martes, 10 de febrero de 2026

CRISTO VIVE EN LA IGLESIA

 
La comunicación no verbal

El proceso de globalización, del cual somos testigos y partícipes desde hace tiempo, ha dado lugar a interacciones interculturales constantes. En estas interacciones, la comunicación no verbal (CNV) es clave porque la mayoría de los significados generados en los encuentros con otras personas se forman a través del tacto, contacto visual, gestos y expresiones faciales.
Se estima que, en general, la comunicación verbal supone un 35% y el resto se corresponde a la CNV. [...]
La mayor parte del comportamiento no verbal se aprende después de nacer. Sus funciones, dimensiones y uso adecuado se adquieren en el seno de una cultura. [...] Las diferencias culturales más destacables se encuentran
en la expresión de lenguaje corporal. [...]
En China, tanto hombres como mujeres se deben levantar cuando se les presenta a alguien. Los alumnos también deben levantarse para dirigirse al profesor. En EE. UU. se permite hablar estando sentado, sea cual sea la relación con el receptor.

Ming Cai, Reflection of cultural difference of the East and the West in nonverbal communication.
 
ESTOY SIEMPRE CON VOSOTROS
 
EL GRECO Resurrección de Cristo
Las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante Él. Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán».
Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».  
 
Mt 28, 8-10.16-20

¿Quién escribe este texto?

El autor de este texto es el evangelista san Mateo, a quien la tradición cristiana ha identificado con el personaje del capitulo 9 de este Evangelio. En él se narra la vocación de un hombre llamado Mateo, también conocido como Leví. Este era publicano, cobrador de impuestos para el Imperio romano. Los que ejercían este trabajo no eran aceptados por la sociedad, ya que además en ocasiones extorsionaban a la gente para el pago.

¿A quién va destinado?

A las comunidades cristianas en general, tanto de origen judío como no judío. San Mateo quiso escribir un evangelio para todos, sin distinción, centralizado en el mensaje de Jesús. 

¿Cuándo se compuso este texto? 

Entre el año 70 y 100 después de Cristo.

Otros datos  

La intención de este Evangelio es esencialmente didáctica, es decir, quiere explicarnos algo sin preocuparse de datos o detalles geográficos e históricos. Lo importante es el mensaje, lo que nos quiere enseñar. San Mateo presenta a la comunidad cristiana como un lugar en el que todos se sienten hermanos e hijos de un mismo Padre, sin privilegios entre ellos, donde se practique la solidaridad de forma reciproca. Muestra a Jesús como el Mesías prometido que enseña la Nueva Ley e invita a ser fieles a Dios. 

¿Qué nos dice este texto? 

El texto bíblico que nos introduce en este tema nos describe el encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos en Galilea. Esta región es representativa, ya que fue donde Él mismo comenzó su misión anunciando el Reino de Dios.
También es significativo el lugar donde los cita, un monte, donde tradicionalmente Dios se había manifestado a su pueblo en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, en el Sinaí.
Jesús en este encuentro les encomienda a sus apóstoles una misión muy concreta: «ld y haced discípulos a todos los pueblos». Ahora que ya conocen quién es Jesús, pueden ir a anunciarlo por el mundo entero. De este modo, su mensaje llegará a todas las personas que no se sienten hijas e hijos de Dios y por tanto hermanos entre sí.
Lo más sorprendente es la afirmación que hace el propio Jesús: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos». Con esta declaración podemos tener la certeza de que Jesús resucitado está presente en medio de su Iglesia. Por eso, cuando nos reunimos en el nombre del Señor, no lo hacemos por nosotros mismos, sino con la certeza de que Él mismo se hace presente.


Jesús se hace presente

Comenzamos a celebrar 

Catacumba paleocristiana de Prata di Principato, Ultra, Italia.
Podemos definir liturgia como la acción de la Iglesia en la que Cristo se hace presente. Su función es ayudarnos en la relación con Dios, ya que comunicarnos con alguien que no se ve ni se puede oír directamente es algo casi incomprensible. 

