe estar sujeto por sólidos cimientos para alcanzar su finalidad: realizarnos plenamente en la persona de Jesús.

Transforma nuestras vidas

El seguimiento a Jesucristo debe transformar nuestras vidas, haciéndolas cada vez más semejantes a la de Él. En esta consiste la conversión a la que Dios nos invita, es decir, Él renueva nuestra vida y nos mueve a ver, con ojos nuevos, el mundo, la historia, la realidad, las personas... San Pablo, según narra el libro de las Hechos de los Apóstoles, nos enseña cuáles son los dos elementos fundamentales de esta renovación: el regreso a Dios y el cambio del modo de vida.

El regreso a Dios conlleva reconocer que nos hemos separado de Él y solo podremos volver aceptando nuestros fallos. Implica cambiar la mentalidad que se tiene para alejarse de aquello que nos impide ser libres y felices. Jesús nos enseña cómo vivir y el camino que debemos tomar para alcanzar el proyecto que Dios tiene pensado para todos nosotros. Nos muestra una nueva forma de vida plena que consiste en conocernos, aceptarnos y amar al prójimo y a la Creación. Si no nos queremos a nosotros mismos, no podemos querer a los demás. Y no podemos amar a Dios si no queremos a nuestras hermanas y hermanos.

En la primera carta de san Juan encontramos una síntesis de todo esto que nos puede ayudar a entenderlo mejor: "Si alguno dice "amo a Dios" y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ves" (1 Jn 4, 20).

El deseo sincero de Dios nos lleva a evitar el mal y a hacer el bien. Esta conversión del corazón es ante todo un don gratuito de Dios, que nos ha creado para sí y en Jesucristo nos ha redimido; nuestra verdadera felicidad consiste en permanecer en Él (cf. Jn 15, 4). (...) Pero ¿qué es en realidad convertirse? Convertirse quiere decir buscar a Dios, caminar con Dios, seguir dócilmente las enseñanzas de su Hijo, de Jesucristo.

Benedicto XVI, Audiencia general, 21 de febrero de 2007

La conversión es un acto libre y voluntario del ser humano. A lo largo de la historia, muchas personas cristianas han aceptado esta invitación y han dado testimonio de una vida transformada par el Señor.

Ejemplo de esto son:

  • San Francisco de Asís (siglo XII). Un joven burgués y vividor con sueños de nobleza que lo abandono todo para seguir a Jesucristo y construir la Iglesia de los pobres.
  • María Gaetana Agnesi (1718-1799). Fue la primera mujer designada para una cátedra en Matemáticas. Con 21 años quiso entrar en un convento, pero su padre no se lo permitió. Cuando este murió, abandonó su carrera para dedicarse a la teología y a ayudar a los necesitados, posteriormente entró en la orden agustiniana.
  • Oscar Wilde (1854-1900). Escritor irlandés que, a su paso por la cárcel, descubrió a Dios y abrazó su espiritualidad.
  • Charles de Foucauld (1858-1916). En su adolescencia se aparto de la fe, pero con 28 años volvió para seguir los pasos de Jesús y con 43 se ordenó sacerdote. Se marchó a Argelia, al desierto del Sáhara, donde murió asesinado.
  • Flannery O'Connor (1925-1964). Escritora estadounidense que en sus obras aborda la fe católica y la religiosidad de forma muy personal. Con 25 años le diagnosticaron lupus, no obstan te, llevó su enfermedad de forma admirable y con sentido del humor.

En nuestra época, Dios nos habla y actúa a través de los acontecimientos del día a día. Muchas son las personas que siguen respondiéndole y aceptando su invitación. ¿Estás atento a su voz?

Con amor, fe y esperanza

Este proyecto de vida cristiano que nace del encuentro con Jesús debe tener como medida el amor, como guía la fe y como fuerza la esperanza.

