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martes, 10 de febrero de 2026

LA FE, UN REGALO

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¿Ver para creer?
 
 Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Jn 20, 19-29
 

¿Quién escribe este texto? 

La tradición ha identificado al autor de este Evangelio con el apóstol san Juan, el hijo de Zebedeo y de Salomé, y hermano de Santiago el Mayor.

¿A quién va destinado?

Está destinado a toda la Iglesia.

¿Cuándo se compuso este texto?

Entre los años 90 y 100 de nuestra era.

Otros datos

Este Evangelio se diferencia de los otros tres en que su intención primera es la enseñanza y no la narración de los hechos. San Juan quiere mostrarnos quién es Jesús, Dios mismo hecho hombre y cercano a todos nosotros.

A este Evangelio se le conoce también como el Evangelio espiritual porque no solo muestra los acontecimientos, sino que nos enseña a interpretarlos y vivirlos desde la perspectiva de la fe.

Su lectura ayuda a los seguidores de Jesús a conocerlo, incrementando la amistad con Él, y a animarlos para continuar en la misión de anunciar la Buena Noticia a todos los pueblos.

¿Qué nos dice este texto?

Los discípulos de Jesús, tras su muerte en la cruz, estaban asustados e incrédulos ante los hechos que estaban viviendo.

El propio texto nos dice que se habían encerrado en una casa por miedo, ya que pensaban que los judíos los iban a denunciar a las autoridades romanas por ser seguidores de un crucificado. En el fondo no confiaban plenamente en lo que Jesús les había dicho previamente: «Dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver» (Jn 16, 16). Aquí el Señor les estaba hablando ya de su resurrección, de cómo la muerte iba a ser vencida por la vida.

Jesús se muestra en medio de ese miedo y, además de desearles la paz, les enseña los signos de su pasión, sus cicatrices. Es en este momento cuando ellos entienden lo que les había dicho anteriormente: «Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada» (Jn 16, 22-23).

El encuentro con Jesús resucitado es el que deja libre de toda incertidumbre a los discípulos, es el que los libera de todos los temores que sentían y les da la fuerza necesaria para continuar con alegría la misión que Jesús les había conferido.

Pero tenemos un personaje más, Tomás. Este, a pesar de que ya le habían contado lo que el resto había visto, oído y sentido, sigue en la incredulidad de no aceptar esa verdad hasta no comprobarlo por él mismo.

Jesús en este texto nos deja una enseñanza bien clara: serán bienaventurados, dichosos, todos aquellos que crean sin haber visto, sin poder tocar. Porque el tener fe en Jesús es tener confianza en que está con nosotros, con capacidad para ponerse en medio de nuestros miedos e incertidumbres, y decimos a todos «paz a vosotros.

 

Acoger lo revelado

Poner el corazón  

¿Qué es creer? Para conocer bien el significado de una palabra debemos buscar el término del que proviene, es decir, estudiar su etimología. Creer surge del vocablo latino, credere, que significa 'poner el corazón en'. Esta definición se ha ido reduciendo hasta quedarse en la aceptación de alguien o algo como cierto sin haberlo visto o comprobado.

De esta manera podemos decir que el ser humano tiene varias formas de creer: 

  • «creer que...», es decir, creer algo: creo que el examen lo he aprobado. 
  • «creer a...», es decir, creer a alguien: creo a mi amigo, él no me va a mentir. 
  • «creer en...», es decir, creer en alguien: creo en Dios que me habla. 

Esta última forma es la que se da en aquellos que aceptan una religión. El «creer en...» admite que hay un ser superior en el que confían las personas libremente. Esto las lleva a relacionarse de una manera nueva con sus semejantes y a afrontar los problemas con una nueva esperanza, es decir, «la fe mueve montañas». Por ello podemos decir que nos ayuda en nuestra manera de ser, vivir y amar a los demás y a todo lo creado.

La fe, además de ser adquirida por propia voluntad, no podemos olvidar que es un don, un regalo que Dios mismo nos ofrece. Nosotros somos libres de aceptarla o no, pero es indispensable para vivir una auténtica vida religiosa.

La fe se origina en el encuentro entre Dios y las personas. Es en la relación con la divinidad donde se encuentra la confianza y la esperanza de que un mundo mejor es posible.

Un acto voluntario

Cuando se tiene fe en alguien es porque se le quiere, se le aprecia, se confía en él o en ella. La fe cristiana consiste en amar a Dios, creerle, confiar en Él y fiarse de Él. Esta es una manera de ser, vivir y amar típica de las personas religiosas.

Muchos han aceptado la fe cristiana porque es la que les ha inculcado su familia desde pequeños. Pero otros, desde su experiencia, llegan a descubrir a Dios y a aceptarlo. Tanto de una manera como de la otra, cuando una persona acoge la fe cristiana necesita transformar su vida para que esta sea coherente con lo que hace, piensa y cree.

La fe es un acto que, como don de Dios, encuentra en Él su fundamento. En este acto es necesaria la libertad de cada uno, ya que sin esta sería una carga, un peso para la persona. 

La adhesión voluntaria a la fe implica la aceptación del mensaje de Jesús en todas sus dimensiones. La fe, como acto voluntario, se escoge personalmente, pero no se puede vivir individualmente, hay que celebrarla en comunidad, en la Iglesia, «porque una fe que no se puede compartir ni comunicar sería irracional» (Youcat 24).

 

Mi Dios es la Santísima Trinidad

¿Te has planteado en dónde, quién, cómo ponemos nuestro corazón? Los deportistas y artistas nos hacen disfrutar con su trabajo. Pero algunas personas los ensalzan de tal manera que terminan siendo endiosados. Por otro lado, el dinero, la fama o el poder se han convertido también en objetos de culto, pero son efímeros, no aportan nada duradero.

Tener fe en Dios no nos dará la seguridad de que en toda nuestra vida vayan a abundar la riqueza, la salud o la alegría. Pero sí garantiza poder llevar una existencia con sentido que nos haga reflexionar ante los acontecimientos y descubrir en ellos el camino de nuestra aceptación.

