domingo, 1 de febrero de 2026

JESÚS DE NAZARET: EL MENSAJE DE JESÚS

El Reino de Dios

El mensaje central del evangelio es la proclamación y llegada del Reino de Dios. El Reino de Dios es la Buena Noticia que ha traído Jesús a la humanidad para salvarla del pecado, del mal y de la muerte. El Reino es también un proyecto que comienza en esta vida y tiene su plena realización al final de los tiempos y en el otro mundo.

Para entrar a formar parte del Reino es necesario convertirse, cambiar de vida y orientarla hacia Jesús. La conversión se produce cuando nuestra vida queda orientada hacia Dios, rechazando la servidumbre de este mundo: el dinero. «Nadie puede servir a dos amos; porque odiará a uno y querrá a otro, o será fiel a uno y al otro no le hará caso. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24). La vida de aquellos que han optado por el Reino viven los valores que encarnó Jesús como son el amor, la confianza en Dios, el perdón, la misericordia, la paciencia, la oración, la generosidad, la verdad, rechazo de la injusticia, opción por la pobreza, etc., y se comprometen a entregarse, al igual que Él, por una humanidad nueva, con el fin de crear un mundo más justo y más humano.

Las parábolas

Para enseñar y explicar el mensaje del Reino, Jesús contaba parábolas. La parábola es un relato que utiliza imágenes de la vida cotidiana, de la familia, del campo, del trabajo, de la sociedad... es decir, del mundo y experiencia que conocían aquellas gentes, tratando de establecer una relación entre la imagen utilizada y el mensaje.

La parábola tiene como finalidad transmitir una enseñanza y hacer reflexionar a las gentes para que cambien sus vidas y sigan los valores del Reino para entrar en él. El lenguaje era tan sencillo que incluso un niño podía comprenderlo. Las personas que escuchaban las parábolas de Jesús se sentían obligadas, aunque no quisieran, a tomar posición sobre su persona y sobre su misión, ya que no son simples historias. Las parábolas están llenas del Misterio de Dios.

Las Bienaventuranzas

El proyecto y proclamación que Jesús hace del Reino lo hallamos en las Bienaventuranzas. En ellas encontramos las condiciones para que el Reino se realice y la felicidad que se conseguirá, como meta de la existencia humana.

Las Bienaventuranzas son la Buena Noticia de que Dios viene a salvar y liberar a los más necesitados y desfavorecidos de la sociedad. A ellos se les llama felices no porque su situación sea dichosa, sino en cuanto que esa situación que padecen está proyectada a un futuro lleno de esperanza.

La bienaventuranza es un compromiso. Optar por el Reino de Dios es optar por la justicia y rechazar la injusticia, la ambición del poder. Es optar por la generosidad, la igualdad, la libertad y la hermandad de todos.

Los milagros de Jesús

La realización del Reino de Dios se hizo presente en cada uno de los gestos que realizó Jesucristo a lo largo de toda su vida. Una de esas obras son los milagros. La predicación de Jesús iba siempre acompañada de acciones para hacer el bien a todos los que estaban a su lado, sobre todo a los más necesitados como eran los pobres y los enfermos. Con ellos realizó multitud de prodigios y milagros. Los apóstoles describieron de esta forma a Jesús: «Jesús de Nazaret fue el hombre a quien Dios acreditó ante vosotros con los milagros, prodigios y señales que realizó por medio de él entre vosotros, como bien sabéis» (Hch 2,22).

Los milagros son los signos del Reino de Dios. Con la realización de los milagros, Jesús nos está haciendo ver que el Reino de Dios se está realizando. Es decir, que el desorden y todos los males que introdujo el pecado van a terminar y se va a instaurar de nuevo el orden que Dios había establecido en la creación. Con Jesús se inaugura un nuevo orden de cosas, una nueva creación. Vistos así, los milagros son "signos" del Reino, el cumplimiento de los bienes prometidos por los profetas. El tiempo se ha cumplido. Jesús demuestra con su vida que se está realizando lo que decía el profeta Isaías. Esta es la respuesta de Jesús a los que le preguntaban si Él era el mesías: «ld y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva» (Mt 11,4-5).

Los milagros nos invitan a creer en Jesús (Jn 10,38), se realizan en aquellos que tienen fe en Él (Mt 5,25-34), no son actos mágicos que busquen la fama, el hacerse rico o el prestigio y lo que persiguen es la liberación de la injusticia (Lc 19,8), de la enfermedad y la muerte (Mt 11,5) y sobre todo de la esclavitud del pecado, que es la raíz de todos los males. "Yo os aseguro que todo el que comete pecado es esclavo del pecado. (...) Por eso, si el Hijo os da la libertad, seréis verdaderamente libres» (Jn 8,34-36)". Por eso la victoria de Jesús sobre el mal que le asedia al hombre es el comienzo del fin del reino del maligno y el anticipo de la victoria de los justos que se realizará plenamente al final de los tiempos.

Pero los milagros, aunque tienen su origen en Jesús, no terminan con Él, ya que el poder y la gracia de Dios permaneció en sus discípulos cuando éstos recibieron el Espíritu Santo.

Los milagros son la proclamación de la justicia divina y el grito de alegría de todos los que esperaban y esperan verse libres de toda clase de males, enfermedades, fuerzas naturales adversas (Mt 8,25; Lc 14,30), de los demonios (Lc 8,36), de la muerte.