  • El amor como medida nos ayudará a conocer si nuestras acciones van por el camino correcto o no. En algunas ocasiones nos encontramos con la dificultad de saber qué opciones seguir o cómo debemos actuar con nosotros y con los demás. Un cristiano puede encontrar la respuesta fácilmente, preguntándose: ¿qué haría Jesús en nuestra situación? Las acciones que definen la vida deben estar llenas de amor: un amor que es imagen del amor que Jesús nos transmitió con sus palabras y sus actos, y que llevó hasta el extremo al entregar su vida por nosotros.
  • Además, este proyecto se debe dejar guiar por la fe. Nuestra fe no es individualista, sino que se comparte en la Iglesia, se celebra en comunidad. Y no consiste en un conjunto de creencias, sino que se hace vida al servicio de los demás. Los cristianos debemos movilizarnos en la lucha por la justicia, la paz y el bien común no porque esté de moda, sino porque somos seguidores de Cristo y nos hemos comprometido a continuar con su misión.
  • La esperanza es la gasolina del cristiano. Ella nos impulsa para superar las dificultades y llegar hasta la meta el Reino de Dios. Esto no significa perder la ilusión de luchar por un mundo nuevo, porque sabemos que con la luz de Cristo nuestras vidas y nuestra sociedad pueden ser mejores que sin ella.

Si queremos que (la vida) tenga realmente sentido y sea plena, como ustedes desean y merecen, les digo a cada uno y a cada una de ustedes: «pon fe» y tu vida tendrá un sabor nuevo, tendrá una brújula que te indicará la dirección; «pon esperanza» y cada día de tu vida estará iluminado y tu horizonte no será ya oscuro, sino luminoso; «pon amor» y tu existencia será como una casa construida sobre la roca, tu camino será gozoso, porque encontrarás tantos amigos que caminan contigo. ¡Pon fe, pon esperanza, pon amor! 

PAPA FRANCISCO, Homilía en la fiesta de acogida a los jóvenes en la JMJ  de Río de Janeiro en julio de 2013 

Guiados por el Espíritu Santo

Jesús comprende que este proyecto es difícil de realizar por nosotros mismos y es por ello por lo que nos promete y envía su Espíritu para que nos ayude a transformar nuestro interior y poder obtener una vida plena.

El Espíritu Santo es el que, desde el Bautismo, nos hace ser y sentirnos hijas e hijos de Dios. Él es un regalo que se nos ofrece, se nos da, nos acompaña y nos guía en nuestras vidas si lo aceptamos y acogemos. Este ofrecimiento lo ratificamos a través del sacramento de la Confirmación. Es en este momento cuando recibimos sus dones y su presencia en lo más íntimo de nuestro ser, provocando en nosotros una nueva vida, estimulándonos y animándonos para llevar un verdadero proyecto de vida cristiana en su existencia.

Bajo el influjo del Espíritu Santo, la persona interior -espiritual- madura y se abre a una nueva vida dirigida por el conocimiento y amor de Dios, de su propio ser y del mundo. Se trata de un conocer esas realidades con los ojos de Dios y amarlas con el corazón de Dios. Así se dilata y se amplía la vida de la persona hasta límites de comunión inefables con Dios, con uno mismo y con el mundo.

Pablo Marti del Moral, Teología espiritual, pág. 154


viernes, 26 de septiembre de 2025

1. PODEMOS SER FELICES

 


¿Qué es para ti la felicidad?

Aunque la felicidad es un estado subjetivo, los psicólogos nos han facilitado en los últimos años muchas claves concretas acerca de qué nos hace más felices o infelices.

Por ejemplo, ¿sabías que solo alrededor de la mitad de tu capacidad para ser feliz está determinada por la genética? Es lo que los expertos denominan tu punto nodal de la felicidad. Puedes mejorar o empeorar tu tendencia innata a ser más o menos feliz, pero,al igual que ocurre con tu peso, tiendes a volver a tu punto medio.

Aproximadamente otro 10 % de tu capacidad de ser feliz depende de tus circunstancias. Y el 40% restante es el producto de tu comportamiento diario, de tu enfoque vital y de cómo juzgas a los demás y a ti misma. Así que mucho está en tus manos.

Redes. La mirada de Elsa: "Balanza de la felicidad"

PUNTO DE PARTIDA

  • ¿Cómo definirías la felicidad?
  • ¿Piensas que la felicidad se construye día a día?, ¿de qué depende, de la suerte que tengas o de tu <<destino>>? Razona tu respuesta.
  • ¿Crees que se puede ser feliz viviendo una situación difícil como la muerte de un familiar, una enfermedad crónica, una discapacidad...?
  • ¿Qué te hace feliz?



INTERPRETA DESDE LA BIBLIA



                         Los proverbios flamencos, Pieter Brueghel el Viejo, 1559, Gemäldegalerie de Berlin.

¿Quién escribe este texto?

Es el único libro de la Biblia firmado por su autor, Jesús Ben Eleazar Ben Sira, maestro judío, como refleja el capítulo 50, versículo 27: "Doctrina de ciencia e inteligencia ha condensado en este libro Jesús, hijo de Sira, hijo de Eleazar, de Jerusalén, que de su corazón derramó sabiduría a raudales".