Los creyentes, de cualquier religión, ponen su confianza en Dios sabiendo que, aunque a veces no lo sientan, está ahí y no les va a fallar. Algunos llegan a opinar que el cristianismo es una mezcla de tres dioses, pero se confunden. Nosotros, los cristianos creemos en un único Dios que a lo largo de la historia de la humanidad se nos ha ido revelando progresivamente como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esto es lo que afirmamos cuando hacemos la señal de la Cruz, por eso ponemos nuestro corazón en la Santísima Trinidad, una comunidad de amor que nos enseña cómo relacionarnos con los demás.

Dios Padre

A lo largo de todo el Antiguo Testamento, los autores nos dan pinceladas de quién es Dios, a través de frases que no aclaran mucho como «Yo soy el que soy». Dejan entrever algo, pero sin desvelarlo totalmente.

Sabemos mucho más a través de Jesús, que llama a Dios Padre con un término arameo, Abbá (papaíto). Este término muestra la confianza y la profunda e íntima relación que tiene con Él. Además, Jesús nos enseña una oración, el Padre nuestro, con la que nos indica que Dios es, también, nuestro Abbá.

Dios Hijo

Como narra el Nuevo Testamento, Dios se ha revelado a través de la vida de Jesús en nuestra historia, mostrándose como Hijo.

En los Evangelios encontramos que el centro de la experiencia de Jesús es la relación Intima que tiene con el Padre. En ellos, Él se muestra como Dios hecho Hombre e irrumpe en la cotidianidad de las personas para que estas tengan una vida llena de esperanza y libertad si se sigue el estilo de vida que nos enseñó.

Dios Espíritu Santo

El Espíritu Santo ha estado en todo momento presente en la historia de la salvación. Ya desde los relatos de la Creación se dice que Dios insufla su aliento (espíritu) en nosotros para que tengamos vida. Más tarde, san Juan el Bautista da testimonio de Jesús y del Espíritu Santo. Nos dice que es Jesús quien va a realizar un nuevo Bautismo, pero no con agua, sino con el Espíritu Santo. Este nos empapará desde dentro y será quien nos mueva a anunciar la Buena Noticia. El Espíritu está presente en toda la vida de Jesús. Antes de la Resurrección, Jesús promete que no nos dejará solas que, como Hijo, Él se va, pero enviará a su Espíritu para que esté con nosotros hasta el fin de los tiempos.

Este Espíritu llegó a nosotros el día de Pentecostés, cincuenta días después de la Resurrección. Es el encargado de impulsarnos a vivir el Evangelio mostrándonos que un mundo mejor es posible. Él es quien hace presente y visible a Dios en el mundo a través de la comunidad cristiana.

lunes, 2 de febrero de 2026

4. COMENCEMOS A HACER ALGO


 


PUNTO DE PARTIDA

  • ¿Qué quiere demostrar el profesor?
  • ¿Qué argumenta el joven Einstein para contradecirle? ¿A qué conclusión llega?
  • ¿Qué piensas tú sobre ello?


INTERPRETA DESDE LA BIBLIA


Adán y Eva tentados por la serpiente, siglo XII,
iglesia de SAn Adreu de Sagás, Lleida.

¿Quién escribe este texto? 

El libro del Génesis es la recopilación de escritos de varias escuelas o autores.

¿A quién va destinado?

A todos los creyentes que quieren conocer la respuesta a las grandes preguntas de la humanidad, como el origen del mal, desde la perspectiva religiosa y a través de imágenes y símbolos metafóricos.

¿Cuándo se compuso este texto?

Su edición se realizó en torno al año 400 antes de Cristo.

Otros datos

Este libro se conoce como Génesis, que significa principio, ya que en él se relata el origen de todo lo conocido. Tiene como objeto explicar quién es Dios y el comienzo de su relación con la humanidad. Emplea muchos símbolos e imágenes para acercarnos a este misterio, por eso tenemos que interpretarlo como un texto religioso y didáctico. Se puede dividir en dos partes: una primera que comprendería los once primeros capítulos y guarda relatos sobre la Creación, la historia de Adán y Eva, y la de Noé. A partir del duodécimo capítulo se describe la época de los patriarcas de Israel.

¿Qué nos dice este texto?

La Biblia comienza con el relato de la Creación y le sigue el del pecado original. Con él se quiere explicar la aparición del mal en el mundo, a causa de la desconfianza de Adán y Eva hacia Dios, y las consecuencias de su mala decisión. Esta es reflejada en el texto con la imagen de los dos comiendo del fruto prohibido. Ya sabemos que este relato no es histórico ni verídico y que solo tiene una intención educativa. En este caso, la enseñanza es que debemos tener cuidado con las tentaciones que nos hacen ver el mal como bien, con el fin de intentar confundirnos y hacernos sentir como dioses.

Como nos recuerda nuestro Catecismo, el concepto de pecado original es una verdad esencial de nuestra fe. San Agustín fue el primero en hablar del pecado original, pero no se estableció como doctrina hasta el Concilio de Cartago (año 418). En él se afirma que es una mancha que todos poseemos tan solo por el hecho de nacer. De ahí que el Bautismo fuera necesario para librarnos de ella.

El autor del relato bíblico destaca también que Adán y Eva se sintieron desnudos. Con esta metáfora se quiere decir que en la persona aparece un sentimiento de culpa porque sabe que ha hecho algo mal y esto la lleva a sentirse débil, indefensa y avergonzada. En definitiva, el pecado rompe la armonía interna del ser humano, aunque Dios nos da una nueva oportunidad para mejorar, a través del sacramento de la Reconciliación.


Está en tu mano

¿Existe el mal?

Si nos damos una vuelta por las grandes sagas de la literatura o del cine veremos que, en todas ellas, hay dos elementos principales: alguien que encarna la maldad sin más y personas que, aunque son héroes, sufren una lucha interna entre el bien y el mal. Y es que estas grandes historias nos enseñan que el mal existe desde el origen del mundo y que en la vida real no hay buenos y malos; las decisiones que tomamos marcan la diferencia. Unas hacen del mundo un lugar mejor, otras, lo empeoran. Estas últimas son las que los cristianos denominamos pecado.

