MOISÉS: La Iglesia tendría que acercarse más, dejar las ideas claras.
VÍCTOR: Yo, por ejemplo, admiro la relación que tiene con la religión el cura de mi pueblo, que me parece una relación muy honesta, con una vocación muy social.
SARA: Admiro la gran sensibilidad, y la gran coherencia, el que sean incluso críticos con lo que ellos creen. Y admiro el amor con el que hablan de lo que creen.
CARO: Tengo una persona muy íntima, que es muy creyente, y me encanta hablar con ella por su forma de ver la vida...
IGNACIO: Yo creo que la principal herramienta para llegar a los jóvenes de hoy en día somos los propios jóvenes. En clase sé que voy a ser mucho más útil que si un día aparece un cura y les suelta una charla, porque no están en disposición de escucharlo. Sin embargo, mis amigos, que la inmensa mayoría son ateos, me quieren, me aceptan y sí están en disposición de escucharme. Y por eso sé que soy la herramienta perfecta para intentar llevarlos a Jesucristo y llevarlos a lo que a mí me ayuda.
También vosotros daréis testimonio (Jn 15, 27)
INTERPRETA DESDE LA BIBLIA
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| La entrega de las llaves a san Pedro, fresco de Perugino, 1482, Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano. |
¿Quién escribe este texto?
Está atribuido a san Mateo, del que nos habla el propio Evangelio en Mt 9, 9: «Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: "Sígueme". Él se levantó y lo siguió».
¿A quién va destinado?
A los cristianos que provenían de la cultura judía y pagana (no judía). Con este Evangelio, su autor pretende dar respuesta a los problemas con los que se enfrentaban las comunidades cristianas.
¿Cuándo se compuso este texto?
En torno a la década de los 80 d. C., ya que se piensa que fue escrito tras la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 d. C.
Otros datos
De los tres Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) este es el único que relata el pasaje en el que Jesús confiere su autoridad y poder al apóstol san Pedro para ser base y fundamento de la Iglesia.
Presenta a Jesús como el Mesías prometido al pueblo judío, que anuncia la llegada del Reino de Dios, para enseñar una Nueva Ley con el compromiso de liberar a la persona y llamarlos a ser fieles a Dios. De aquí la abundancia de enseñanzas de Jesús sobre el comportamiento cristiano.
¿Qué nos dice este texto?
Este relato se puede dividir en dos partes. Una primera en la que Jesús pregunta sobre Él mismo; y otra en
la que va a quedar instituida la Iglesia bajo la responsabilidad de san Pedro y sus sucesores.
En los cuatro primeros versículos, Jesús pregunta qué imagen tienen de Él la gente en general y sus discípulos en particular. Su intención es saber si entienden su misión y quién es realmente.
La gente lo identifica con personajes importantes del pueblo judío, como Juan el Bautista, Elías, Jeremías u otros profetas. La característica común a todos ellos es que anunciaban la liberación del pueblo judío de todas sus ataduras. Ven a Jesús como un profeta más, alguien que anuncia el Reino de Dios. Pero no llegan a reconocerlo como su Hijo, el Dios mismo que es.
Entre sus discípulos, personas que se relacionaban con Él de forma más cercana, la respuesta es muy diferente, ya que lo reconocen por lo que es, el Mesías, el Hijo de Dios. Con esta afirmación, Jesús tiene claro que sus discípulos están preparados para continuar la obra que Él ha comenzado, y en especial Simón.
En el resto del texto el Señor deja patente el inicio de la Iglesia. Cuando Dios cambia el nombre a alguien, nos indica el encargo de una misión. En este caso, a Simón lo llamará Pedro, que quiere decir "roca" o "piedra"; es el elegido para ser la cabeza visible, para guiar a los cristianos cuando Jesús abandone este mundo. Con los verbos atar y desatar y la entrega de las llaves, queda clara la autoridad que Él le otorga.
Pedro y sus sucesores serán los que garanticen las enseñanzas del Maestro y tendrán que adaptarlas a nuevas necesidades y situaciones.
Con esta presentación del apóstol, se pone de relieve el importante papel que desempeñó en la vida de la Iglesia y se describe la tarea de los papas: guiar a la comunidad en la fe y el amor.
