jueves, 26 de marzo de 2026

SEMANA SANTA EN EL PUERTO DE SANTA MARÍA


 AGRUPACIÓN PARROQUIAL NUESTRO PADRE JESÚS EN SU PRENDIMIENTO, MARÍA SANTÍSIMA DEL PERDÓN, SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE Y SAN TARSICIO MÁRTIR

 

 

 

 


APOSTOLADO DE LA ORACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES, MADRE DEL CORAZÓN DE CRISTO, SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA 

 

 



HERMANDAD DE LA ENTRADA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO EN JERUSALÉN Y NUESTRA SEÑORA DE LA ENTREGA





HERMANDAD SACRAMENTAL Y COFRADÍA DE NAZARENOS DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA FLAGELACIÓN, MARÍA SANTÍSIMA DE LA AMARGURA, SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA







REAL, SACRAMENTAL Y FRANCISCANA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE NTRO. PADRE JESÚS DE LOS AFLIGIDOS, MARÍA SANTÍSIMA DEL ROSARIO EN SUS MISTERIOS DOLOROSOS Y SAN FRANCISCO DE ASÍS





FERVOROSA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA MISERICORDIA Y NUESTRA SEÑORA DE LA PIEDAD

 

 

 

 


HERMANDAD DE NUESTRO PADRE JESÚS CAUTIVO Y MARÍA SANTISÍMA DEL DOLOR Y SACRIFICIO
 





HERMANDAD DE LA SAGRADA ORACIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO EN EL HUERTO Y MARÍA SANTÍSIMA DE GRACIA Y ESPERANZA

 

 


REAL MUY ANTIGUA Y FERVOROSA HERMANDAD DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA HUMILDAD Y PACIENCIA Y NUESTRA SEÑORA DEL DESCONSUELO, SAN JUAN EVANGELISTA Y SAN PEDRO APÓSTOL EN SUS TRES NEGACIONES 




FERVOROSA, ILUSTRE Y ANTIGUA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE ÁNIMAS DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO, NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO, MARÍA SANTÍSIMA DE LOS DOLORES, SAN JUAN EVANGELISTA, ORDEN TERCERA DE SERVITAS Y SANTA CRUZ DE JERUSALÉN

 

 


ILUSTRE Y ANTIGUA HERMANDAD DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA VERACRUZ, NUESTRA SEÑORA DEL MAYOR DOLOR, SAN JUAN EVANGELISTA Y MARÍA SANTÍSIMA DE CONSOLACIÓN Y LÁGRIMAS 

 

 


REAL, ILUSTRE Y MUY ANTIGUA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE NUESTRA MADRE Y SEÑORA DE LA SOLEDAD, SANTO ENTIERRO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Y SAN FRANCISCO DE PAULA
 

 


HERMANDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO RESUCITADO, NUESTRA SEÑORA DE LA ALEGRÍA Y SANTA ÁNGELA DE LA CRUZ
 

 





AGRUPACIÓN PARROQUIAL DE NUESTRO NUESTRO PADRE JESÚS DE LA REDENCIÓN EN EL BESO DE JUDAS, MARÍA SANTÍSIMA DE LA PAZ Y MADRE DE DIOS DEL ROCÍO



domingo, 15 de febrero de 2026

CUARESMA 2026

 



MENSAJE PARA LA CUARESMA 2026




 

jueves, 5 de febrero de 2026

lunes, 2 de febrero de 2026

4. COMENCEMOS A HACER ALGO


 


PUNTO DE PARTIDA

  • ¿Qué quiere demostrar el profesor?
  • ¿Qué argumenta el joven Einstein para contradecirle? ¿A qué conclusión llega?
  • ¿Qué piensas tú sobre ello?


INTERPRETA DESDE LA BIBLIA


Adán y Eva tentados por la serpiente, siglo XII,
iglesia de SAn Adreu de Sagás, Lleida.

¿Quién escribe este texto? 

El libro del Génesis es la recopilación de escritos de varias escuelas o autores.

