jueves, 26 de marzo de 2026

SEMANA SANTA EN EL PUERTO DE SANTA MARÍA


 AGRUPACIÓN PARROQUIAL NUESTRO PADRE JESÚS EN SU PRENDIMIENTO, MARÍA SANTÍSIMA DEL PERDÓN, SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE Y SAN TARSICIO MÁRTIR

 

 

 

 


APOSTOLADO DE LA ORACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES, MADRE DEL CORAZÓN DE CRISTO, SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA 

 

 



HERMANDAD DE LA ENTRADA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO EN JERUSALÉN Y NUESTRA SEÑORA DE LA ENTREGA





HERMANDAD SACRAMENTAL Y COFRADÍA DE NAZARENOS DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA FLAGELACIÓN, MARÍA SANTÍSIMA DE LA AMARGURA, SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA







REAL, SACRAMENTAL Y FRANCISCANA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE NTRO. PADRE JESÚS DE LOS AFLIGIDOS, MARÍA SANTÍSIMA DEL ROSARIO EN SUS MISTERIOS DOLOROSOS Y SAN FRANCISCO DE ASÍS





FERVOROSA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA MISERICORDIA Y NUESTRA SEÑORA DE LA PIEDAD

 

 

 

 


HERMANDAD DE NUESTRO PADRE JESÚS CAUTIVO Y MARÍA SANTISÍMA DEL DOLOR Y SACRIFICIO
 





HERMANDAD DE LA SAGRADA ORACIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO EN EL HUERTO Y MARÍA SANTÍSIMA DE GRACIA Y ESPERANZA

 

 


REAL MUY ANTIGUA Y FERVOROSA HERMANDAD DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA HUMILDAD Y PACIENCIA Y NUESTRA SEÑORA DEL DESCONSUELO, SAN JUAN EVANGELISTA Y SAN PEDRO APÓSTOL EN SUS TRES NEGACIONES 




FERVOROSA, ILUSTRE Y ANTIGUA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE ÁNIMAS DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO, NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO, MARÍA SANTÍSIMA DE LOS DOLORES, SAN JUAN EVANGELISTA, ORDEN TERCERA DE SERVITAS Y SANTA CRUZ DE JERUSALÉN

 

 


ILUSTRE Y ANTIGUA HERMANDAD DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA VERACRUZ, NUESTRA SEÑORA DEL MAYOR DOLOR, SAN JUAN EVANGELISTA Y MARÍA SANTÍSIMA DE CONSOLACIÓN Y LÁGRIMAS 

 

 


REAL, ILUSTRE Y MUY ANTIGUA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE NUESTRA MADRE Y SEÑORA DE LA SOLEDAD, SANTO ENTIERRO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Y SAN FRANCISCO DE PAULA
 

 


HERMANDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO RESUCITADO, NUESTRA SEÑORA DE LA ALEGRÍA Y SANTA ÁNGELA DE LA CRUZ
 

 





AGRUPACIÓN PARROQUIAL DE NUESTRO NUESTRO PADRE JESÚS DE LA REDENCIÓN EN EL BESO DE JUDAS, MARÍA SANTÍSIMA DE LA PAZ Y MADRE DE DIOS DEL ROCÍO



domingo, 15 de febrero de 2026

CUARESMA 2026

 



MENSAJE PARA LA CUARESMA 2026




 

martes, 10 de febrero de 2026

CRISTO VIVE EN LA IGLESIA

 
La comunicación no verbal

El proceso de globalización, del cual somos testigos y partícipes desde hace tiempo, ha dado lugar a interacciones interculturales constantes. En estas interacciones, la comunicación no verbal (CNV) es clave porque la mayoría de los significados generados en los encuentros con otras personas se forman a través del tacto, contacto visual, gestos y expresiones faciales.
Se estima que, en general, la comunicación verbal supone un 35% y el resto se corresponde a la CNV. [...]
La mayor parte del comportamiento no verbal se aprende después de nacer. Sus funciones, dimensiones y uso adecuado se adquieren en el seno de una cultura. [...] Las diferencias culturales más destacables se encuentran
en la expresión de lenguaje corporal. [...]
En China, tanto hombres como mujeres se deben levantar cuando se les presenta a alguien. Los alumnos también deben levantarse para dirigirse al profesor. En EE. UU. se permite hablar estando sentado, sea cual sea la relación con el receptor.