¿Qué es el pecado?

Todos conocemos el término pecado, pero ¿sabemos bien qué significa y las implicaciones que tiene?

El Catecismo para Jóvenes (Youcat) lo define así:

Un pecado es una palabra, un acto o una intención con la que una persona atenta, consciente y voluntariamente, contra el verdadero orden de las cosas, previsto así por el amor de Dios. Pecar significa más que infringir alguna de las normas acordadas por los hombres. 

El pecado se dirige libre y consciente contra el amor de Dios y lo ignora. El pecado es en definitiva «el amor de sí hasta el desprecio de Dios» (san Agustín), y en caso extremo la criatura pecadora dice: Quiero ser "como Dios» (Gén 5). Así como el pecado me carga con el peso de la culpa, me hiere y me destruye con sus consecuencias, igualmente envenena y afecta también a mi entorno. En la cercanía de Dios se hacen perceptibles el pecado y su gravedad.

Youcat 315

Para entender bien este concepto, vamos a explicarlo más detenidamente desglosando esta definición:

1. Palabra, acto o intención consciente y voluntaria.

Las personas somos seres imperfectos y, a lo largo del día, podemos decir, hacer o simplemente pensar algo que vaya en contra de nosotros mismos o de los demás, y que rompa nuestra relación con Dios. Pero se podría añadir algo más.

Cuando, al principio de la Eucaristía, rezamos Yo Confieso, reconocemos que pecamos de «palabra, obra y omisión». Y es que hay veces que el pecado no es un acto en sí, sino poder hacer algo bueno y no hacerlo.

Por ejemplo, cuando no defendemos a quien lo necesita, cuando nos quitamos de en medio y no ayudamos en las tareas de la casa, o cuando vemos que alguien se está equivocando y no decimos nada.

En estos momentos tenemos la posibilidad de actuar, pero decidimos no hacerlo sin pensar, a veces, en las consecuencias que esto podría ocasionar para mí y para otras personas.

Por otro lado, el pecado en sí es un acto consciente y voluntario, ya que estamos dotados de libertad y, por ello, capacitados para optar entre el bien y el mal. Sabiendo esto, debemos estar atentos y tener cuidado con quienes nos intentan confundir y nos tientan a tomar malas decisiones. Sin olvidar que, al final, somos nosotros los responsables de nuestros actos y de sus consecuencias.

2. "Amor de sí hasta el desprecio de Dios" (san Agustín).

El relato del pecado original o el de la Torre de Babel hacen alusión a esta ambición que las personas tienen de querer ser como Dios. Fruto de esto son el egocentrismo o la prepotencia, contravalores arraigados en la sociedad de hoy en día. Nuestro error está en creernos por encima de los demás. A gran escala, las guerras, el racismo, o la explotación laboral son el resultado de querer estar por encima del prójimo. Pero igualmente lo son el acoso, la discriminación o las burlas que sufren algunas personas. Dios está en cada uno de nosotros, por ello negar al prójimo es negar a Dios y actuar como si fuéramos superiores a los demás es querer ser como Él. Hasta que no superemos esto no podremos hablar, como cristianos, de la verdadera fraternidad.

3. Afecta también a mi entorno

No somos individuos aislados, sino que vivimos insertos en una sociedad. Por ello, las consecuencias del pecado no solo afectan a la persona que lo comete, sino que repercuten en los demás; incluso, sin quererlo, podemos provocar una reacción en cadena. Por ejemplo, si compramos algo robado estaremos fomentando que se siga robando; o si lanzamos un rumor falso sobre alguien, podemos provocar que surjan otras mentiras o que esa persona sufra acoso o discriminación. Nuestras malas decisiones promueven que exista el mal en el mundo y no solo repercuten en las personas, también en nuestra <<casa común», la Tierra. En el proyecto anterior aprendimos que Dios nos hizo sus colaboradores y nos dio la capacidad de crear; pero nosotros, con nuestra libertad, adquirimos la capacidad de destruir. ¿Cuál de ellas ponemos más en práctica? ¿Crear o destruir?

Aunque la persona es un ser social, en ocasiones también actúa asocialmente: el egoísmo, la codicia y la soberbia lo llevan a veces a someter a los demás con intenciones equivocadas, así como a explotarlos, abusar de ellos o dejarlos indefensos. La comunidad verdadera es una unión libre de las personas que buscan el bien para sí mismas para otras, y que solo de esta manera llegan al bien común que tan difícil resulta de alcanzar a la persona individual. Puede servir como ejemplo el trabajo de una orquesta, que solo suena bien cuando en ella se reúnen múltiples talentos.

Docat 62

4. En la cercanía de Dios se hacen perceptibles el pecado y su gravedad.

Desde pequeños, algo en nuestro interior nos ayuda a diferenciar el bien del mal, aunque a veces no le hacemos caso; además nos hace reflexionar después de una mala acción. Esa es la voz de nuestra conciencia, la voz de Dios.

Jesús nos enseñó que Dios es amor, que es un Padre-Madre bueno que nos perdona siempre y espera que volvamos a Él cuando nos desviamos de su camino. Por ello, en primer lugar, envió a su Hijo Jesucristo, quien llevó el peso de nuestros pecados hasta la cruz. Y después nos invita al sacramento de la Reconciliación. En él, no confesamos nuestras faltas ante un juez, sino ante un sacerdote que en nombre de Jesús nos recuerda sus palabras: «Tampoco yo te condeno. Anda y en adelante no peques más» (Jn 8, 11). Este sacramento debe ser una fiesta porque celebramos el encuentro con el Señor de la vida. Él se sirve de nuestras debilidades para hacernos mejores. Toma la iniciativa, nos inunda con el don gratuito de su amor y nos invita a comenzar de nuevo.

Homilía del papa Francisco en Santa Marta,
17 de marzo de 2020




viernes, 16 de enero de 2026

4. LOS SACRAMENTOS


 

¿Qué son los sacramentos?