¿A quién va destinado?

A todos los creyentes que quieren conocer la respuesta a las grandes preguntas de la humanidad, como el origen del mal, desde la perspectiva religiosa y a través de imágenes y símbolos metafóricos.

¿Cuándo se compuso este texto?

Su edición se realizó en torno al año 400 antes de Cristo.

Otros datos

Este libro se conoce como Génesis, que significa principio, ya que en él se relata el origen de todo lo conocido. Tiene como objeto explicar quién es Dios y el comienzo de su relación con la humanidad. Emplea muchos símbolos e imágenes para acercarnos a este misterio, por eso tenemos que interpretarlo como un texto religioso y didáctico. Se puede dividir en dos partes: una primera que comprendería los once primeros capítulos y guarda relatos sobre la Creación, la historia de Adán y Eva, y la de Noé. A partir del duodécimo capítulo se describe la época de los patriarcas de Israel.

¿Qué nos dice este texto?

La Biblia comienza con el relato de la Creación y le sigue el del pecado original. Con él se quiere explicar la aparición del mal en el mundo, a causa de la desconfianza de Adán y Eva hacia Dios, y las consecuencias de su mala decisión. Esta es reflejada en el texto con la imagen de los dos comiendo del fruto prohibido. Ya sabemos que este relato no es histórico ni verídico y que solo tiene una intención educativa. En este caso, la enseñanza es que debemos tener cuidado con las tentaciones que nos hacen ver el mal como bien, con el fin de intentar confundirnos y hacernos sentir como dioses.

Como nos recuerda nuestro Catecismo, el concepto de pecado original es una verdad esencial de nuestra fe. San Agustín fue el primero en hablar del pecado original, pero no se estableció como doctrina hasta el Concilio de Cartago (año 418). En él se afirma que es una mancha que todos poseemos tan solo por el hecho de nacer. De ahí que el Bautismo fuera necesario para librarnos de ella.

El autor del relato bíblico destaca también que Adán y Eva se sintieron desnudos. Con esta metáfora se quiere decir que en la persona aparece un sentimiento de culpa porque sabe que ha hecho algo mal y esto la lleva a sentirse débil, indefensa y avergonzada. En definitiva, el pecado rompe la armonía interna del ser humano, aunque Dios nos da una nueva oportunidad para mejorar, a través del sacramento de la Reconciliación.


Está en tu mano

¿Existe el mal?

Si nos damos una vuelta por las grandes sagas de la literatura o del cine veremos que, en todas ellas, hay dos elementos principales: alguien que encarna la maldad sin más y personas que, aunque son héroes, sufren una lucha interna entre el bien y el mal. Y es que estas grandes historias nos enseñan que el mal existe desde el origen del mundo y que en la vida real no hay buenos y malos; las decisiones que tomamos marcan la diferencia. Unas hacen del mundo un lugar mejor, otras, lo empeoran. Estas últimas son las que los cristianos denominamos pecado.

¿Qué es el pecado?

Todos conocemos el término pecado, pero ¿sabemos bien qué significa y las implicaciones que tiene?

El Catecismo para Jóvenes (Youcat) lo define así:

Un pecado es una palabra, un acto o una intención con la que una persona atenta, consciente y voluntariamente, contra el verdadero orden de las cosas, previsto así por el amor de Dios. Pecar significa más que infringir alguna de las normas acordadas por los hombres. 

El pecado se dirige libre y consciente contra el amor de Dios y lo ignora. El pecado es en definitiva «el amor de sí hasta el desprecio de Dios» (san Agustín), y en caso extremo la criatura pecadora dice: Quiero ser "como Dios» (Gén 5). Así como el pecado me carga con el peso de la culpa, me hiere y me destruye con sus consecuencias, igualmente envenena y afecta también a mi entorno. En la cercanía de Dios se hacen perceptibles el pecado y su gravedad.