Ming Cai, Reflection of cultural difference of the East and the West in nonverbal communication.
 
ESTOY SIEMPRE CON VOSOTROS
 
EL GRECO Resurrección de Cristo
Las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante Él. Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán».
Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».  
 
Mt 28, 8-10.16-20

¿Quién escribe este texto?

El autor de este texto es el evangelista san Mateo, a quien la tradición cristiana ha identificado con el personaje del capitulo 9 de este Evangelio. En él se narra la vocación de un hombre llamado Mateo, también conocido como Leví. Este era publicano, cobrador de impuestos para el Imperio romano. Los que ejercían este trabajo no eran aceptados por la sociedad, ya que además en ocasiones extorsionaban a la gente para el pago.

¿A quién va destinado?

A las comunidades cristianas en general, tanto de origen judío como no judío. San Mateo quiso escribir un evangelio para todos, sin distinción, centralizado en el mensaje de Jesús. 

¿Cuándo se compuso este texto? 

Entre el año 70 y 100 después de Cristo.

Otros datos  

La intención de este Evangelio es esencialmente didáctica, es decir, quiere explicarnos algo sin preocuparse de datos o detalles geográficos e históricos. Lo importante es el mensaje, lo que nos quiere enseñar. San Mateo presenta a la comunidad cristiana como un lugar en el que todos se sienten hermanos e hijos de un mismo Padre, sin privilegios entre ellos, donde se practique la solidaridad de forma reciproca. Muestra a Jesús como el Mesías prometido que enseña la Nueva Ley e invita a ser fieles a Dios. 

¿Qué nos dice este texto? 

El texto bíblico que nos introduce en este tema nos describe el encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos en Galilea. Esta región es representativa, ya que fue donde Él mismo comenzó su misión anunciando el Reino de Dios.
También es significativo el lugar donde los cita, un monte, donde tradicionalmente Dios se había manifestado a su pueblo en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, en el Sinaí.
Jesús en este encuentro les encomienda a sus apóstoles una misión muy concreta: «ld y haced discípulos a todos los pueblos». Ahora que ya conocen quién es Jesús, pueden ir a anunciarlo por el mundo entero. De este modo, su mensaje llegará a todas las personas que no se sienten hijas e hijos de Dios y por tanto hermanos entre sí.
Lo más sorprendente es la afirmación que hace el propio Jesús: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos». Con esta declaración podemos tener la certeza de que Jesús resucitado está presente en medio de su Iglesia. Por eso, cuando nos reunimos en el nombre del Señor, no lo hacemos por nosotros mismos, sino con la certeza de que Él mismo se hace presente.


Jesús se hace presente

Comenzamos a celebrar 

Catacumba paleocristiana de Prata di Principato, Ultra, Italia.
Podemos definir liturgia como la acción de la Iglesia en la que Cristo se hace presente. Su función es ayudarnos en la relación con Dios, ya que comunicarnos con alguien que no se ve ni se puede oír directamente es algo casi incomprensible. 

Para los seguidores de Jesús, la fe es una liberación, una fiesta, una celebración. Siguiendo el mandato del Señor -«ld, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19)-, los discípulos comenzaron su misión, enseñando con palabras y con su testimonio de vida. Por las ciudades que pasaban proclamaban el Evangelio e iban creando pequeñas comunidades que continuarían la labor encomendada.

La primera comunidad cristiana surgió en Jerusalén, en el siglo I, y bajo el dominio del Imperio romano. Es el origen y modelo de todas las demás, que se caracterizaron por:

  • La enseñanza de los apóstoles, quienes guiaban y animaban a las comunidades a través de sus visitas y sus cartas (epístolas).
  • La comunión como unión común de todos, les hacía sentirse a todos iguales, hijos e hijas del mismo Dios y, por ello, hermanos.
  • La fracción del pan, celebración que hacía y hace presente a Jesús en medio de la Iglesia.
  • La oración personal y comunitaria como forma de establecer el diálogo con Dios.
  • La caridad fraterna, que se concretaba en compartir lo que tenían, no lo que les sobraba, con el fin de que todas las personas tuvieran una vida digna. 