El Espíritu Santo se derrama de forma especial en la comunidad reunida para celebrar los sacramentos. "Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos", dice Jesús (Mt 18, 20).

Los sacramentos son signos visibles de la presencia real de Jesucristo y de su Espíritu. Es este Espíritu de Jesús, que se concreta en los siete sacramentos, el que afianza la comunidad reunida y la transforma en Iglesia. Por medio de los sacramentos Dios comunica su gracia a los cristianos en acontecimientos y situaciones importantes de su vida.

Los siete sacramentos de la Iglesia Católica se clasifican de la siguiente manera:


Los sacramentos de iniciación

Son los sacramentos que dan por terminada una etapa de la vida y dan comienzo a otra con otro compromiso y orientación. Cada uno de ellos tiene una clara relación con el nacimiento, el crecimiento y el alimento.

El Bautismo: nacer a la fe

El Bautismo es el sacramento por el cual las personas entran a formar parte de la Iglesia. Es el inicio de la vida cristiana. Elimina el pecado original e incorpora a la Iglesia. Puede recibirse en cualquier momento de la vida, pero suele ser en los primeros años.



La Confirmación: crecer en la fe

La Confirmación completa la gracia del Bautismo con el don del Espíritu Santo. La Confirmación significa el don del Espíritu que da fuerza para poder ser testigos de Jesucristo. Así, el confirmado pasa a ser enviado y a participar en la evangelización. Suele coincidir con la adolescencia, cuando se es lo suficientemente maduro para aceptar conscientemente el compromiso de la vida cristiana.



La Eucaristía: crecer en la fe

La Eucaristía es el centro de la vida cristiana y la celebración litúrgica por excelencia. Conmemora el misterio de la Pascua de Jesucristo. Hace presente a Jesús, con su palabra y su acción, como pan de vida y alimento de los comparte lo que cada uno es y lo que tiene. En ella la asamblea reunida da gracias a Dios por el don de la fe y por eso se celebra asiduamente. Es signo de amor y de unidad.




Los sacramentos de curación

Por ellos el Espíritu Santo conforta a los fieles ante las adversidades de la vida

La Reconciliación: sanar la herida provocada por el pecado

La Reconciliación es el sacramento de la acogida y el perdón que ofrece Jesús, mediante la Iglesia, para transmitir la paz y reafirmar la amistad con Dios y con las personas. Es la expresión del perdón de los pecados. El Espíritu da la fuerza para pedir perdón y acercarse nuevamente a Dios, aceptando ser su criatura. Puede celebrarse en cualquier momento de la vida y tantas veces como sea oportuno.


La Unción de los enfermos: acompañar la enfermedad grave o la cercanía de la muerte 

La Unción de enfermos renueva la confianza en Dios, perdona los pecados, da fuerza para luchar contra la enfermedad y compromete al enfermo o enferma a vivir su sufrimiento al estilo de Jesús y a dar testimonio de esperanza a la comunidad. La persona recibe la gracia de Jesucristo para aceptar y vivir con esperanza la vejez, la enfermedad grave o el peligro de muerte. Puede celebrarse siempre que sea necesario.



Los sacramentos de servicio

Confieren una misión en la Iglesia y contribuyen a edificar el Pueblo de Dios. Por eso se reciben cuando se es adulto y una sola vez en la vida.

El Orden: servir a la comunidad cristiana y administrar los sacramentos

El Orden es el sacramento por el que obispos, presbíteros y diáconos reciben los cristianos que, siguiendo la llamada de Dios, entregan su vida al servicio de la comunidad son constituidos por Jesucristo en diáconos, presbíteros o sacerdotes, y obispos.




El Orden: servir a la comunidad cristiana y administrar los sacramentos

En el Matrimonio el Espíritu Santo bendice el amor de los esposos y los ayuda en la comunidad que forman dándoles fuerza para vivir la fidelidad en el amor y la colaboración con Dios al servicio de la vida. Une, en el amor de Dios por la humanidad y en el de Cristo por su Iglesia, a un hombre y a una mujer que se aman y quieren compartir toda su vida.

domingo, 11 de enero de 2026

3. REFLEJOS DE DIOS






El valor de la persona



Sammy: Soy Sammy. ¿Cómo te llamas tú?
Will: Will.
Sammy: ¿Dónde están tus piernas y brazos?
Ana (madre de Sammy): iSammy!
Sammy: ¡Qué! ¿Va a estar ahora en nuestro circo?
Will: Tal vez sí.
Otto: Esperen un momento. Aquí no tenemos un show de rarezas.
Will: ¿Qué quieres decir? Todos los circos tienen uno. La gente viene de todas partes a vernos.
Méndez: ¿Y por qué vienen, Will?
Will: Pero el tuyo podría ser diferente.
Méndez: No. No hay nada que lleve a hacer una exhibición de las imperfecciones de un hombre. Will, somos felices aquí, y puedes quedarte el tiempo que quieras, pero yo dirijo un espectáculo diferente.

Joshua Weigel, El circo de la mariposa, 2009


PUNTO DE PARTIDA

  • ¿Qué mensaje transmite este diálogo?
  • ¿Te pones en el lugar de los demás cuando ves a alguien distinto a ti? Razona tu respuesta.
  • ¿Qué entiendes por dignidad?


INTERPRETA DESDE LA BIBLIA


La ofrenda de la viuda, Vasily Wilhelm Alexandrovich Kotarbinsky, 1890, Galería Tretiakov, Moscú.

¿Quién escribe este texto?

El autor de este texto es el evangelista san Marcos.

¿A quién va destinado?

A comunidades cristianas perseguidas por su fe.

¿Cuándo se compuso este texto?

Es el Evangelio más antiguo escrito, concretamente data de los años 65-70 d. C.

Otros datos

San Marcos nos presenta en su Evangelio a Jesús como un hombre de acción, con sentimientos y totalmente comprometido en su misión de anunciar el Reino de Dios, lo que se concreta en la actitud de servicio y entrega a los demás, principalmente a los más necesitados.