Jesús y la Iglesia
El judaísmo, en tiempo de Jesús, estructuraba la sociedad de forma jerárquica otorgando privilegios a escribas* y fariseos*. El evangelista san Mateo se da cuenta de la necesidad de organizar la comunidad cristiana de otra forma, como una gran familia orientada al servicio y la solidaridad, una fraternidad en la que todos nos sintiéramos hijas e hijos de un mismo Padre, y hermanas y hermanos entre todos.
Anteriormente hemos descrito a la Iglesia como pueblo de Dios, cuerpo de Cristo, esposa. Con esto se quiere señalar que entre ella y Jesús hay un vínculo indisoluble. Porque es en la asamblea de los discípulos de Jesús donde se produce el encuentro con Dios y con los hermanos. Él es la unidad de la comunidad eclesial y todos estamos invitados a formar parte de ella.
La Iglesia no es un local fabricado con ladrillos y cemento, sino que es el templo del Espíritu, porque este vive en ella, en su cabeza y en sus miembros. El Espíritu Santo es quien la anima y la vivifica a través de la Palabra de Dios y de los dones que regala a cada uno. Y se hace presente en las celebraciones comunitarias. Los creyentes son las piedras vivas sobre las que se construye la Iglesia en común-unión, es decir, está llamada a ser comunión viva entre las personas que manifiestan su unión íntima con Dios. Dios sigue obrando la salvación mediante su Palabra, los sacramentos y la edificación de la comunidad. Es aquí donde la Iglesia se hace signo visible y espiritual. Visible en cuanto que la vida de los cristianos debe reflejar su fe. Y espiritual porque en ella, por el Espíritu Santo, todos los que la formamos recibimos la fuerza necesaria para cumplir la misión a la que somos llamados.
La autoridad como servicio
La palabra autoridad se asocia con algún tipo de cargo o posición social. En la época de Jesús, la autoridad se identifica con el honor y se podía adquirir por pertenecer a una familia distinguida o por haber sido otorgada por alguien con poder. Jesús, con su vida, deja claro que su autoridad no se la ha dado nadie, ya que la posee por naturaleza como Dios mismo que es.
Jesús rompe con la idea de autoridad como mando (judío) o gobierno (Imperio romano) y se la concede a san Pedro para hacer el bien y aliviar los sufrimientos de las personas. Es decir, dentro de la Iglesia la autoridad la concede Dios y va ligada a una actitud de servicio a la comunidad, el cual se debe ejercer gratuitamente ya que es un regalo del Señor. No es para juzgar, sino para sanar y ayudar a liberar a las personas, al igual que una madre.
La autoridad de Jesús se ha transmitido desde san Pedro hasta nuestros días a través de los papas. El papa, a pesar de ser el máximo responsable de la Iglesia, no puede ejercer esta autoridad solo. Por eso nombra a cardenales y obispos que, en comunión con los sacerdotes y diáconos de las distintas diócesis, representarán en este servicio al sumo pontífice. Todos forman la jerarquía de la Iglesia, una jerarquía que implica ningún privilegio. Y tienen la misión de ser sus pastores, de interpretar y mantener vivas e íntegras las enseñanzas de Jesús y toda la revelación. Es lo que se conoce con el nombre de Magisterio.
El papa Francisco, en su homilía del 14 de enero de 2020, dijo que "la autoridad no es un mandato, sino coherencia y testimonio". Esto nos recuerda que hay personas que se convierten en un referente no porque ocupen un determinado puesto social o eclesiástico, sino porque su vida y sus palabras son una enseñanza moral para los demás. A lo largo de la historia ha habido muchos cristianos que nos han mostrado el camino que debemos seguir para convertirnos en testigos de Cristo y hacer de nuestro mundo un lugar fraternal. Son los nuevos profetas que anuncian y denuncian, que critican y estimulan, posicionándose sobre cuestiones sociales, políticas y culturales. Son personas que respondieron a la llamada de Cristo y mantienen la llama de la Iglesia, viviendo con mayúsculas el mandato del amor.