Los cristianos acudían al templo para orar, pero se reunían en las casas para escuchar las enseñanzas de los apóstoles y celebrar la Eucaristía. Por ello, el apóstol san Pablo las llamó «iglesias domésticas». De esta manera, la familia se convirtió en el centro de la vida comunitaria y de la evangelización; compartían la vida, sus alegrías y preocupaciones y la comida que cada uno llevaba, leían la Palabra de Dios y reflexionaban sobre ella. Este fue el comienzo de la liturgia.

La liturgia, expresión de nuestra relación con Dios

A lo largo de la historia, la liturgia se ha vivido de diferentes maneras. Al principio fue una liturgia asamblearia, en la que todos participaban en igualdad, aunque el sacerdote se encargaba de la fracción del pan. Con el paso del tiempo la liturgia se volvió clerical, dejando a la asamblea (pueblo de Dios) como mera espectadora de las acciones de los sacerdotes.

El Concilio Vaticano II, de 1965, en la constitución Sacrosanctum Concilium, reformó la liturgia poniendo las bases para enriquecer la participación de toda la asamblea cristiana. Sustituyó el latín por la lengua de cada país y subrayó la importancia de las Sagradas Escrituras. También promovió la participación de los laicos con respuestas, salmos, cantos y gestos o posturas corporales. Incluso se dio importancia al silencio como parte de la celebración, ya que favorece la meditación y el recogimiento.

El lenguaje no verbal en la liturgia

El lenguaje no verbal forma parte también de la liturgia a través de gestos o posturas corporales. Estas nos ayudan a participar de la celebración y a expresar nuestras vivencias espirituales.

Según nuestra postura corporal

  • De pie. Expresamos respeto, atención, disponibilidad, con fianza, libertad. Es la postura de oración clásica de las primeras siglos del cristianismo.
  • De rodillas. Demostramos humildad, es una actitud de adoración, la que mejor expresa los sentimientos interiores que uno experimenta ante la grandeza y el amor de Dios. Nos invita a sentirnos limitados, pequeños, dirigiéndonos a Dios desde nuestra pequeñez. Cl mismo significado de humildad tiene el gesto de golpearse el pecho o inclinar la cabeza.
  • Sentados. Mostramos tranquilidad, paz y una actitud de escucha y espera. Además, favorece la concentración. 

Según nuestros gestos

Las manos hablan y transmiten lo que a veces somos incapaces de hacer con las palabras.

  • Santiguarse. Hacer el signo de la cruz sobre nuestro cuerpo significa aceptar la cruz de Cristo y consagrar nuestros pensamientos, palabras y deseos a Dios.
  • Brazos abiertos y elevados. Es una de las posturas más típicas de la persona que reza. Es una imagen que ya encontramos en las primeras representaciones religiosas, la cante. Expresa alabanza y gratitud, a una petición.
  • Manos abiertas con las palmas hacia arriba. Es un signo que representa humildad en la persona que tiene una necesidad y espera ser atendida.
  • Manos unidas. Muestran actitud de concentración y recogimiento. Las manas están inactivas, quietas, palma can palma, con o sin los dedos entrelazados.
  • Aplaudir. Es una forma de manifestar alegría o admiración de parte de la comunidad cristiana ante un hecho, como puede ser la consagración u ordenación de una persona.

Nuestras posturas corporales, el gesto con nuestras manos, la oración no pueden ser hechas aprendidas y realizadas mecánicamente, sino que tienen que hacerse de forma consciente y expresar, en cada momento, con nuestros labios, cuerpo y gesto, lo que el corazón siente, agradece o pide a Dios.

Otros signos naturales

Hay elementos tomados de la naturaleza y de la propia cultura que se convierten en símbolos de la unión entre nosotros y Dios.

  • Las flores. Además de ser un elemento decorativo, nos sugieren vida, alegría, amor... Por este motivo, en los tiempos de preparación como el Adviento o la Cuaresma, se recomienda que su presencia sea mínima o no haya. Así, cuando llegue la Navidad la Pascua se mostrará a través de ellas la alegría de la vida (nacimiento de Jesús o resurrección).
  • El incienso. Olor que se produce por la cremación de unas resinas. Se suele usar:

- Durante la procesión de entrada para indicar respeto hacia el lugar donde vamos a celebrar. Antes de la lectura del Evangelio como signo de respeto hacia Dios, quien nos va a hablar a través ce esas palabras.

