Hace más de 20 siglos comenzó la labor de la Iglesia en España. Desde entonces su contribución en nuestro país ha sido inmensa, aportando un patrimonio de gran valor social, cultural y religioso. Edificios, pinturas, esculturas, retablos, obras literarias o piezas musicales han sido inspiradas en la Palabra de Dios y realizan una labor evangelizadora, divulgativa y artística.
La Iglesia ha dedicado en los últimos 7 años casi medio millón de euros a proyectos de construcción y rehabilitación de templos. En la actualidad, la Iglesia es la responsable de cuidar y conservar la mayor cantidad de bienes de interés cultural de nuestro país. Su compromiso con la cultura y la fe está presente día a día.
Haz memoria, Conferencia Episcopal Española
¿Quién escribe este texto?
El autor de este texto es san Lucas, quien también escribió el Evangelio que lleva su nombre. San Lucas no era judío, provenía de Antioquía (ciudad ubicada en la actual Siria) y ejercía la medicina. Por las cartas de san Pablo sabemos que le acompañó en sus viajes para predicar la Buena Noticia.
¿A quién va destinado?
San Lucas dirige este libro a los primeros cristianos con la intención de enseñarles el camino de esta nueva religión.
En concreto, este texto va dirigido a todos los seguidores de Jesús, advirtiéndoles para que no caigan en la idolatría.
¿Cuándo se compuso este texto?
Hacia el año 90 después de Cristo.
Otros datos
San Lucas, en su libro de los Hechos de los Apóstoles, explica cómo era la vida de las primeras comunidades cristianas y la importancia que se le debería dar a la vida espiritual en ellas.
La palabra camino, en el versículo 23, se refiere a los primeros cristianos, conocidos, en un primer momento, como los del Camino.
Para san Lucas la Iglesia recorre un único camino que va de Jerusalén a Roma. Jerusalén representa toda la tradición antigua vivida (judaísmo). Y Roma, la universalidad del mensaje de Jesús, el cual debe llegar a todos sin exclusión.
¿Qué nos dice este texto?
San Lucas nos comenta que san Pablo, en su afán de predicar la Buena Noticia a todos los pueblos, llega a Éfeso (actual Turquía). Esta ciudad, a orillas del mar Egeo, era importante en los primeros siglos de nuestra era por ser un gran centro económico del Mediterráneo, lo que provocó que se convirtiera en un destacado foco religioso y cultural.
Por ello, se podían encontrar templos como el de Artemisa y todo un comercio paralelo de reproducciones que enriquecía a los artesanos de la zona, como en el caso de Demetrio. Para las personas que los compraban estos recuerdos eran objetos de adoración, como si se tratara de los propios dioses, y caían así en la idolatría que tanto combatió el cristianismo desde sus orígenes.
Es por eso que Demetrio pedía al resto de orfebres de la ciudad que defendieran su oficio, porque las enseñanzas de san Pablo les provocarían pérdidas económicas e incluso les quitarían el trabajo.
Ya encontramos en el Antiguo Testamento la prohibición de esta práctica: «No te fabricarás ídolos, ni figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos, ni les darás culto» (Ex 20, 4-5a).
La adoración del dias toro egipcio, Apis,
Filippo Lippi, siglo XVI, The National Gallery, Londres.
En resumen, el texto pretende educar para que el mundo cristiano no se dirija a la imagen, al lugar o al objeto en concreto, sino a lo que estos representan, ya que son un medio para relacionarnos con Dios.
Un nuevo lenguaje
En los primeros años de nuestra religión se originó el arte cristiano que, más que un fin en sí, ha sido un medio para transmitir el mensaje de la revelación de Cristo.
A través del espacio y de las imágenes se enseñaban al espectador los principios de su espiritualidad. Este uso pedagógico del arte generó un lenguaje simbólico que no se puede entender si no es desde la fe. El teólogo y escritor Honorius Augustodunensis (siglo XII), en su obra De gemma animae, compara la iglesia (edificio) con la Iglesia (comunidad de creyentes).
Para el autor, el Sol simboliza a Jesucristo, y la referencia a los Evangelios explica por qué el tetramorfos* solía decorar los soportes (trompas) de las bóvedas, donde se representa a Jesucristo, la Virgen o los santos.
Las iglesias se orientan hacia el este, donde el sol se levanta, porque en ellas se venera el Sol de justicia y en el este se anuncia el paraíso, nuestra patria. Así pues, en la iglesia se representa la Iglesia, congregada allí para el servicio de Dios. Esta casa está colocada sobre la piedra y la Iglesia está fundamentada sobre la segura roca de Cristo. Una se levanta hacia lo alto sobre cuatro muros; y la Iglesia crece en virtud hacia lo alto a causa de los cuatro Evangelios. [...] Las columnas que sostienen la iglesia son los obispos, sobre los que se apoya la estructura de la Iglesia.
Joaquín Yarza Luaces, Fuentes de la Historia del Arte I
La finalidad de las imágenes
La presencia de imágenes dentro de las iglesias creó una gran controversia que no se resolvió hasta el Segundo Concilio de Nicea (siglo VIII). Desde un principio se quiso impedir que las imágenes se convirtieran en objetos de adoración, como era habitual en otras religiones de la Antigüedad. Pero por otro lado no se podía ignorar la ayuda que suponían para enseñar al pueblo, que no contaba con una formación académica. Así lo expresó el papa san Gregorio Magno (siglo VI) en una carta al obispo de Marsella:
Desde entonces nos han llegado noticias de que usted, poseído por una ciega furia, ha roto las imágenes de los santos con la excusa de que no deberían ser adoradas. Y ya lo creo que le aplaudimos sinceramente por evitar que fueran adoradas, pero le reprochamos por su destrucción. [.] Adorar imágenes es una cosa; enseñar con su ayuda lo que debería ser adorado es otra. Lo que la escritura es a los doctos, las imágenes son para los ignorantes, quienes ven a través de ellas lo que deben admitir; leen en ellas. lo que no pueden leer en los libros.
Gregorio Magno, Epístolas, lib. XI, 13
Además, las pinturas y esculturas sobre relatos bíblicos, Jesucristo o la Virgen María eran también un medio para encontrarse con Dios:
Se deben tener y conservar, principalmente en los templos, las imágenes de Cristo, de la Virgen Madre de Dios, y de otros santos, y que se les debe dar el correspondiente honor y veneración: no porque se crea que hay en ellas divinidad, [...] sino porque el honor que se da a las imágenes se refiere a los originales representados en ellas.
Decreto sobre el culto a los santos, reliquias e imágenes del Concilio de Trento (siglo XVI)