Youcat 315

Para entender bien este concepto, vamos a explicarlo más detenidamente desglosando esta definición:

1. Palabra, acto o intención consciente y voluntaria.

Las personas somos seres imperfectos y, a lo largo del día, podemos decir, hacer o simplemente pensar algo que vaya en contra de nosotros mismos o de los demás, y que rompa nuestra relación con Dios. Pero se podría añadir algo más.

Cuando, al principio de la Eucaristía, rezamos Yo Confieso, reconocemos que pecamos de «palabra, obra y omisión». Y es que hay veces que el pecado no es un acto en sí, sino poder hacer algo bueno y no hacerlo.

Por ejemplo, cuando no defendemos a quien lo necesita, cuando nos quitamos de en medio y no ayudamos en las tareas de la casa, o cuando vemos que alguien se está equivocando y no decimos nada.

En estos momentos tenemos la posibilidad de actuar, pero decidimos no hacerlo sin pensar, a veces, en las consecuencias que esto podría ocasionar para mí y para otras personas.

Por otro lado, el pecado en sí es un acto consciente y voluntario, ya que estamos dotados de libertad y, por ello, capacitados para optar entre el bien y el mal. Sabiendo esto, debemos estar atentos y tener cuidado con quienes nos intentan confundir y nos tientan a tomar malas decisiones. Sin olvidar que, al final, somos nosotros los responsables de nuestros actos y de sus consecuencias.

2. "Amor de sí hasta el desprecio de Dios" (san Agustín).

El relato del pecado original o el de la Torre de Babel hacen alusión a esta ambición que las personas tienen de querer ser como Dios. Fruto de esto son el egocentrismo o la prepotencia, contravalores arraigados en la sociedad de hoy en día. Nuestro error está en creernos por encima de los demás. A gran escala, las guerras, el racismo, o la explotación laboral son el resultado de querer estar por encima del prójimo. Pero igualmente lo son el acoso, la discriminación o las burlas que sufren algunas personas. Dios está en cada uno de nosotros, por ello negar al prójimo es negar a Dios y actuar como si fuéramos superiores a los demás es querer ser como Él. Hasta que no superemos esto no podremos hablar, como cristianos, de la verdadera fraternidad.

3. Afecta también a mi entorno

No somos individuos aislados, sino que vivimos insertos en una sociedad. Por ello, las consecuencias del pecado no solo afectan a la persona que lo comete, sino que repercuten en los demás; incluso, sin quererlo, podemos provocar una reacción en cadena. Por ejemplo, si compramos algo robado estaremos fomentando que se siga robando; o si lanzamos un rumor falso sobre alguien, podemos provocar que surjan otras mentiras o que esa persona sufra acoso o discriminación. Nuestras malas decisiones promueven que exista el mal en el mundo y no solo repercuten en las personas, también en nuestra <<casa común», la Tierra. En el proyecto anterior aprendimos que Dios nos hizo sus colaboradores y nos dio la capacidad de crear; pero nosotros, con nuestra libertad, adquirimos la capacidad de destruir. ¿Cuál de ellas ponemos más en práctica? ¿Crear o destruir?

Aunque la persona es un ser social, en ocasiones también actúa asocialmente: el egoísmo, la codicia y la soberbia lo llevan a veces a someter a los demás con intenciones equivocadas, así como a explotarlos, abusar de ellos o dejarlos indefensos. La comunidad verdadera es una unión libre de las personas que buscan el bien para sí mismas para otras, y que solo de esta manera llegan al bien común que tan difícil resulta de alcanzar a la persona individual. Puede servir como ejemplo el trabajo de una orquesta, que solo suena bien cuando en ella se reúnen múltiples talentos.

Docat 62

4. En la cercanía de Dios se hacen perceptibles el pecado y su gravedad.

Desde pequeños, algo en nuestro interior nos ayuda a diferenciar el bien del mal, aunque a veces no le hacemos caso; además nos hace reflexionar después de una mala acción. Esa es la voz de nuestra conciencia, la voz de Dios.