- En el ofertorio para simbolizar que esas ofrendas, y la oración que se realiza, suben hacia Dios. 

- En la consagración, indicando la presencia del Señor.

  • La ceniza. Se utiliza el Miércoles de Ceniza, día en el que comenzamos la Cuaresma. Es un signo de penitencia que refleja la voluntad de conversión, por eso, cuando se nos impone sobre la cabeza, el sacerdote nos dice: «Conviértete v cree en el Evangelio». Estas cenizas se obtienen al quemar las palmas de olivos usadas en la celebración del Domingo de Ramos del año anterior.


La Iglesia, lugar de celebración

La palabra iglesia nombra, por extensión, al templo cristiano donde se reúne la Iglesia, es decir, la asamblea de los creyentes. Los templos cristianos no son importantes en sí mismos, sino en función de lo que allí se vive y se celebra.

El Catecismo de la Iglesia Católica deja muy claro que el culto está ligado a los cristianos que lo celebran y no al lugar. Pero en caso de que exista libertad religiosa se pueden edificar templos destinados a ello. Desde el siglo IV, cuando los fieles cristianos fueron libres de celebrar su fe públicamente, se han dado instrucciones sobre la construcción de estos recintos y los elementos que los acompañan. Las más destacadas son:

  •  Las iglesias deben estar orientadas hacia el este. A partir del Concilio de Nicea (325) se establece que las personas se sitúen en las iglesias mirando hacia el este, lugar por donde sale el sol, que simboliza a Jesucristo (luz del mundo). Hay excepciones, como la basílica de San Lorenzo Extramuros en Roma.
  • El espacio se debe adecuar a las personas y a la función litúrgica, y no al revés. En la constitución del Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium (124), se recoge: «Al edificar los templos, procúrese con diligencia que sean aptos para la celebración de las acciones litúrgicas y para conseguir la participación activa de los fieles>>.
  • No solo es un espacio de celebración, también de espiritualidad y oración. «El templo también debe ser un espacio que invite al recogimiento y a la oración silenciosa, que prolonga e interioriza la gran plegaria de la Eucaristía» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1185).
  • Mantener en el interior la existencia de imágenes sagradas para su veneración, aunque no deben ser muchas y han de disponerse de forma ordenada.

Además de esto, los templos católicos, ya sean catedrales, parroquias o capillas, contienen una serie de elementos fundamentales recogidos en el Catecismo de la Iglesia Católica (1179-1186).

LA FE, UN REGALO

 LA FE, UN REGALO

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¿Ver para creer?
 
 Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Jn 20, 19-29
 

¿Quién escribe este texto? 

La tradición ha identificado al autor de este Evangelio con el apóstol san Juan, el hijo de Zebedeo y de Salomé, y hermano de Santiago el Mayor.

¿A quién va destinado?

Está destinado a toda la Iglesia.

¿Cuándo se compuso este texto?

Entre los años 90 y 100 de nuestra era.

Otros datos

Este Evangelio se diferencia de los otros tres en que su intención primera es la enseñanza y no la narración de los hechos. San Juan quiere mostrarnos quién es Jesús, Dios mismo hecho hombre y cercano a todos nosotros.

A este Evangelio se le conoce también como el Evangelio espiritual porque no solo muestra los acontecimientos, sino que nos enseña a interpretarlos y vivirlos desde la perspectiva de la fe.

Su lectura ayuda a los seguidores de Jesús a conocerlo, incrementando la amistad con Él, y a animarlos para continuar en la misión de anunciar la Buena Noticia a todos los pueblos.

¿Qué nos dice este texto?

Los discípulos de Jesús, tras su muerte en la cruz, estaban asustados e incrédulos ante los hechos que estaban viviendo.