Con este Evangelio, san Marcos nos quiere dejar claro quién es Jesús y en qué consiste seguirlo.

¿Qué nos dice este texto?

Inmediatamente antes de este pasaje, el evangelista san Marcos sitúa a Jesús en el Templo de Jerusalén, conversando con los escribas. Estos eran expertos en los textos sagrados para los judíos, como la Torá; es decir, podían interpretarla y aclarar sus preceptos. Jesús mismo los describe como personas a las que "les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones" (Mc 12, 38-40).

La escena que estamos trabajando se produce fuera del templo, cuando Jesús estaba descansando frente al lugar donde se daba la limosna. Había personas que depositaban bastante dinero y otras menos. Fue la figura de una viuda pobre la que llamó su atención. Las viudas carecían de prestación social y económica al dejar de estar protegidas por el marido o por algún pariente masculino. Junto con los extranjeros y los huérfanos, era el grupo social más vulnerables de Israel.

Jesús utilizó esta imagen para desenmascarar a aquellos que se vanagloriaban de lo que daban, aquellos que poseían riquezas y depositaban en el templo buenas cantidades de dinero a la vista de todos. Los compara con una viuda pobre que dio lo poco que tenía. En este caso no criticó solo la conducta, sino también la actitud de la que iba acompañada, ya que presumían públicamente de su estatus o su importancia religiosa.

Entre los grupos sociales de la época, además de los escribas, estaban los saduceos, que pertenecían a la clase alta de la época y eran muy conservadores en sus tradiciones religiosas; y los fariseos, que presumían de ser personas muy creyentes y cumplidoras de las obligaciones religiosas.

Con la comparación que hace Jesús, los discípulos aprenden que no es más importante quien más posee y da de lo que le sobra, sino el que comparte lo que tiene. Y, además, que el encuentro con Dios no se consigue a través de ritos externos, sino de gestos sencillos y discretos que pueden pasar desapercibidos. Lo que realmente le agrada a Dios es que comprendamos que todos somos iguales, sin distinción ninguna. Y que lo más importante es saber dar gratuitamente lo que tenemos con un corazón generoso, desprendido. No hace falta tener dinero (un cuadrante para darlo) podemos compartir nuestro tiempo, material, juegos...


Un derecho, un deber

¿Qué es la dignidad?

Cuando hablamos del término dignidad pensamos que todos conocemos su significado. Es una palabra bastante usada religiosa y socialmente. De hecho, la Declaración de los Derechos Humanos comienza con la siguiente afirmación:

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 1

La dignidad es un derecho fundamental del ser humano. Pero ¿qué significa la palabra dignidad? Según la RAE es la cualidad de digno, definiendo esto último como «merecedor de algo». ¿Es que nos merecemos algo por el simple hecho de existir? Pues la verdad es que sí, y eso es exactamente lo que nos explica la Biblia. Con estas pistas, podemos definir la dignidad como el valor innato e inviolable de la persona. Es una cualidad que todos los seres humanos tenemos y que nos hace a todos iguales, sin distinción de ningún tipo.

La dignidad de la persona está enraizada en el hecho de que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Estamos llamados a entablar una relación de amistad con Dios y con los demás. Conseguir esto es responsabilidad de cada uno.

Todos, al ser creados a imagen y semejanza de Dios, compartimos la misma dignidad. Por ello, cualquier violación de los derechos humanos es un mal grave, un atentado contra la persona. Además, para un cristiano el fundamento supremo de esta dignidad humana está en que somos hijas e hijos de Dios.

Ofender a cualquier persona es ofender a Dios mismo, quien nos eligió desde el seno materno y nos invita a vivir unidos a Él: «Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te constituí profeta de las naciones» (Jer 1,5).

Iguales, aunque diferentes

La sociedad siempre ha estado regida por normas sociales y jurídicas que todo ciudadano está obligado a cumplir. A su vez, las religiones, incluida la cristiana, orientan sobre cómo deben vivir sus fieles, es decir, proponen unas normas morales.

Pero estas normas se nos pueden olvidar cuando intentamos conseguir algo sin reflexionar sobre la repercusión que puedan tener nuestros actos en los demás. Nadie es superior o mejor, simplemente somos diferentes y ahí es donde está la riqueza de la humanidad, en la diversidad que compone nuestra aldea global.

Lo mismo le ocurre al arco iris, cada color por sí mismo es bello, pero es la conjunción de todos ellos lo que le proporciona belleza y llena de sentido su existencia. De igual manera, el compromiso de todas las personas por buscar el bien, evitando hacer daño a los demás o a nosotros mismos, será lo que llene nuestras vidas de sentido y alegría, haciendo una sociedad más bella, como el arco iris.

La forma de pensar, vestir, el color de piel... nos diferencia a unos de otros. Pero Dios va más allá de nuestra apariencia, Él va a lo profundo de nosotros mismos para enseñarnos que todos somos valiosos por el simple hecho de ser personas y vivir. Esta es la esencia de la dignidad.

Los pobres

Como hemos visto en el pasaje bíblico, en la época de Jesús, al igual que en la nuestra, había personas que se sentían superiores a otras por su estatus social, por pertenecer a una determinada familia (los saduceos) o bien porque eran conocedores y cumplidores de los textos religiosos (escribas y fariseos).

A su vez, estos maestros de la ley llamaban pecador a todo aquel al que consideraban de inferior categoría social o que según su opinión desarrollaba una profesión que rozaba la inmoralidad, como los publicanos (recaudadores de impuestos).

Los judíos se sentían los elegidos por Dios y por ello discriminaban a los pueblos que no tuvieran un linaje enraizado en su religiosidad. Era el caso de los samaritanos, rechazados porque se habían mezclado con otras culturas.

Los pecadores eran considerados personas impuras y todo el que entraba en contacto con ellos quedaba contaminado. Jesús, como judío, conocía bien la ley y sabía todo esto. Por eso, su actitud de acercarse y compartir su tiempo con estas personas tenía la intención de mostrar que Dios ama a todos como hijos, y por ello es capaz de romper con todas las barreras que favorecían la discriminación. Él no rechazaba a nadie; así, es capaz de pedirle a una samaritana que le dé agua para beber; o de sentarse a comer con publicanos y pecadores, enseñando, con estos gestos, que todas las personas somos iguales, independientemente de nuestra clase social o nación.