Notas de la Iglesia
En el Credo afirmamos que la Iglesia es una, santa, católica y apostólica. Estas son las cuatro características, conocidas como notas, que la diferencian de cualquier otra confesión religiosa.
La Iglesia es una. Con esta palabra se afirma la unidad de todos sus miembros, basada en el amor y la caridad fraterna. Para alcanzar la unidad se debe abandonar todo gesto egoísta, de superioridad o de rechazo hacia cualquier persona. Es imprescindible que volvamos a las enseñanzas de Jesús y seamos guiados por el amor a nosotros mismos y a los demás.
La Iglesia está compuesta por diversidad de personas, con una misma fe. Nos incorporamos a ella a través del Bautismo, en el que profesamos a un solo Señor: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y la celebramos, de forma comunitaria, en la Eucaristía.
La unidad de la Iglesia también se hace visible a través de:
- La liturgia: los tiempos litúrgicos y los sacramentos son los mismos; no importa el país donde estés.
- Días dedicados a causas concretas como Domund, Cáritas, Día de las Familias, Día de la Paz...
- Oraciones como el padrenuestro, Credo, avemaría, Gloria... son iguales en todas partes, traducidas en diferentes idiomas.
- El papa realiza mensualmente un vídeo para que los fieles nos unamos a rezar con una intención concreta.
La Iglesia es santa. El papa Pablo VI en el año 1968 afirmó que la Iglesia "es, pues, santa aunque abarque en su seno pecadores" (Credo del Pueblo de Dios 19). La Iglesia no es santa porque las personas que la formamos lo somos. Al contrario, la Iglesia reconoce que ha cometido y comete fallos, pero también debemos ver todo el bien que aporta, a nosotros y a la sociedad.
La Iglesia es santa porque quien la ha constituido ha sido el Señor y está bajo la guía del Espíritu Santo. Todos los que la formamos estamos llamados a la santidad, que consiste en ser buenas personas, seguidores de Jesús, ayudando a los demás y a nosotros mismos a ser libres, responsables y coherentes con lo que creemos.
Lo más característico del ser cristiano es la caridad. Esta consiste en amar, querer, de manera desinteresada. Como seguidores de Jesús somos las manos de Dios en la sociedad en la que vivimos. Dios actúa a través de cada uno de nosotros, nos pone en preaviso, hace que nuestro corazón se conmueva ante situaciones, nos da fuerzas para gritar las injusticias y extiende su amor y cercanía a los más necesitados.
La Iglesia es católica. Católico significa "universal"; se considera una característica de la Iglesia porque acoge a todas las personas. Esta universalidad la vemos en cómo se organiza en el mundo.
Su sede principal está en el Vaticano, donde reside el papa. Los obispos ejercen su responsabilidad en comunión con el Papa, obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal. Ellos son los encargados de las comunidades cristianas, que se distribuyen en diócesis. Cada diócesis está constituida por todas las parroquias que están dentro de su territorio. Con esta estructura, la Iglesia se une para ser un solo cuerpo, cuyos miembros están distribuidos por todo el mundo. Desde el comienzo de su pontificado, el papa Francisco ha sido muy claro en lo que debe ser y cómo debe actuar la Iglesia. Por eso en todos sus escritos nos invita a volver a los valores evangélicos, a vivir en una Iglesia con las puertas abiertas para todos, sin exclusión ni discriminación, porque todos formamos una única familia con un mismo Padre común.
La Iglesia es apostólica. La Iglesia es apostólica porque sigue las enseñanzas y la misión que los apóstoles nos transmitieron. Ellos pusieron por escrito todo lo que habían vivido y oído, y nos lo hicieron llegar a través de los libros del Nuevo Testamento. Proclamaron la Buena Noticia de Jesús por todos los lugares. Los papas y los obispos han continuado con esta misión, actualizando este mensaje y manteniéndolo vigente para los cristianos del siglo XXI.
Es Cristo, quien, por el Espíritu Santo, da a la Iglesia el ser una, santa, católica y apostólica, y Él es también quien la llama a ejercitar cada una de estas cualidades.
Catecismo de la Iglesia Católica 811