El propio texto nos dice que se habían encerrado en una casa por miedo, ya que pensaban que los judíos los iban a denunciar a las autoridades romanas por ser seguidores de un crucificado. En el fondo no confiaban plenamente en lo que Jesús les había dicho previamente: «Dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver» (Jn 16, 16). Aquí el Señor les estaba hablando ya de su resurrección, de cómo la muerte iba a ser vencida por la vida.

Jesús se muestra en medio de ese miedo y, además de desearles la paz, les enseña los signos de su pasión, sus cicatrices. Es en este momento cuando ellos entienden lo que les había dicho anteriormente: «Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada» (Jn 16, 22-23).

El encuentro con Jesús resucitado es el que deja libre de toda incertidumbre a los discípulos, es el que los libera de todos los temores que sentían y les da la fuerza necesaria para continuar con alegría la misión que Jesús les había conferido.

Pero tenemos un personaje más, Tomás. Este, a pesar de que ya le habían contado lo que el resto había visto, oído y sentido, sigue en la incredulidad de no aceptar esa verdad hasta no comprobarlo por él mismo.

Jesús en este texto nos deja una enseñanza bien clara: serán bienaventurados, dichosos, todos aquellos que crean sin haber visto, sin poder tocar. Porque el tener fe en Jesús es tener confianza en que está con nosotros, con capacidad para ponerse en medio de nuestros miedos e incertidumbres, y decimos a todos «paz a vosotros.

 

Acoger lo revelado

Poner el corazón  

¿Qué es creer? Para conocer bien el significado de una palabra debemos buscar el término del que proviene, es decir, estudiar su etimología. Creer surge del vocablo latino, credere, que significa 'poner el corazón en'. Esta definición se ha ido reduciendo hasta quedarse en la aceptación de alguien o algo como cierto sin haberlo visto o comprobado.

De esta manera podemos decir que el ser humano tiene varias formas de creer: 

  • «creer que...», es decir, creer algo: creo que el examen lo he aprobado. 
  • «creer a...», es decir, creer a alguien: creo a mi amigo, él no me va a mentir. 
  • «creer en...», es decir, creer en alguien: creo en Dios que me habla. 

Esta última forma es la que se da en aquellos que aceptan una religión. El «creer en...» admite que hay un ser superior en el que confían las personas libremente. Esto las lleva a relacionarse de una manera nueva con sus semejantes y a afrontar los problemas con una nueva esperanza, es decir, «la fe mueve montañas». Por ello podemos decir que nos ayuda en nuestra manera de ser, vivir y amar a los demás y a todo lo creado.

La fe, además de ser adquirida por propia voluntad, no podemos olvidar que es un don, un regalo que Dios mismo nos ofrece. Nosotros somos libres de aceptarla o no, pero es indispensable para vivir una auténtica vida religiosa.

La fe se origina en el encuentro entre Dios y las personas. Es en la relación con la divinidad donde se encuentra la confianza y la esperanza de que un mundo mejor es posible.

Un acto voluntario

Cuando se tiene fe en alguien es porque se le quiere, se le aprecia, se confía en él o en ella. La fe cristiana consiste en amar a Dios, creerle, confiar en Él y fiarse de Él. Esta es una manera de ser, vivir y amar típica de las personas religiosas.

Muchos han aceptado la fe cristiana porque es la que les ha inculcado su familia desde pequeños. Pero otros, desde su experiencia, llegan a descubrir a Dios y a aceptarlo. Tanto de una manera como de la otra, cuando una persona acoge la fe cristiana necesita transformar su vida para que esta sea coherente con lo que hace, piensa y cree.

La fe es un acto que, como don de Dios, encuentra en Él su fundamento. En este acto es necesaria la libertad de cada uno, ya que sin esta sería una carga, un peso para la persona. 


La adhesión voluntaria a la fe implica la aceptación del mensaje de Jesús en todas sus dimensiones. La fe, como acto voluntario, se escoge personalmente, pero no se puede vivir individualmente, hay que celebrarla en comunidad, en la Iglesia, «porque una fe que no se puede compartir ni comunicar sería irracional
» (Youcat 24).

 

Mi Dios es la Santísima Trinidad

¿Te has planteado en dónde, quién, cómo ponemos nuestro corazón? Los deportistas y artistas nos hacen disfrutar con su trabajo. Pero algunas personas los ensalzan de tal manera que terminan siendo endiosados. Por otro lado, el dinero, la fama o el poder se han convertido también en objetos de culto, pero son efímeros, no aportan nada duradero.