¿A quién va destinado?

Para las personas que deseen crecer espiritualmente. El autor, como buen judío de su época, tenía una mentalidad machista; no obstante, su texto le haría la competencia a cualquier libro de autoayuda, pues sus consejos siguen siendo válidos.

¿Cuándo se compuso este texto?

Escrito en hebreo hacia el año 180 a. C. en Jerusalén.

Otros datos

Este libro también es conocido como Sirácida o de Ben Sira. Recibe el nombre de Eclesiástico porque las primeras comunidades cristianas lo leían con bastan- te frecuencia en la Iglesia antigua, llegando a convertirse en el «libro de la asamblea» (ecclesia).

¿Qué nos dice este texto?

Este texto, que traduce del hebreo al griego el nieto de Ben Sira, nos hace reflexionar sobre nuestra forma de actuar para conseguir ser una persona íntegra.

¿En qué ponemos nuestro corazón?, ¿a dónde queremos llegar?, ¿qué tipo de persona queremos ser? Lo primero que hace es determinar los valores y virtudes que nos pueden ayudar a alcanzar la felicidad y la plenitud como personas.

En algunas ocasiones podemos pensar que con el dinero se puede conseguir todo. Pero Ben Sira, ya en el siglo II a. C., nos dice que no es así, que es más importante tener buena salud física, mental y espiritual para construirnos como personas libres y felices. Porque, ¿para qué necesito grandes tesoros si no voy a poder disfrutar de ello por culpa de una enfermedad?

El autor también nos advierte de que, si nos encerramos en nosotros mismos debido a las dificultades o los problemas, la vida pasará de largo sin darnos cuenta de lo bueno que acontece a nuestro alrededor, desaprovechando los días, llenándolos de tristeza y mal humor. Así perderemos el tiempo y no le sacare- mos ningún beneficio, apagando la alegría del corazón. Al final del texto recuerda otros aspectos que nos de- ben ayudar a reflexionar y construirnos como personas: 

  • Cuidar de no caer en la envidia, sabiendo aceptar y aprovechar todo lo que somos y tenemos.
  • No emitir juicios sobre los demás. Ser empáticos, ponernos en el lugar y las circunstancias de la otra persona para comprenderla mejor.
  • Reflexionar antes de realizar cualquier acto. Todas las decisiones que tomamos tienen sus propias consecuencias, por eso es conveniente no realizar nada a la ligera y pararnos a pensar en las repercusiones que podrían tener nuestros actos.



Reconocer a Dios en nuestra vida

"Alabado seas, mi Señor,
por la hermana nuestra madre tierra,
la cual produce diversos frutos
con coloridas flores y hierbas»,

Del Cántico de las criaturas, de san Francisco de Asís.

Un regalo para la humanidad 

Cuando nacemos, abrimos los ojos a una realidad nueva. Tenemos todo un mundo por descubrir y explorar, un universo de posibilidades que se pone a nuestro servicio. Este es el regalo de Dios, el que hizo a la mujer y al hombre al finalizar su Creación. Al hablar de la Creación en la Biblia, nos referimos a un relato literario que, entre otras cosas, expresa el amor que Dios le tiene a la humanidad. Él deja su sello en su obra: al contemplar un paisaje, no solo estamos ante la naturaleza, sino que en ella los creyentes reconocemos la mano de Dios.

El regalo de la Creación no solo se limita al mundo natural. Personas, acontecimientos, todo cabe dentro de su envoltorio; somos criaturas de Dios, hemos sido creados por Él. Por eso reflexionar sobre lo que hemos vivido nos ayuda a descubrir a Dios en cada momento, siempre que lo hagamos con los ojos de la fe. Algunas personas creen que nuestro futuro está escrito en algún sitio. Para los cristianos católicos el destino no existe, Dios nos quiere tanto que nos da la capacidad de elegir. Y las decisiones que to- memos irán conformando nuestra vida.

Dios, fuente de respuestas

El creyente descubre a Dios en los encuentros cotidianos con el mundo y con el resto de los seres que le rodean. Es una experiencia que surge de la necesidad de dar un sentido a la vida.

Dios se revela al mundo, se da a conocer a través de las distintas vivencias que tiene el ser humano. Estas vivencias brotan de realidades que sirven de mediaciones, abarcando la totalidad de la persona y condicionando su forma de pensar, actuar y vivir.