viernes, 2 de enero de 2026

JESÚS DE NAZARET: LA VIDA DE JESÚS

 Los evangelios

Los evangelios son los escritos del Nuevo Testamento que nos revelan el Misterio de Dios a través de la persona de Jesús de Nazaret.

La palabra Evangelio es griega y significa «Buena Noticia». Los cuatro libros fueron escritos por Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Se les conoce como evangelios canónicos porque desde el primer momento fueron reconocidos por la Iglesia como inspirados por Dios. Aunque los cuatro nos anuncian el mismo mensaje, la forma de transmitirlo es diferente, pues cada uno de ellos dirige su escrito a cristianos con cultura, mentalidad y tradiciones diferentes. Los evangelistas supieron adaptar de este modo el mensaje cristiano tanto a personas que provenían del judaísmo, y conocían perfectamente las Escrituras que hablaban de la llegada del Mesías, como a aquellos otros que lo desconocían.

Los evangelios no son biografías de Jesús, aunque en ellos encontremos hechos y acontecimientos históricos de su vida. Cuando lo hacen es para dar soporte a la doctrina que están proclamando. El objetivo final de los Evangelios es la fe en Jesucristo. «Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre» (Jn 20,31).

Los tres primeros: Mateo, Marcos y Lucas guardan entre sí una gran relación, pues, a la hora de componerlos utilizaron las mismas fuentes. Se les conoce con el nombre de sinópticos, es decir, que si los ponemos en columnas paralelas podríamos leerlos a la vez con un solo «golpe de vista». El de Juan, sin embargo, tiene otra estructura y vino a completar el mensaje que ya estaba escrito en los tres anteriores.

Antes de que se escribieran los evangelios, el anuncio de la Buena Noticia se fue transmitiendo oralmente. Los apóstoles predicaban lo que habían visto y oído al Maestro. Son los discípulos de los apóstoles los que sintieron la necesidad de poner por escrito el mensaje evangélico para que nada se perdiera. Al componerlos se tuvieron en cuenta muchas tradiciones orales.

A partir del segundo siglo se escribieron evangelios apócrifos cuyo objetivo era satisfacer el sentimiento popular hacia Jesús. Los evangelios canónicos carecían de una auténtica biografía de Jesús y era esa laguna la que querían llenar los escritos apócrifos. Los creyentes en Jesús estaban ansiosos por conocer nuevas cosas de su persona y su doctrina, y estas historias imaginarias terminaron por encandilarlos. Estos relatos eran muchas veces fantásticos e inventados. Los movimientos heréticos utilizaron estos escritos para difundir sus doctrinas. Para darles mayor credibilidad solían in acompañados del presunto testimonio de personas que habían sido testigos de la vida y predicación de Jesús.


Los evangelios canónicos



Fuentes no cristianas sobre Jesús

¿Existió Jesús realmente? ¿Qué testimonios tenemos de la época? ¿Son los evangelios los únicos escritos que nos hablan de Jesús?

Estos últimos son los libros más importantes y completos para conocerle, pero existen otros escritos de historiadores y gobernadores romanos y judíos que nos han transmitido algunas noticias sobre la existencia de Jesucristo. Estos testimonios son muy valiosos para despejar las dudas que puedan existir sobre la existencia real del nacimiento y la vida de un hombre llamado Jesús.

Los principales documentos los encontramos en autores romanos de la época, como Plinio el Joven, Tácito, Suetonio, y también judíos como en el historiador Flavio Josefo y la colección del Talmud.

Fuentes romanas

  • Plinio el Joven (61-113 d. C.) fue un escritor romano. Quedó huérfano muy joven y fue adoptado por su tío Plinio -el viejo-, quien le nombró heredero de toda su fortuna. Fue discípulo de Quintiliano y destacó como abogado y orador. Desempeñó varios cargos públicos. Precisamente siendo legado imperial, en lo que actualmente es Turquía, al tener que juzgar a los cristianos, hizo una consulta sobre ellos al emperador Trajano, y de aquí las noticias que nos hablan de Cristo.

  • Tácito (55-120 a. C.) fue un gran historiador romano. Habla de los cristianos y de Cristo con motivo de las acusaciones que recayeron sobre ellos por causa del incendio de Roma en el año 64 provocado por Nerón.

  • Suetonio (69-140 d. C.) fue uno de los biógrafos oficiales del Imperio. Aunque es menos explícito que los anteriores, recuerda a los judíos expulsados de Roma influidos por la creencia en Cristo.

Fuentes judías

  • Flavio Josefo (38-100 d. C.) fue un historiador judío destacando por su sólida formación y cultura. Cuando estalló la guerra contra los romanos, luchó contra ellos como general jefe de Galilea. Al perder la guerra fue hecho prisionero, pero predijo la futura subida al trono de Roma a Vespasiano y cuando en el 69 d. C. se cumplió la profecía no sólo le dio la libertad, sino que terminó llevándoselo a Roma, donde se dedicó a escribir. En su obra Antigüedades Judías, menciona a Jesús en dos pasajes.

  • El Talmud es un comentario a las tradiciones judías recogidas en la Misná. Hace mención de Jesús de Nazaret y su ejecución, pretendiendo justificar el juicio y la sentencia que el Sanedrín le impuso.


La vida de Jesús

Jesús de Nazaret nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes el Grande, aunque vivió en Nazaret, un pequeño pueblo situado en la región de Galilea al norte del país, con verdes colinas, fértiles llanuras y un lago en cuyas orillas se encontraban las principales ciudades de la región. Allí es donde Jesús pasó la mayor parte de su vida, se educó según las costumbres y la religión judía. Sus padres eran José y María.

La infancia, adolescencia y juventud pasan totalmente desapercibidas en los evangelios, excepto un hecho que nos menciona el evangelista Lucas. Jesús, a la edad de doce años, permaneció en el templo escuchando y hablando con los sabios doctores una vez que bajó a Jerusalén con sus padres para celebrar una fiesta. Por lo demás, «Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres» (Lc 2,52).

A los treinta años comenzó a predicar la llegada del Reino de Dios presentándose como el Mesías prometido por los profetas. Jesús predicó e hizo milagros por los pueblos y aldeas de Palestina. Y aquellas gentes comenzaron a ver, creer en sus palabras y depositar en Él sus esperanzas. Durante su predicación fue acompañado por sus apóstoles, doce personas elegidas por Él y que luego se convertirán en los grandes pregoneros de su vida. Ellos fueron los testigos de su muerte y resurrección.

Jesús murió durante la fiesta de Pascua, en Jerusalén. Allí fue juzgado y condenado injustamente por un tribunal judío, el Sanedrín. Pero fue preciso obtener el beneplácito del Gobernador de Judea, Poncio Pilato, para que se pudiera cumplir la sentencia. Pilato le juzgó y le condenó a morir en la cruz. Posteriormente su cuerpo fue depositado en un sepulcro. Al tercer día resucitó y se apareció a las mujeres, entre ellas María Magdalena, y después a Pedro, a los doce y a otros discípulos, siendo todos ellos testigos de su resurrección.

Jesús salvó con su vida, muerte y resurrección a la humanidad esclavizada por el pecado. Durante toda su vida nos fue mostrando el camino que nos conduce al Reino de Dios, un mundo nuevo basado en el mandamiento del amor, que comenzamos a construir en este mundo y que tendrá su plena realización en la otra vida, en el cielo. Sin embargo, Jesús no fue comprendido por las autoridades judías, que terminaron condenándole a muerte, viendo en Él a un rival y sobre todo a un reformador que cambiaría el orden establecido que ellos habían instaurado.