Tener fe en Dios no nos dará la seguridad de que en toda nuestra vida vayan a abundar la riqueza, la salud o la alegría. Pero sí garantiza poder llevar una existencia con sentido que nos haga reflexionar ante los acontecimientos y descubrir en ellos el camino de nuestra aceptación.

Los creyentes, de cualquier religión, ponen su confianza en Dios sabiendo que, aunque a veces no lo sientan, está ahí y no les va a fallar. Algunos llegan a opinar que el cristianismo es una mezcla de tres dioses, pero se confunden. Nosotros, los cristianos creemos en un único Dios que a lo largo de la historia de la humanidad se nos ha ido revelando progresivamente como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esto es lo que afirmamos cuando hacemos la señal de la Cruz, por eso ponemos nuestro corazón en la Santísima Trinidad, una comunidad de amor que nos enseña cómo relacionarnos con los demás.

Dios Padre

A lo largo de todo el Antiguo Testamento, los autores nos dan pinceladas de quién es Dios, a través de frases que no aclaran mucho como «Yo soy el que soy». Dejan entrever algo, pero sin desvelarlo totalmente.

Sabemos mucho más a través de Jesús, que llama a Dios Padre con un término arameo, Abbá (papaíto). Este término muestra la confianza y la profunda e íntima relación que tiene con Él. Además, Jesús nos enseña una oración, el Padre nuestro, con la que nos indica que Dios es, también, nuestro Abbá.

Dios Hijo

Como narra el Nuevo Testamento, Dios se ha revelado a través de la vida de Jesús en nuestra historia, mostrándose como Hijo.

En los Evangelios encontramos que el centro de la experiencia de Jesús es la relación Intima que tiene con el Padre. En ellos, Él se muestra como Dios hecho Hombre e irrumpe en la cotidianidad de las personas para que estas tengan una vida llena de esperanza y libertad si se sigue el estilo de vida que nos enseñó.

Dios Espíritu Santo

El Espíritu Santo ha estado en todo momento presente en la historia de la salvación. Ya desde los relatos de la Creación se dice que Dios insufla su aliento (espíritu) en nosotros para que tengamos vida. Más tarde, san Juan el Bautista da testimonio de Jesús y del Espíritu Santo. Nos dice que es Jesús quien va a realizar un nuevo Bautismo, pero no con agua, sino con el Espíritu Santo. Este nos empapará desde dentro y será quien nos mueva a anunciar la Buena Noticia. El Espíritu está presente en toda la vida de Jesús. Antes de la Resurrección, Jesús promete que no nos dejará solas que, como Hijo, Él se va, pero enviará a su Espíritu para que esté con nosotros hasta el fin de los tiempos.

Este Espíritu llegó a nosotros el día de Pentecostés, cincuenta días después de la Resurrección. Es el encargado de impulsarnos a vivir el Evangelio mostrándonos que un mundo mejor es posible. Él es quien hace presente y visible a Dios en el mundo a través de la comunidad cristiana.





jueves, 5 de febrero de 2026

lunes, 2 de febrero de 2026

4. COMENCEMOS A HACER ALGO


 


PUNTO DE PARTIDA

  • ¿Qué quiere demostrar el profesor?
  • ¿Qué argumenta el joven Einstein para contradecirle? ¿A qué conclusión llega?
  • ¿Qué piensas tú sobre ello?


INTERPRETA DESDE LA BIBLIA


Adán y Eva tentados por la serpiente, siglo XII,
iglesia de SAn Adreu de Sagás, Lleida.

¿Quién escribe este texto? 

El libro del Génesis es la recopilación de escritos de varias escuelas o autores.

¿A quién va destinado?

A todos los creyentes que quieren conocer la respuesta a las grandes preguntas de la humanidad, como el origen del mal, desde la perspectiva religiosa y a través de imágenes y símbolos metafóricos.

¿Cuándo se compuso este texto?

Su edición se realizó en torno al año 400 antes de Cristo.