Jesús nos enseñó que Dios es amor, que es un Padre-Madre bueno que nos perdona siempre y espera que volvamos a Él cuando nos desviamos de su camino. Por ello, en primer lugar, envió a su Hijo Jesucristo, quien llevó el peso de nuestros pecados hasta la cruz. Y después nos invita al sacramento de la Reconciliación. En él, no confesamos nuestras faltas ante un juez, sino ante un sacerdote que en nombre de Jesús nos recuerda sus palabras: «Tampoco yo te condeno. Anda y en adelante no peques más» (Jn 8, 11). Este sacramento debe ser una fiesta porque celebramos el encuentro con el Señor de la vida. Él se sirve de nuestras debilidades para hacernos mejores. Toma la iniciativa, nos inunda con el don gratuito de su amor y nos invita a comenzar de nuevo.

Homilía del papa Francisco en Santa Marta,
17 de marzo de 2020




domingo, 1 de febrero de 2026

MANOS UNIDAS: CAMPAÑA 2026





MANOS UNIDAS: ¿QUÉ ES Y QUÉ HACE?

Manos Unidas es la Asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda promoción y desarrollo de los países más empobrecidos, que da vida a las palabras de Jesucristo: "Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber". En 1959 lanzó la primera Campaña contra el Hambre de pan, de Dios y de cultura.

Es también una Organización No Gubernamental de Desarrollo, de voluntarios, católica y seglar.

Su misión es luchar contra la pobreza, el hambre, la desigualdad... buscando erradicar las causas estructurales que las producen.

Lo hace mediante actividades de educación para el desarrollo: charlas, cursos de formación, campañas de sensibilización, ya través de proyectos de cooperación al desarrollo, trabajando codo con codo, con las comunidades locales del sur a las que acompaña.

¿QUÉ PRETENDE?

  • Sensibilizar a la comunidad cristiana e invitar a compartir vida, experiencia y bienes con los hermanos más necesitados, colaborando para hacer realidad el sueño de Dios: que todos tengamos una vida digna.
  • Ofrecer a catequistas y formadores, recursos para un proceso de conversión que ayude al compromiso con una economía centrada en la persona y al bien común, que comparta la prosperidad frente a una economía que mata y que alimenta el hambre y la desigual dad Apostamos por el destino universal de los bienes tomando conciencia de la responsabilidad que tenemos en la perpetuación de las estructuras de pecado y de la necesidad de transformarla para hacer real el principio de dignidad que nos iguala a todos como seres hijos de Dios.


ACTIVIDAD: LAS CINCO FÓRMULAS MÁGICAS



JESÚS DE NAZARET: EL MENSAJE DE JESÚS

El Reino de Dios

El mensaje central del evangelio es la proclamación y llegada del Reino de Dios. El Reino de Dios es la Buena Noticia que ha traído Jesús a la humanidad para salvarla del pecado, del mal y de la muerte. El Reino es también un proyecto que comienza en esta vida y tiene su plena realización al final de los tiempos y en el otro mundo.

Para entrar a formar parte del Reino es necesario convertirse, cambiar de vida y orientarla hacia Jesús. La conversión se produce cuando nuestra vida queda orientada hacia Dios, rechazando la servidumbre de este mundo: el dinero. «Nadie puede servir a dos amos; porque odiará a uno y querrá a otro, o será fiel a uno y al otro no le hará caso. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24). La vida de aquellos que han optado por el Reino viven los valores que encarnó Jesús como son el amor, la confianza en Dios, el perdón, la misericordia, la paciencia, la oración, la generosidad, la verdad, rechazo de la injusticia, opción por la pobreza, etc., y se comprometen a entregarse, al igual que Él, por una humanidad nueva, con el fin de crear un mundo más justo y más humano.

Las parábolas

Para enseñar y explicar el mensaje del Reino, Jesús contaba parábolas. La parábola es un relato que utiliza imágenes de la vida cotidiana, de la familia, del campo, del trabajo, de la sociedad... es decir, del mundo y experiencia que conocían aquellas gentes, tratando de establecer una relación entre la imagen utilizada y el mensaje.