Para los seguidores de Jesús, la fe es una liberación, una fiesta, una celebración. Siguiendo el mandato del Señor -«ld, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19)-, los discípulos comenzaron su misión, enseñando con palabras y con su testimonio de vida. Por las ciudades que pasaban proclamaban el Evangelio e iban creando pequeñas comunidades que continuarían la labor encomendada.

La primera comunidad cristiana surgió en Jerusalén, en el siglo I, y bajo el dominio del Imperio romano. Es el origen y modelo de todas las demás, que se caracterizaron por:

  • La enseñanza de los apóstoles, quienes guiaban y animaban a las comunidades a través de sus visitas y sus cartas (epístolas).
  • La comunión como unión común de todos, les hacía sentirse a todos iguales, hijos e hijas del mismo Dios y, por ello, hermanos.
  • La fracción del pan, celebración que hacía y hace presente a Jesús en medio de la Iglesia.
  • La oración personal y comunitaria como forma de establecer el diálogo con Dios.
  • La caridad fraterna, que se concretaba en compartir lo que tenían, no lo que les sobraba, con el fin de que todas las personas tuvieran una vida digna. 

Los cristianos acudían al templo para orar, pero se reunían en las casas para escuchar las enseñanzas de los apóstoles y celebrar la Eucaristía. Por ello, el apóstol san Pablo las llamó «iglesias domésticas». De esta manera, la familia se convirtió en el centro de la vida comunitaria y de la evangelización; compartían la vida, sus alegrías y preocupaciones y la comida que cada uno llevaba, leían la Palabra de Dios y reflexionaban sobre ella. Este fue el comienzo de la liturgia.

La liturgia, expresión de nuestra relación con Dios

A lo largo de la historia, la liturgia se ha vivido de diferentes maneras. Al principio fue una liturgia asamblearia, en la que todos participaban en igualdad, aunque el sacerdote se encargaba de la fracción del pan. Con el paso del tiempo la liturgia se volvió clerical, dejando a la asamblea (pueblo de Dios) como mera espectadora de las acciones de los sacerdotes.

El Concilio Vaticano II, de 1965, en la constitución Sacrosanctum Concilium, reformó la liturgia poniendo las bases para enriquecer la participación de toda la asamblea cristiana. Sustituyó el latín por la lengua de cada país y subrayó la importancia de las Sagradas Escrituras. También promovió la participación de los laicos con respuestas, salmos, cantos y gestos o posturas corporales. Incluso se dio importancia al silencio como parte de la celebración, ya que favorece la meditación y el recogimiento.

El lenguaje no verbal en la liturgia

El lenguaje no verbal forma parte también de la liturgia a través de gestos o posturas corporales. Estas nos ayudan a participar de la celebración y a expresar nuestras vivencias espirituales.

Según nuestra postura corporal

  • De pie. Expresamos respeto, atención, disponibilidad, con fianza, libertad. Es la postura de oración clásica de las primeras siglos del cristianismo.
  • De rodillas. Demostramos humildad, es una actitud de adoración, la que mejor expresa los sentimientos interiores que uno experimenta ante la grandeza y el amor de Dios. Nos invita a sentirnos limitados, pequeños, dirigiéndonos a Dios desde nuestra pequeñez. Cl mismo significado de humildad tiene el gesto de golpearse el pecho o inclinar la cabeza.
  • Sentados. Mostramos tranquilidad, paz y una actitud de escucha y espera. Además, favorece la concentración. 

Según nuestros gestos

Las manos hablan y transmiten lo que a veces somos incapaces de hacer con las palabras.