El amor como medida

En algunas ocasiones nos encontramos con la dificultad de saber cuál es el camino que debemos tomar o cómo debemos actuar con los demás.

¿Cómo nos gustaría que nos tratasen a nosotros? ¿Qué haría Jesús en nuestra situación? Las respuestas a estas preguntas nos abrirán el camino para que la caridad sea nuestra guía.

Jesús nos enseña que el amor es la mejor medida para saber si nuestros actos están en el camino correcto o no.

Las acciones que definen la vida deben estar llenas de este amor, que es imagen del que Jesús dejó reflejado en sus palabras y sus actos. Con esta premisa, la Iglesia, desde el principio, tiene presente la defensa de la dignidad de la persona. Así lo han demostrado las diferentes encíclicas de los papas y los documentos de los concilios*:

Solo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura, y por lo tanto verdaderamente integrados en la sociedad.

Fratelli tutti





 


lunes, 10 de noviembre de 2025

2. OBRA DE TUS MANOS






Por amor nos hace libres

Preguntas y respuestas

Desde el comienzo de los tiempos, la humanidad se ha hecho preguntas sobre los fenómenos naturales e incluso sobre su propia vida: ¿por qué llueve?, ¿por qué sale el sol?, ¿cómo surge la vida?, ¿quién nos ha creado?...

Todas las civilizaciones intentaron dar respuesta a estos interrogantes a través de relatos. Estos no fueron solo un referente para conocer el comienzo de la vida, sino también un modelo de conducta para las personas de la época enseñando, por ejemplo, que los malos actos, como la ambición y la soberbia, llevan a la muerte; mientras que los actos buenos, como la sencillez y la humildad, nos conducen a la vida. También le dan importancia a actitudes como el respeto a los mayores y la necesidad de cuidar la naturaleza.

La Biblia no es mitología

Muchos confunden los relatos literarios de la Biblia con los mitos de otras civilizaciones. Pero hay una serie de características que diferencian unos tipos de narraciones de otras.

La mitología no busca argumentos racionales; las explicaciones que da, aunque guarden alguna enseñanza, se basan en la magia y la fantasía.

Los relatos del Génesis (el pecado original, Caín y Abel, la torre de Babel...), aunque sean fantásticos, tienen un gran contenido simbólico, es decir, dentro de una historia ficticia hay un mensaje real. En la Creación, por ejemplo, se explica que el universo no ha surgido por casualidad, ni se ha formado por sí mismo, ni es el resultado de una disputa o pelea entre dioses.

El universo es algo querido por Dios, obra de su sabiduría y omnipotencia y reflejo de su perfección. Igualmente, los. dioses de otras religiones de la Antigüedad se diferencian en mucho del Dios judeocristiano. Las mitologías sumeria, maya o griega explican que los seres humanos fueron creados para servir y venerar a los dioses. En el libro del Génesis, es un acto de amor gratuito de Dios, quien hace a la persona a su imagen y semejanza. Por eso podemos afirmar también que los relatos de la Biblia sobre la Creación se diferencian de los mitológicos en la importancia que se le da al ser humano, que vive para compartir con Dios el dominio de lo existente desde la libertad, la responsabilidad y el deber de cuidar de toda la Creación.

Reflejos de su Creador

Si salimos del aula y paseamos por el campo, la montaña o la playa, abriendo bien los ojos y nuestros sentidos, podemos descubrir la grandeza de la Creación de Dios, la belleza de todo lo que nos rodea. Dios está presente y actúa en nuestra vida y nuestra historia.

Todo lo estudiado se entiende mejor aprendiendo de Jesús, el cual nos enseña a dirigirnos a Dios como nuestro Padre y comprender nuestra condición de hijos suyos. Esto conlleva la responsabilidad de cuidar, mimar y proteger todo, en especial al prójimo, creado también a imagen y semejanza de Dios como nosotros. El ser humano es dignificado por su vinculación con Dios, no por sus posibilidades económicas o sociales, sino porque cada uno tenemos un valor infinito, somos la obra más perfecta de la Creación de Dios.

Con ciencia

El conocimiento científico sobre el origen de la humanidad y del universo es relativamente reciente. En 1859 Charles Darwin (1809-1882) publicó El origen de las especies, en el que desarrollaba la teoría de la evolución, en aquel momento una hipótesis. A pesar de que Darwin argumentaba que sus ideas no contradecían la existencia de Dios, muchos, que veían en el texto bíblico una explicación literal de la Creación, se pusieron en contra. Si bien, esta no fue la postura oficial de la Iglesia y de hecho había científicos católicos que defendieron la evolución.

Poco después, en 1931, un sacerdote y matemático y astrónomo belga, llamado Georges Lemaître (1894-1966), planteó que el universo, en contra de lo que decían otros científicos, había tenido un comienzo. Defendía que toda la energía estaba concentrada en un punto, hasta que se liberó, comenzando a expandirse y originándose así la materia, el espacio y el tiempo. A este punto Lemaître lo llamó átomo primigenio. Hoy en día se le conoce con el nombre de singularidad y se sitúa hace unos 14 000 millones de años. Así nació la teoría del big bang.

Los descubrimientos de Darwin o la teoría del big bang no ofrecen ninguna prueba que excluya a Dios como Creador. Es más, para algunos resulta curioso que lo primero que aparece en la niebla de partículas tras el big bang sea la luz, al igual que en la Biblia (Gén 1, 1-5). Y es un hecho que la Iglesia católica no se ha postulado nunca en contra de ninguna de estas teorías. Los cristianos debemos tener claro que la explicación científica sobre el origen del mundo y la explicación teológica no se excluyen, sino que llegan a complementarse dando respuesta a algunos interrogantes de la humanidad.