Otros datos

Este libro se conoce como Génesis, que significa principio, ya que en él se relata el origen de todo lo conocido. Tiene como objeto explicar quién es Dios y el comienzo de su relación con la humanidad. Emplea muchos símbolos e imágenes para acercarnos a este misterio, por eso tenemos que interpretarlo como un texto religioso y didáctico. Se puede dividir en dos partes: una primera que comprendería los once primeros capítulos y guarda relatos sobre la Creación, la historia de Adán y Eva, y la de Noé. A partir del duodécimo capítulo se describe la época de los patriarcas de Israel.

¿Qué nos dice este texto?

La Biblia comienza con el relato de la Creación y le sigue el del pecado original. Con él se quiere explicar la aparición del mal en el mundo, a causa de la desconfianza de Adán y Eva hacia Dios, y las consecuencias de su mala decisión. Esta es reflejada en el texto con la imagen de los dos comiendo del fruto prohibido. Ya sabemos que este relato no es histórico ni verídico y que solo tiene una intención educativa. En este caso, la enseñanza es que debemos tener cuidado con las tentaciones que nos hacen ver el mal como bien, con el fin de intentar confundirnos y hacernos sentir como dioses.

Como nos recuerda nuestro Catecismo, el concepto de pecado original es una verdad esencial de nuestra fe. San Agustín fue el primero en hablar del pecado original, pero no se estableció como doctrina hasta el Concilio de Cartago (año 418). En él se afirma que es una mancha que todos poseemos tan solo por el hecho de nacer. De ahí que el Bautismo fuera necesario para librarnos de ella.

El autor del relato bíblico destaca también que Adán y Eva se sintieron desnudos. Con esta metáfora se quiere decir que en la persona aparece un sentimiento de culpa porque sabe que ha hecho algo mal y esto la lleva a sentirse débil, indefensa y avergonzada. En definitiva, el pecado rompe la armonía interna del ser humano, aunque Dios nos da una nueva oportunidad para mejorar, a través del sacramento de la Reconciliación.


Está en tu mano

¿Existe el mal?

Si nos damos una vuelta por las grandes sagas de la literatura o del cine veremos que, en todas ellas, hay dos elementos principales: alguien que encarna la maldad sin más y personas que, aunque son héroes, sufren una lucha interna entre el bien y el mal. Y es que estas grandes historias nos enseñan que el mal existe desde el origen del mundo y que en la vida real no hay buenos y malos; las decisiones que tomamos marcan la diferencia. Unas hacen del mundo un lugar mejor, otras, lo empeoran. Estas últimas son las que los cristianos denominamos pecado.

¿Qué es el pecado?

Todos conocemos el término pecado, pero ¿sabemos bien qué significa y las implicaciones que tiene?

El Catecismo para Jóvenes (Youcat) lo define así:

Un pecado es una palabra, un acto o una intención con la que una persona atenta, consciente y voluntariamente, contra el verdadero orden de las cosas, previsto así por el amor de Dios. Pecar significa más que infringir alguna de las normas acordadas por los hombres. 

El pecado se dirige libre y consciente contra el amor de Dios y lo ignora. El pecado es en definitiva «el amor de sí hasta el desprecio de Dios» (san Agustín), y en caso extremo la criatura pecadora dice: Quiero ser "como Dios» (Gén 5). Así como el pecado me carga con el peso de la culpa, me hiere y me destruye con sus consecuencias, igualmente envenena y afecta también a mi entorno. En la cercanía de Dios se hacen perceptibles el pecado y su gravedad.

Youcat 315

Para entender bien este concepto, vamos a explicarlo más detenidamente desglosando esta definición:

1. Palabra, acto o intención consciente y voluntaria.

Las personas somos seres imperfectos y, a lo largo del día, podemos decir, hacer o simplemente pensar algo que vaya en contra de nosotros mismos o de los demás, y que rompa nuestra relación con Dios. Pero se podría añadir algo más.

Cuando, al principio de la Eucaristía, rezamos Yo Confieso, reconocemos que pecamos de «palabra, obra y omisión». Y es que hay veces que el pecado no es un acto en sí, sino poder hacer algo bueno y no hacerlo.