  • Santiguarse. Hacer el signo de la cruz sobre nuestro cuerpo significa aceptar la cruz de Cristo y consagrar nuestros pensamientos, palabras y deseos a Dios.
  • Brazos abiertos y elevados. Es una de las posturas más típicas de la persona que reza. Es una imagen que ya encontramos en las primeras representaciones religiosas, la cante. Expresa alabanza y gratitud, a una petición.
  • Manos abiertas con las palmas hacia arriba. Es un signo que representa humildad en la persona que tiene una necesidad y espera ser atendida.
  • Manos unidas. Muestran actitud de concentración y recogimiento. Las manas están inactivas, quietas, palma can palma, con o sin los dedos entrelazados.
  • Aplaudir. Es una forma de manifestar alegría o admiración de parte de la comunidad cristiana ante un hecho, como puede ser la consagración u ordenación de una persona.

Nuestras posturas corporales, el gesto con nuestras manos, la oración no pueden ser hechas aprendidas y realizadas mecánicamente, sino que tienen que hacerse de forma consciente y expresar, en cada momento, con nuestros labios, cuerpo y gesto, lo que el corazón siente, agradece o pide a Dios.

Otros signos naturales

Hay elementos tomados de la naturaleza y de la propia cultura que se convierten en símbolos de la unión entre nosotros y Dios.

  • Las flores. Además de ser un elemento decorativo, nos sugieren vida, alegría, amor... Por este motivo, en los tiempos de preparación como el Adviento o la Cuaresma, se recomienda que su presencia sea mínima o no haya. Así, cuando llegue la Navidad la Pascua se mostrará a través de ellas la alegría de la vida (nacimiento de Jesús o resurrección).
  • El incienso. Olor que se produce por la cremación de unas resinas. Se suele usar:

- Durante la procesión de entrada para indicar respeto hacia el lugar donde vamos a celebrar. Antes de la lectura del Evangelio como signo de respeto hacia Dios, quien nos va a hablar a través ce esas palabras.

- En el ofertorio para simbolizar que esas ofrendas, y la oración que se realiza, suben hacia Dios. 

- En la consagración, indicando la presencia del Señor.

  • La ceniza. Se utiliza el Miércoles de Ceniza, día en el que comenzamos la Cuaresma. Es un signo de penitencia que refleja la voluntad de conversión, por eso, cuando se nos impone sobre la cabeza, el sacerdote nos dice: «Conviértete v cree en el Evangelio». Estas cenizas se obtienen al quemar las palmas de olivos usadas en la celebración del Domingo de Ramos del año anterior.


La Iglesia, lugar de celebración

La palabra iglesia nombra, por extensión, al templo cristiano donde se reúne la Iglesia, es decir, la asamblea de los creyentes. Los templos cristianos no son importantes en sí mismos, sino en función de lo que allí se vive y se celebra.

El Catecismo de la Iglesia Católica deja muy claro que el culto está ligado a los cristianos que lo celebran y no al lugar. Pero en caso de que exista libertad religiosa se pueden edificar templos destinados a ello. Desde el siglo IV, cuando los fieles cristianos fueron libres de celebrar su fe públicamente, se han dado instrucciones sobre la construcción de estos recintos y los elementos que los acompañan. Las más destacadas son:

  •  Las iglesias deben estar orientadas hacia el este. A partir del Concilio de Nicea (325) se establece que las personas se sitúen en las iglesias mirando hacia el este, lugar por donde sale el sol, que simboliza a Jesucristo (luz del mundo). Hay excepciones, como la basílica de San Lorenzo Extramuros en Roma.
  • El espacio se debe adecuar a las personas y a la función litúrgica, y no al revés. En la constitución del Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium (124), se recoge: «Al edificar los templos, procúrese con diligencia que sean aptos para la celebración de las acciones litúrgicas y para conseguir la participación activa de los fieles>>.
  • No solo es un espacio de celebración, también de espiritualidad y oración. «El templo también debe ser un espacio que invite al recogimiento y a la oración silenciosa, que prolonga e interioriza la gran plegaria de la Eucaristía» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1185).
  • Mantener en el interior la existencia de imágenes sagradas para su veneración, aunque no deben ser muchas y han de disponerse de forma ordenada.

Además de esto, los templos católicos, ya sean catedrales, parroquias o capillas, contienen una serie de elementos fundamentales recogidos en el Catecismo de la Iglesia Católica (1179-1186).