En resumen, el creyente confía en la existencia de Dios y en su palabra revelada, y acepta como definitivas estas respuestas:



 

lunes, 15 de septiembre de 2025

1. MUCHO MÁS QUE UN LIBRO

MUCHO MÁS QUE UN LIBRO



Un libro, 1835 lenguas

Pere Roquet, un coleccionista de biblias, consiguió reunir 1600 ejemplares, en casi tres décadas de pesquisas, buscándolos aquí y allá por todo el mundo.
"La primera fue esta", comenta Roquet mostrando un tomo que le regaló al norte de Kenia un misionero, escrita en tukano. Ha dedicado su jubilación a localizar rarezas similares: en japonés, ilustradas, en braille, en esperanto, en worrorra..., biblias que custodian mil novecientas lenguas. "La Biblia ha sido uno de los fundamentos para conservar vivas muchas lenguas que solo eran orales", dice Pere Roquet.
Pere Roquet ya no es dueño de esta colección.
La ha cedido al Principado de Andorra porque desde el principio solo quiso preservar la palabra: la del cristianismo y la de la lengua.

La Biblia, un viaje por las lenguas del mundo.
RTVE, 28 de junio de 2019




PUNTO DE PARTIDA

  • El texto describe una exposición sobre biblias en distintas lenguas. Investiga en qué lugares y cuántas personas aproximadamente hablan las lenguas que se mencionan en el reportaje. 
  • ¿Por qué será que la Biblia está presente en todos los rincones del planeta?

INTERPRETA DESDE LA BIBLIA


¿Quién escribe este texto?

El evangelista san Lucas.

¿A quién va destinado?

A las personas que han descubierto a Jesucristo. San Lucas se convirtió al cristianismo tras su muerte y se quedó tan maravillado por todo lo que conoció sobre Él que, con la ayuda de Dios, decidió ponerlo por escrito para animar a todas las personas a seguirlo.

¿Cuándo se compuso este texto? 

Entre el año 80 y 90 después de Cristo.

Otros datos

El Evangelio de san Lucas es el más sencillo de leer. Este evangelista, a diferencia de los demás, es el único que comienza su texto ofreciéndonos datos sobre la infancia de Jesús, concentrados en los dos primeros capítulos del libro. Por eso, a los dos capítulos en los que se encuentran estos datos se les llama Evangelio de la infancia, ya que narran de forma ordenada el periodo que va desde el anuncio de los nacimientos de san Juan el Bautista y de Jesús hasta que este último llega a los doce años.

En el texto encontramos detalles curiosos, como que Zacarías, sacerdote y esposo de Isabel, prima de la Virgen María, se quedó mudo hasta el nacimiento de su hijo Juan el Bautista, debido a su falta de fe.

Igualmente, este es el único Evangelio en el que leemos el Magnificat, un cántico y oración dirigido por la Virgen María a Dios que refleja la misión de Jesús: liberar a los oprimidos e infundir esperanza a su pueblo.

Por otro lado, cada evangelista resalta un aspecto característico de Jesús. San Lucas insiste en una idea: el amor y misericordia de Dios no tiene límites, y por ello nunca rechaza a quien se quiere acercar a él, sin discriminación alguna. Además destaca que siente debilidad por los pequeños, enfermos, pobres, víctimas de injusticias, arrepentidos...; por eso a san Lucas se le conoce como el evangelista de la misericordia. Esto se ve claro en la parábola del hijo pródigo, texto que tampoco leeremos en otros Evangelios.

¿Qué nos dice este texto?

El Evangelio según san Lucas comienza con este prólogo. Siguiendo el estilo literario de los historiadores de su época, quiere dejar claro que, aunque él no ha sido testigo directo de los acontecimientos, ha tenido un cuidado especial por confirmar y reunir todas las enseñanzas transmitidas por los propios «testigos oculares y servidores de la Palabra».

Lo primero que podemos observar es que, como otros libros de la Biblia, los hechos que narran no se pusieron inmediatamente por escrito, previamente fueron transmitidos oralmente. Este fue el proceso: las personas que estaban presentes (testigos oculares) transmitían lo que habían visto, oído y sentido. Hasta que, con el tiempo, llegaba alguien que, siendo inspirado por Dios, recogía todo por escrito.

Como podemos leer, el texto está dirigido a un personaje llamado Teófilo. Sobre quién era realmente hay varias teorías. Algunos dicen que, al referirse a él con el adjetivo ilustre, hace ver que se trata de una persona importante con alto rango social.

COMPLETA LAS FRASES


La palabra de Dios en nuestras vidas

Ambón-atril madera-metal. Catedral
de la Encarnación. Granada. Siglo XX.

¡Tengo una Biblia!
 

En alguna estantería de tu casa, probablemente puedas encontrar una Biblia. Hasta hace relativamente poco esto era un privilegio de sacerdotes e investigadores.

Hoy nadie niega la riqueza literaria, social, histórico-cultural o artística que guarda. Pero por encima de todo está su valor religioso y, por ello, todos los cristianos deberíamos conocerla y comprenderla para poder descubrir, a través de sus páginas, lo que Dios nos quiere decir, Comencemos por su estructura, que se organizó en el siglo IV.

La Biblia se compone de setenta y tres libros agrupados en dos partes: Antiguo Testamento y Nuevo Testamento.

  • Los libros del Antiguo Testamento (AT)

El Antiguo Testamento cuenta con 46 libros, escritos en lengua hebrea, aramea y griega, y se pueden dividir en cinco bloques:

- Pentateuco. Son los cinco primeros libros de la Biblia: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Muestran cómo Dios intervino en las primeras etapas de la historia de la salvación: eligió a los patriarcas, llamó a Moisés, liberó a su pueblo de la esclavitud, pactó con él en el Sinaí, lo condujo por el desierto, le dio una tierra....

- Libros históricos. Narran, desde la fe, los acontecimientos que vivió el pueblo de Israel, es decir, hacen una lectura religiosa de su historia: Josué, Jueces, Samuel, Reyes, Crónicas, Esdrás, Nehemías, Rut, Tobías, Judit, Ester y Macabeos.