La parábola tiene como finalidad transmitir una enseñanza y hacer reflexionar a las gentes para que cambien sus vidas y sigan los valores del Reino para entrar en él. El lenguaje era tan sencillo que incluso un niño podía comprenderlo. Las personas que escuchaban las parábolas de Jesús se sentían obligadas, aunque no quisieran, a tomar posición sobre su persona y sobre su misión, ya que no son simples historias. Las parábolas están llenas del Misterio de Dios.

Las Bienaventuranzas

El proyecto y proclamación que Jesús hace del Reino lo hallamos en las Bienaventuranzas. En ellas encontramos las condiciones para que el Reino se realice y la felicidad que se conseguirá, como meta de la existencia humana.

Las Bienaventuranzas son la Buena Noticia de que Dios viene a salvar y liberar a los más necesitados y desfavorecidos de la sociedad. A ellos se les llama felices no porque su situación sea dichosa, sino en cuanto que esa situación que padecen está proyectada a un futuro lleno de esperanza.

La bienaventuranza es un compromiso. Optar por el Reino de Dios es optar por la justicia y rechazar la injusticia, la ambición del poder. Es optar por la generosidad, la igualdad, la libertad y la hermandad de todos.

Los milagros de Jesús

La realización del Reino de Dios se hizo presente en cada uno de los gestos que realizó Jesucristo a lo largo de toda su vida. Una de esas obras son los milagros. La predicación de Jesús iba siempre acompañada de acciones para hacer el bien a todos los que estaban a su lado, sobre todo a los más necesitados como eran los pobres y los enfermos. Con ellos realizó multitud de prodigios y milagros. Los apóstoles describieron de esta forma a Jesús: «Jesús de Nazaret fue el hombre a quien Dios acreditó ante vosotros con los milagros, prodigios y señales que realizó por medio de él entre vosotros, como bien sabéis» (Hch 2,22).

Los milagros son los signos del Reino de Dios. Con la realización de los milagros, Jesús nos está haciendo ver que el Reino de Dios se está realizando. Es decir, que el desorden y todos los males que introdujo el pecado van a terminar y se va a instaurar de nuevo el orden que Dios había establecido en la creación. Con Jesús se inaugura un nuevo orden de cosas, una nueva creación. Vistos así, los milagros son "signos" del Reino, el cumplimiento de los bienes prometidos por los profetas. El tiempo se ha cumplido. Jesús demuestra con su vida que se está realizando lo que decía el profeta Isaías. Esta es la respuesta de Jesús a los que le preguntaban si Él era el mesías: «ld y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva» (Mt 11,4-5).

Los milagros nos invitan a creer en Jesús (Jn 10,38), se realizan en aquellos que tienen fe en Él (Mt 5,25-34), no son actos mágicos que busquen la fama, el hacerse rico o el prestigio y lo que persiguen es la liberación de la injusticia (Lc 19,8), de la enfermedad y la muerte (Mt 11,5) y sobre todo de la esclavitud del pecado, que es la raíz de todos los males. "Yo os aseguro que todo el que comete pecado es esclavo del pecado. (...) Por eso, si el Hijo os da la libertad, seréis verdaderamente libres» (Jn 8,34-36)". Por eso la victoria de Jesús sobre el mal que le asedia al hombre es el comienzo del fin del reino del maligno y el anticipo de la victoria de los justos que se realizará plenamente al final de los tiempos.

Pero los milagros, aunque tienen su origen en Jesús, no terminan con Él, ya que el poder y la gracia de Dios permaneció en sus discípulos cuando éstos recibieron el Espíritu Santo.

Los milagros son la proclamación de la justicia divina y el grito de alegría de todos los que esperaban y esperan verse libres de toda clase de males, enfermedades, fuerzas naturales adversas (Mt 8,25; Lc 14,30), de los demonios (Lc 8,36), de la muerte.