Por ejemplo, cuando no defendemos a quien lo necesita, cuando nos quitamos de en medio y no ayudamos en las tareas de la casa, o cuando vemos que alguien se está equivocando y no decimos nada.

En estos momentos tenemos la posibilidad de actuar, pero decidimos no hacerlo sin pensar, a veces, en las consecuencias que esto podría ocasionar para mí y para otras personas.

Por otro lado, el pecado en sí es un acto consciente y voluntario, ya que estamos dotados de libertad y, por ello, capacitados para optar entre el bien y el mal. Sabiendo esto, debemos estar atentos y tener cuidado con quienes nos intentan confundir y nos tientan a tomar malas decisiones. Sin olvidar que, al final, somos nosotros los responsables de nuestros actos y de sus consecuencias.

2. "Amor de sí hasta el desprecio de Dios" (san Agustín).

El relato del pecado original o el de la Torre de Babel hacen alusión a esta ambición que las personas tienen de querer ser como Dios. Fruto de esto son el egocentrismo o la prepotencia, contravalores arraigados en la sociedad de hoy en día. Nuestro error está en creernos por encima de los demás. A gran escala, las guerras, el racismo, o la explotación laboral son el resultado de querer estar por encima del prójimo. Pero igualmente lo son el acoso, la discriminación o las burlas que sufren algunas personas. Dios está en cada uno de nosotros, por ello negar al prójimo es negar a Dios y actuar como si fuéramos superiores a los demás es querer ser como Él. Hasta que no superemos esto no podremos hablar, como cristianos, de la verdadera fraternidad.

3. Afecta también a mi entorno

No somos individuos aislados, sino que vivimos insertos en una sociedad. Por ello, las consecuencias del pecado no solo afectan a la persona que lo comete, sino que repercuten en los demás; incluso, sin quererlo, podemos provocar una reacción en cadena. Por ejemplo, si compramos algo robado estaremos fomentando que se siga robando; o si lanzamos un rumor falso sobre alguien, podemos provocar que surjan otras mentiras o que esa persona sufra acoso o discriminación. Nuestras malas decisiones promueven que exista el mal en el mundo y no solo repercuten en las personas, también en nuestra <<casa común», la Tierra. En el proyecto anterior aprendimos que Dios nos hizo sus colaboradores y nos dio la capacidad de crear; pero nosotros, con nuestra libertad, adquirimos la capacidad de destruir. ¿Cuál de ellas ponemos más en práctica? ¿Crear o destruir?

Aunque la persona es un ser social, en ocasiones también actúa asocialmente: el egoísmo, la codicia y la soberbia lo llevan a veces a someter a los demás con intenciones equivocadas, así como a explotarlos, abusar de ellos o dejarlos indefensos. La comunidad verdadera es una unión libre de las personas que buscan el bien para sí mismas para otras, y que solo de esta manera llegan al bien común que tan difícil resulta de alcanzar a la persona individual. Puede servir como ejemplo el trabajo de una orquesta, que solo suena bien cuando en ella se reúnen múltiples talentos.

Docat 62

4. En la cercanía de Dios se hacen perceptibles el pecado y su gravedad.

Desde pequeños, algo en nuestro interior nos ayuda a diferenciar el bien del mal, aunque a veces no le hacemos caso; además nos hace reflexionar después de una mala acción. Esa es la voz de nuestra conciencia, la voz de Dios.

Jesús nos enseñó que Dios es amor, que es un Padre-Madre bueno que nos perdona siempre y espera que volvamos a Él cuando nos desviamos de su camino. Por ello, en primer lugar, envió a su Hijo Jesucristo, quien llevó el peso de nuestros pecados hasta la cruz. Y después nos invita al sacramento de la Reconciliación. En él, no confesamos nuestras faltas ante un juez, sino ante un sacerdote que en nombre de Jesús nos recuerda sus palabras: «Tampoco yo te condeno. Anda y en adelante no peques más» (Jn 8, 11). Este sacramento debe ser una fiesta porque celebramos el encuentro con el Señor de la vida. Él se sirve de nuestras debilidades para hacernos mejores. Toma la iniciativa, nos inunda con el don gratuito de su amor y nos invita a comenzar de nuevo.

Homilía del papa Francisco en Santa Marta,
17 de marzo de 2020