- Libros proféticos. En ellos encontramos las historias de los profetas: Abdías, Ageo, Amós, Baruc, Daniel, Ezequiel, Habacuc, Isaías, Jeremías, Joel, Jonás, Malaquías, Miqueas, Nahún, Oseas, Sofonías y Zacarías. Estos mensajeros de Dios juzgaban y denunciaban las malas actitudes, pero a la vez daban esperanza al pueblo y anunciaban al Mesías que vendría a liberarlos.

- Libros poéticos. Se llaman así porque están escritos en verso. Las personas se dirigen a Dios en forma de oración (Salmos), poemas de amor (Cantar de los Cantares) o queja desesperada (Lamentaciones) en la que el ser humano des- cubre su fragilidad y se encuentra de nuevo con Dios.

- Libros sapienciales. La palabra sapiencia significa sabiduría. Por ello estos libros están llenos de enseñanzas que nos ayudan a encontrarnos con Dios y alcanzar la felicidad: Job, Proverbios, Eclesiastés, Sabiduría y Eclesiástico.

  • Los libros del Nuevo Testamento (NT)

Cuenta con 27 libros. Se redactaron en griego en la segunda mitad del siglo I. Los autores seleccionaron las experiencias de las comunidades con el fin de mostrar el contenido y significado del mensaje recibido por Jesús. Se pueden dividir en:

Evangelios. Con ellos comienza el Nuevo Testamento. Narran lo que Jesús hizo y dijo. Son cuatro: Mateo, Marcos, Lucas y Juan

Hechos de los Apóstoles. En él se narran los comienzos de la Iglesia y la experiencia de sus primeros testigos, los apóstoles. 

Cartas. Pueden recibir el nombre de la comunidad a la que se dirigen o del apóstol que las escribe, Santiago, san Pedro... o san Pablo, el que más cartas escribió.

Apocalipsis. Es un texto cargado de símbolos que se escribió a finales del siglo I, en plena época de persecución cristiana. Por ello invita a la conversión y transmite un mensaje de esperanza: el mal no ha vencido, aunque lo parezca; Cristo ha resucitado y está presente en medio de la Iglesia.



IDEAS CLAVE

  • ¿Con cuántos libros cuentan el Antiguo y el Nuevo Testamento?
  • ¿Qué es el Pentateuco? ¿Qué nos muestra?
  • ¿Qué misión cumplían los profetas?
  • ¿En qué libro de la Biblia se narra el comienzo de la Iglesia que se indica en el texto?
  • ¿Qué es un hagiógrafo?
  • ¿Qué es un género literario?


Descubrimos sus claves

Para acercarnos a la Biblia, debemos tener en cuenta un documento del Concilio Vaticano II (1962-1965), la constitución dogmática Dei Verbum, la cual nos aclara una serie de aspectos.

  • Es Palabra de Dios (DV 11)

La Santa Madre Iglesia, según la fe apostólica, tiene por santos y canónicos los libros enteros del Antiguo y Nuevo Testamento con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia.

Dei Verbum 11

Los libros de la Biblia fueron redactados por personas, elegidas por Dios e inspiradas para que pusieran estas verdades por escrito. A estos autores se les llama hagiógrafos y fueron instrumento de Dios porque «escribieron todo y solo lo que Él quería». Por ello la Biblia es Palabra de Dios, quien se revela a su pueblo a través de los acontecimientos y las enseñanzas que en ellas se guardan hasta mostrarse plenamente a través de Jesucristo.

  • Escrita en lenguaje humano (DV 12)

Aunque escribieron bajo inspiración divina, no se puede separar al hagiógrafo de su contexto histórico y cultural. Por ello, para poder interpretar bien el mensaje que la Biblia quiere transmitir, debemos conocer las formas de pensar, hablar o narrar vigentes en las distintas épocas.

Pero por ser Palabra de Dios en lenguaje humano, debe ser interpretada también con la ayuda de los criterios que se usan para interpretar el lenguaje humano.

Dei Verbum 12

  • Contiene distintos géneros literarios

Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que atender a «los géneros literarios».

Dei Verbum 12

Un género literario es una forma de clasificar un texto según su composición y estructura. Los hagiógrafos también utilizan este recurso. La Dei Verbum nos anima a conocer estos géneros para poder interpretar el mensaje de Dios:

Histórico: libros que incluyen historias reales o ficticias, relatos populares, datos informativos y biográficos. Tienen un fin religioso, por lo que destacan la presencia de Dios en la historia.

Narrativo: relatos que describen momentos o escenas donde lo importante es la enseñanza que se quiere transmitir.

Legislativo: textos que recogen las normas o preceptos del pueblo judío.

Profético: doctrina dada por un mensajero de Dios (profeta). Incluye oráculos, visiones y acciones simbólicas.

Lírico: textos poéticos que expresan sentimientos, vivencias profundas, pasión, amor..., generalmente, escritos en verso.

Sapiencial: enseñanzas cortas y sencillas, de sabios y pensadores, sobre diversas realidades de la vida y grandes interrogantes.

Epistolar: cartas para una comunidad o persona.

Apocalíptico: revelaciones obtenidas por visiones o sueños que se expresan de forma enigmática y simbólica. 

Los Evangelios tienen sus propios géneros literarios:

Parábolas: breves historias o comparaciones basadas en la vida cotidiana con un mensaje muy concreto. En ellas se puede ver que Jesús se esfuerza por adaptarse a un lenguaje sencillo para llegar mejor a quien lo escucha. Las parábolas dejan libertad para que el oyente saque sus propias conclusiones.

Discursos: palabras que Jesús dirige a sus discípulos con el fin de transmitir su mensaje. Destacan en ellos el lenguaje claro, sencillo y directo. Suelen producirse en algún lugar simbólico.

Narraciones: describen hechos, acontecimientos simbólicos o encuentros con Jesús.

Milagros: en estos relatos se presenta una necesidad, después Jesús acepta sanar o liberar a esa persona y, por último, esta acción provoca la admiración en los testigos.